Archivo mensual: junio 2011

“Ollanta es bueno, pero Nadine… es terrible”

Durante meses, los redes sociales tuvieron como blanco principal a Ollanta Humala haciendo correr rumores que no se escuchaban desde los tiempos en que se afirmaba que Velasco Alvarado había ordenado la expropiación de todas las casas de Las Casuarinas para entregárselas a pobladores de Villa El Salvador.
Pero ahora que con paciencia y discreción Humala ha logrado aplacar temores, las poderosas baterías del rumor limeño se han dirigido a ella, a Nadine, la esposa y futura Primera Dama: “Le dice lo que tiene que decir, lo maneja, se prepara para quedarse, ya coló a toda su familia, sigue el ejemplo de la Kirchner”. Y finalmente, “esa mujer es terrible” sin aclarar bien el porqué de lo terrible de esa mujer.
Los rumores han formado siempre parte de la política y muchos dramas de la historia surgieron por simples rumores mal intencionados que provocaron no pocas veces hasta guerras con toda la regla.
Los norteamericanos estudiaron bien el tema durante la Segunda Guerra Mundial y decidieron establecer una Clínica de Rumores luego de comprobar el enorme daño que podía provocar un rumor a todo un ejército. Y nombraron “cazadores” de rumores, esto es, personas atentas a lo que se hablaba, comentaba y que a veces corría como reguero de pólvora. Entonces contraatacaban con volantes, parlantes, reuniones, y disolvían ese rumor… aguardando el inevitable siguiente.
El miedo se traslada por rumor, por chisme que encuentra sustento en el contexto. En tiempos de la vieja revolución bolchevique, por ejemplo, circuló la versión de que el Estado arrebataría a los niños de los brazos maternos para llevarlos a escuelas especiales donde serían formados como buenos comunistas.
Ese rumor se disparó con niveles de terror durante la revolución cubana y no pocos isleños huyeron a Miami con solo sus hijos en brazos porque “sabían” que ya se acercaban los barbudos que se los quitarían.
En Venezuela Chávez también ha debido enfrentar los mismos viejos rumores que nacieron contra los bolcheviques; y el más importante ha sido, una vez más, aquel de los niños arrancados del hogar para formarlos para la revolución, lejos de los amorosos nidos familiares.
El presidente Correa de Ecuador tuvo una frase certera cuando comentó el triunfo de Humala.”La prensa no lo dejará en paz”, dijo, anunciando que pronto se le terminará este veranillo amable a nuestro flamante mandatario y la pronto emprenderán de nuevo la batalla con los rumores de siempre. Para comenzar.

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El Asilo Periodístico ha regresado…

¡A iglesia (o televisión) me llamo!!

“¡A Iglesia me llamo!” gritaba el afligido que estaba a punto de ser detenido o quizá conducido al cadalso, y se introducía en el templo más cercano, pidiendo asilo al párroco. Y si no era un delincuente común la policía se detenía en la puerta obedeciendo la orden del cura que, cruz en mano, los conminaba a respetar el “asilo en sagrado”.
La institución es, o era, romana o quizá más antigua. Pero es cierto que en toda la Europa católica los condenados procuraban ganar la calle y arrojarse al interior de una iglesia. Y según las leyes de cada país por lo menos salvaban la vida.
Así era también en el Perú en tiempos coloniales aunque por lo general la policía no dudaba en romper la sagrada regla y sacaba a rastras al acusado. La última vez que la Iglesia firmó un concordato sobre el tema fue entre Franco y Pío XII en 1953 pero presumimos que al cruel dictador gallego poco le importó el grito de pedido de asilo sagrado.
No fue hasta 1952 que el conocido periodista Francisco Igartua lanzó el grito pero con una variante criolla: “¡Al Comercio me llamo!” lanzándose al interior del diario de La Rifa donde los Miró Quesada rechazaron a los policías que pretendían sacarlo.
La historia es larga y rocambolesca y puede leerse en detalle en, por ejemplo, “Siempre un Extraño” libro testimonial de Igartua (Aguilar, Lima, 1995).
El periodista dirigía “Caretas” desde donde, con ayuda de la vigorosa y sabia pluma del gran Federico More hacía oposición al gobierno del dictador Manuel A. Odría que tenía como perro de presa al implacable Esparza Zañartu. Y en noviembre de 1952 fue detenido y deportado a Panamá donde la pasó mal y planificó su retorno a Lima. Logró viajar a Santiago y allí obtuvo una visa que lo autorizaba a entrar en el Perú.
En Lima lo esperaban Doris Gibson, redactores, familia, amigos… y policías. Y en medio del desorden, gritos y empujones, ganó la calle, trepó a un taxi y ordenó: “Al diario El Comercio, rápido!”, iniciándose una persecución de película.
No se atrevió Esparza Zañartu a ordenar el asalto a El Comercio pues por entonces el diario era todavía una respetable institución bajo la mano segura de Don Luis.
Y hace pocos días el dirigente aymara Walter Aduviri encontró refugio en Panamericana Televisión y, como antes con Igartua, la policía no se animó a entrar a sacarlo pese a que tenía la orden judicial de conducirlo de grado o fuerza al Tribunal.. Pero el Gobierno sabía que el escándalo sería mayúsculo porque el enfrentamiento con los decididos paisanos que lo resguardan habría resultado en una noticia quedaría la vuelta al mundo.
Así, una buena cámara puede a veces detener a los más fieros gendarmes. Pero no hay que confiarse porque esos guardias no ven mucha televisión.
(En la foto, el último número de “Oiga”, del 5 de setiembre de 1995).

Mala noticia para el buen periodismo de radio

Radio Nederland también se va…

Una nueva mala noticia en el mundo de la radio: Holanda ha decidido reducir drásticamente el presupuesto de su célebre Radio Nederland y a tal punto de que es probable que desaparezca su Departamento Latinoamericano.
Quienes seguimos con fidelidad cotidiana el noticiero que retransmite Radio Filarmonía escuchamos la noticia con la misma tristeza con que recibimos hace pocas semanas la decisión de la BBC de Londres de eliminar su igualmente famoso servicio de noticias para América Latina.
Así, despacio, van saliendo del aire las grandes emisoras europeas que daban versiones equilibradas de los sucesos mundiales más importantes. De las pocas que todavía permanecen en alto nivel de calidad y transmite en castellano está Radio Francia Internacional, pero observando cómo cambian las prioridades europeas podemos preguntarnos ¿por cuánto tiempo más la escucharemos?
La propia Radio Nederland ha protestado con energía por la decisión gubernamental que se suma a la insólita decisión de cerrar cinco embajadas latinoamericanas y de reducir de manera dramática la ayuda a países pobres como Bolivia.
El director del servicio ha explicado que la ayuda principal se dirige ahora hacia Grecia, Portugal, Irlanda porque se debe proteger el euro de la crisis pero también dijo que “hay quienes creen que América Latina ya no necesita a Radio Nederland”.
Hacia los años 80, recordamos bien, Radio Nederland mantenía un Centro de Capacitación en Quito, en la sede del conocido CIESPAL. Allí recibieron como becados a cientos de jóvenes que mejoraron su trabajo en radio gracias a la excelencia de sus cursos y profesores. La radio latinoamericana educativa, comunitaria e incluso la comercial tiene una deuda de gratitud con aquel Centro de Radio Nederland que luego se trasladó a Costa Rica y después a Bogotá, donde funciona actualmente y donde deben haber recibido con preocupación las malas noticias de que pronto podrían desaparecer.
Sin duda, los funcionarios holandeses que tomaron la drástica decisión de reducir las operaciones de su emisora no fueron informados de la importancia que tiene todavía la radio en América Latina tanto en el ámbito informativo y político como en el técnico. Pero, como comentó un diplomático “Holanda le ha dado la espalda a América Latina”.
No se ha mencionado sin embargo el cierre de las versiones en línea, donde Radio Nederland mantiene un magnífico portal pero Internet todavía no tiene en América la difusión que poseen las ondas lanzadas al aire con, y este es el caso, un modelo de equilibrio, ponderación y excelencia profesional en el manejo de las noticias.
Insistimos, el cierre de Radio Nederland es una pésima noticia para el buen periodismo.

El periodismo de izquierdas en Lima


En mayo de 1919 José Carlos Mariátegui y César Falcón lanzaron el diario “La Razón” inaugurando la historia del diarismo de izquierda en el Perú. Todavía no se popularizaba la denominación “de izquierda” en la batalla política y solo a veces los diarios conservadores motejaban a los contestatarios como “bolshevikis” por las noticias que llegaban de la lejana y convulsionada Rusia.
“La Razón” no era un simple órgano de oposición al régimen de Pardo pues no se parecía en nada a “La Crónica” o “El Tiempo” que pugnaban por derribar al gobierno. El diario de Mariátegui era obrerista, favorecedor abierto de las causas del proletariado de la época y por eso fue impedido de circular apenas llegó al poder Augusto B. Leguía.
Sólo se vendió unos cuatro meses pero dejó importantes lecciones y sobre todo una: que era posible emprender una aventura editorial de envergadura como es un diario, sin depender de grandes capitales ni de expertos presuntamente irremplazables.
Al caer Leguía aparecieron periódicos diarios de oposición y venganza pero no de apoyo a causas populares. Tendrían que pasar muchos años para que las izquierdas se pusieran de acuerdo para editar “Marka” también en mayo, en 1980 faltando pocas semanas para las elecciones que ponía fin al gobierno militar.
“Marka” fue una experiencia extraordinaria porque sus accionistas fueron los empresarios originales, periodistas y administrativos y prácticamente todo el espectro de la izquierda de entonces, a saber, Partido Comunista, Vanguardia, Trinchera Roja, Partido Socialista , Unidad Democrático Popular, etc., que se turnaban el control de la página editorial. No fue tarea fácil ponerlos de acuerdo pero el resultado fue uno de los mejores diarios liberales que ha tenido el país porque reunió a los más importantes intelectuales. Lástima que devino pocos años más tarde en vocero de una facción extremista hasta cambiar el título a “El Diario” y su última directora, Janeth Talavera, era militante senderista.
La siguiente experiencia fue “La Voz”, liderada por el popular periodista Efraín Ruiz Caro y que apoyó decididamente al movimiento obrero y a la Izquierda Unida. Fueron poco más de dos años de lucha tenaz contra el boicot publicitario del gobierno aprista y, sobre todo, con la inflación que disolvió finalmente el enorme esfuerzo.
¿Quién continúa la tradición? “La Primera”, dirigida por César Lévano que lidera una fogosa redacción que une a veteranos experimentados y jóvenes en la batalla por el cambio en los cauces democráticos y que han elegido la vía del periodismo para promoverlo. Este diario ha librado una intensa confrontación contra el alud mediático de las derechas y ha ganado.

(En la foto, Efraín Ruiz Caro, fundador y director de “La Voz” y Jesús Ruiz Durand, diseñador del diario, mostrando la primera página en su primera edición).