¡Más medios alternativos!

Si tuviéramos un canal de televisión comunitario, alternativo a los otros canales, abriríamos espacios para César Hildebrandt, Claudia Cisneros, Rosa María Palacios y otros periodistas que perdieron libertad de expresión porque resultan incómodos para el sistema.
Pero no hay licencias para la TV Comunitaria pues el dial de hoy está restringido a los antiguos dueños de la radio primero, y luego de la televisión, que ofrecen a sus consumidores visiones sesgadas de lo que pasa. A veces, claro, con plena aceptación de los profesionales que adhieren a sus puntos de vista. Pero otras por directivas precisas, amenazas de despido y hasta expulsiones, como en el lamentable caso de Canal N primero, y Canal 4 después.
Los medios alternativos son aquellos, en definición simple, que surgen por la necesidad de expresión, de difusión de noticias y puntos de vista que no son recogidos por los medios tradicionales, los llamados “grandes medios”.
Todos sabemos que los medios que se sustentan por la inversión publicitaria están ligados quieran o no a los poderes económicos y políticos, lo que en el sistema que nos rige está debidamente consentido y se ampara en los postulados básicos de la libertad de prensa.
Entonces ¿cómo hace un grupo minoritario, débil, para hacerse oír, para que los grandes públicos escuchen sus voces? La respuesta está en los medios alternativos, a los que el Estado debe promover para asegurar que la libertad de expresión no sea un concepto a merced de grupos minoritarios.

No es fácil la construcción de un aparato informativo capaz de hacer frente a los gigantes de la información que monopolizan la noticia internacional pero felizmente está desarrollándose un vigoroso movimiento de información alternativa en la radio, que continúa siendo el más eficaz y grande medio de información en el mundo.
Es verdad que la tecnología ha venido en ayuda de la “otra” información pero las masas tardarán todavía mucho tiempo en manejar computadoras y la señal de Internet sigue siendo cerrada y cara.
Imaginemos entonces un canal alternativo, que presente programas distintos con los periodistas citados arriba e incluso con la ayuda de Mario Vargas Llosa y otros intelectuales capaces de darnos otra mirada, una explicación distinta, de las cosas que pasan en el Perú y el mundo. Así sabríamos, por ejemplo, de la ley de medios audiovisuales en Argentina, del Consejo de Medios en Chile, de las propuestas venezolanas, del porqué de las quejas de Correa, del punto de vista de Al Jazeera, de Telesur, de Prensa Latina… en suma, de las otras voces que no encuentran eco en los canales de televisión que prefieren la violencia policial a la información para el desarrollo y la cultura.

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