Una campaña con poco humor popular


Cuando don Guillermo Billinghurts estaba haciendo campaña en 1912 sus partidarios enarbolaban en sus mitines dos carteles. Uno lucía un enorme pan y otro un pan pequeñito. El primero proclamaba: “¡Así será el pan con Billinghurts!”.
La campaña fue aparentemente efectiva y el candidato ganó la presidencia y un buen apodo que surgió del ingenio popular: “Pan Grande”.
Siempre fue así en el Perú en tiempos electorales… por lo menos hasta las últimas campañas en las que aquel viejo ingenio criollo se ha venido desvaneciendo. Y en especial ahora en que ni siquiera los candidatos principales tienen un apodo popular. Por lo menos al japonés Fujimori le decían “Chino” pero Vargas Llosa, por ejemplo, no fue “bautizado” popularmente (que sepamos) y hoy a veces a Keiko Fujimori le dicen “Min Pao” y a Ollante Humala toscamente “Cachaco” pero no son apelativos con éxito y generalmente usados como pulla o agravio.
El siglo 19 fue pródigo en humor político aderezado con la gracia de los caricaturistas y hubo “chapas” famosas como la de “Perinola” que Gonzales Prada le clavó a Nicolás de Piérola. Al presidente José Pardo le decían “Loco Manso”, al presidente Benavides “Panza de Agua”, al presidente Sánchez Cerro “El Mocho” (porque le faltaba un dedo) al presidente Prado de su primer gobierno “El Teniente Seductor” por disfrazarse de militar durante el conflicto con Ecuador.
Al presidente Bustamante los apristas le encajaron “El Cojurídico” a la mala, y durante el gobierno de Odría se prefirió bromear con su esposa (un famoso chiste era aquel que contaba que cuando le mostraron un nuevo restorán a la doña le dijeron “Mire doña María, Haití… y ella contestó “No, yo prefiero Cafí…”.
“Cuánta falta nos hace Sofocleto” comentó un colega a propósito del tema. Y es verdad. Luis Felipe Angell, un prodigio de ingenio, “bautizó” con tan buena puntería a los políticos de su tiempo que hasta ahora se les sigue llamando así, como a “Tucán” Bedoya Reyes.
Al presidente Prado le adjudicó llevar mala suerte adonde iba y entonces comenzó a llamarlo simplemente “El” porque nombrarlo sería mala suerte. Al democristiano Cornejo Chávez peleón y polemista “Corneto”, al gordo líder aprista Haya de la Torre “Papaya”, al menudo Ortiz de Zevallos “Chupito”, al corpulento cardenal Landázuri “Grandázuri”, al presidente Belaunde “Belagogo” y “Architecto”, al beligerante Eudocio Ravines “Acuseto”, a Genaro Carnero Checa “Kid Cachetada”, al abogado Alva Orlandini “Lechuzón”, con el intolerante y malhumorado general Velasco no pasó de un cauteloso “Chipinopo” y a otros militares “Bramando Artola” o “El Hombre Montagne”.
Otro apodo que pervive es por supuesto es el de “Caballo Loco” que Don Sofo clavó al presidente Alan García para siempre.

La caricatura es otro nivel de humor y está funcionando a todo vapor en la prensa impresa que ya no tiene el antiguo nivel de masividad. Carlos Tovar “Carlín”, Juan Acevedo, Eduardo Rodríguez “Heduardo”, Alfredo Marcos, Alonso Núñez, Mario Molina, reinan desde hace años en esta difícil zona que combina talento de dibujante con sátira política, texto y humor.
El humor radial es liderado por Los Chistosos de RPP y en la televisión hasta hace poco Carlos Alvarez era imbatible con sus imitaciones pero ahora se está cambiando de canal y anuncian que volverá al lado de Fernando Armas, otro grande de la imitación cuya salida de RPP significó un duro golpe para la calidad del programa.
(En la ilustración, una celebrada caricatura de Alonso Núñez de hace más de veinte años… y quizá premonitoria).

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