Archivo mensual: agosto 2011

Ese periodismo que juzga y condena

Todavía no hemos escuchado, visto o leído opinión de las instituciones que tutelan a nuestra libertad de prensa sobre el tratamiento crudamente antiético del dramático caso del joven Ciro desaparecido en el Cañón del Colca.
En diarios y programas de televisión se ha decidido que el muchacho fue asesinado, llegando a esa conclusión en base a investigaciones inventadas, entrevistas a presuntos expertos y a dolidos familiares pero sobre todo con excesiva imaginación que incluso llevó a un diario a preguntar con grandes titulares “¿Por qué lo mataron?”, añadiendo “Se quiere saber si el móvil fue venganza o crimen pasional”
No podemos menos que expresar nuestro asombro ante esta conducta de un (pequeño, felizmente) sector de colegas que probablemente no quisieran que les reprochen nada y para quienes que el vale todo vale forma del oficio.
Esta conducta periodística de juzgar y condenar por su cuenta no es nueva en el periodismo y su historia está llena de casos de inocentes llevados a la cárcel por presión mediática y que luego, gracias a otros colegas de buen periodismo, fueron liberados. Se recuerda por ejemplo el caso del presunto asesino de un cadete del Leoncio Prado, allá por los años cincuenta. Periodistas y policías coludidos enviaron a prisión a un moreno chinchano que nada tuvo que ver y fue sin embargo víctima de un ensañamiento periodístico como pocas veces se había visto.
El periodismo es un poderoso movilizador de opinión pública. Y es por esto que hemos visto por la televisión a Rosario Ponce llegando a la Fiscalía en Arequipa siendo perseguida por desaforadas que la acusaban de “asesina” y le gritaban “que diga la verdad”, recogiendo así las versiones periodísticas.
También somos testigos de cómo se ha involucrado a los servicios de inteligencia del Ejército debido a que el exsuegro de Rosario ha sido militar y ha trabajado efectivamente en dicha área. En consecuencia, aventura el periodista “sabe bien cómo matar y esconder… pues los entrenan para eso en las Escuelas de las Américas del ejército norteamericano en Panamá”, metiendo en el tema a ese señor que es abuelo del hijo de Rosario (que es madre soltera) y decidió acompañarla para protegerla de los agresivos reporteros de la prensa amarilla local.
La joven Rosario se defiende con la frase “quien no la debe no la teme” pero todo indica que no basta la verdad para hacer frente al aluvión mediático que cultiva la tesis del asesinato.
¿Y dónde está Ciro? La gente desaparece en el Colca, como el anciano historiador militar que hace ya unos treinta años, decidió internarse en el Cañón y no volver jamás. Nunca encontraron su cadáver.

¿Por qué los blogs pasan a los libros?

Los profesionales de la tecla y la pantalla (antes decíamos “de la tinta y el papel”) seguimos escribiendo porque ese es el mandato interior que algún demonio nos impone. Tuvimos, es verdad, un vacío importante cuando las máquinas de escribir fueron expulsadas de las redacciones para ser reemplazadas por aquellas gordos monitores que ocupaban medio escritorio al lado de enormes “cpu” que nos proporcionaban el ya antiquísimo “Word Perfect” (mi primer “hard disk” tenía 170 megas…).
Guardábamos los textos en los diskettes “floppy” marca Basf… luego en diskettes más pequeños y finalmente en los “Usb”. No sabemos qué haremos con los textos en el futuro.
Pero había en el uso de aquellos formidables artilugios para escribir, guardar, enviar, una fragilidad que no ha sido superada porque los textos que no fueron impresos en su oportunidad mediante la vieja tinta y el histórico papel están desapareciendo o no se pueden ya reproducir. El “WP” ya no se encuentra (ni en Wilson), los cpu nuevos no brindan ya espacio, ranura o alojamiento para leer los diskettes que nuestro clima va poniendo verdes… e inutilizables.
¿Qué es lo que se ha salvado? Lo que fue trasladado a la tinta y el papel y mejor si se hizo en forma de libro
El blog vino a resolver la cuestión de los espacios para escribir porque nos mostró los inabarcables espacios virtuales y públicos en que se puede volcar inspiraciones de todo tipo. Muchos nos hicimos blogueros ya sea porque no teníamos dónde publicar o porque allí se decía lo que se podía decir en el periódico.
Esos blogs, que son muchos millones, satisfacen la necesidad de comunicarse pero no totalmente porque si se quiere perdurar de verdad… hay que ir al libro.
¿Ejemplos? Sobran. Aquí nomás, cercano, el popular blog del afamado Renato Cisneros “Busco Novia”, visitado por miles cada día, encontró su permanencia en un libro del mismo nombre que fue éxito de ventas. Y hace un par de días participamos en la presentación de “El veneno de la libertad” de Eduardo Gonzales Viaña, el talentoso trujillano que alimenta cada semana su página virtual “Correo de Salem” para unos 30 mil fieles lectores. Su libro es una antología de aquel “Correo” que, repetimos, encuentra perennidad en el papel..
Es verdad que también sucede lo contrario, es decir, que textos que hallaron su salvación en el papel ha sido trasladados al espacio virtual, en particular los que ya no tienen vigentes derechos de autor. Es en todo caso una doble ganancia intelectual porque los no tuvimos nunca en la mano la primera edición de El Quijote la tenemos en pantalla..
En síntesis: es muy bueno escribir para el blog… pero pensando siempre en el libro.

¡No soy puta… soy periodista!!!

Agitando un carnet, la guapa Karen Lotter gritaba “¡No soy puta, soy periodista!”. El problema es que aquel cartoncito era lo único que llevaba puesto. Y su compañero de cama en el burdel también sacó un carnet y vociferó “¡No soy cliente, soy policía!”.
¿Qué historia tan extraña es ésta? Es de las buenas, de aquellas que los colegas deben conocer para contemplar hasta qué extremo pueden llegar algunos buenos periodistas de investigación.
En 1991 nuestra colega Karen, del “Weekly Mail” de Johannesburgo, decidió culminar un reportaje sobre abusos policiales a prostitutas haciéndose pasar por una de ellas. Era la mejor manera, pensó, de atrapar con las manos en la masa a esos malos detectives.
Se puso de acuerdo con el operador de las “señoritas de compañía” y se instaló en el hotel en que aquellas trabajaban, a esperar a que llegara la policía.
El proxeneta, que estaba contento con la idea de vengarse de los policías, se enteró de aquella noche habría redada y se lo advirtió a Karen, quien se preparó para culminar su reportaje.
Llegaron los cliente, se hicieron los tratos y Karen marchó a una habitación con un caballero que, para su infinita sorpresa ¡era un policía miembro de “Brigada contra el Vicio”!!
Los policías que sorprendieron a la pareja acusaron formalmente a la todavía presunta periodista de ejercer la prostitución clandestina. Pero ella ya tenía el material que necesitaba y apenas liberada bajo fianza publicó en su revista un apabullante informe sobre los métodos policiales, abusos y extorsión a las prostitutas.
La venganza policial no se hizo esperar y los fiscales insistieron en que Karen Lotter mentía, que era prostituta profesional y que aquello del carnet y el reportaje eran solo coartadas para encubrir su verdadero oficio.
Por supuesto el caso llegó a los periódicos y al gremio y durante días el juicio acaparó la atención pública porque, entre otras cosas, se debatía si era válido que una periodista pusiera trampas de tal envergadura para conseguir la noticia-denuncia que buscaba.
El Tribunal sudafricano falló en abril del 92 a favor de Karen Lotter y la absolvió del cargo de prostitución clandestina porque, dijo en la sentencia, “merecía el beneficio de la duda”.
Nuestra guapa, emprendedora y valerosa colega tenía entonces 31 años y hoy sigue siendo una respetada e importante profesional con éxitos en su trabajo de Investigación (les recomiendo buscarla vía Google). Pero sin duda aquella faena del burdel pasará a la historia del periodismo temerario y de sacrificio extremo por lograr una buena noticia.

¿Periodismo por Twitter? No, gracias…

“Por favor, envíen ayuda. Estoy enterrado con mi hijo bajo escombros en mi casa ubicada en Lautaro 1712, Estación central, Santiago Chile. Mi teléfono no funciona. Gerry. Corresponsal de RMN News”.
Los “tuiteros” de medio mundo recibieron con emoción este mensaje horas después del terrible terremoto que sacudió el año pasado a medio Chile y provocó cientos de muertes.
Pocos dudaron de que era un llamado dramático de alguien que se identificaba como periodista deportivo y lo “retuitearon”, es decir, lo hicieron circular clamando ayuda, además de proclamar que era una muestra cabal del Nuevo Periodismo por Twitter, una mezcla de información instantánea y servicio a la comunidad.
Pero pronto se comprobó que todo era falso porque nunca apareció el tal “Gerry” y la agencia de noticias que decía representar existe pero es filipina y nada tuvo que ver con el tema.
Esta es solo una mínima muestra de lo que se puede hacer por la popular red social Twitter a la que muchos consideran una buena herramienta para la práctica del periodismo porque el sistema es atractivo y en casos determinados hasta apasionante. Siguiendo los “tweets” que surgen a gran velocidad en el pequeño recuadro que solo admite 120 palabras es posible perseguir la actualidad a paso más rápido.
Tiene sin embargo varios graves defectos: Cualquiera puede inventar noticias y lanzarlas sin responsabilidad alguna porque lo virtual es el reino de todos y de nadie. Se puede crear medios falsos. La impunidad es absoluta porque, como se puede comprobar, la mayoría escuda sus textos bajo seudónimos. El insulto es moneda corriente, no hay problema…
Lo central y decisivo es que carece de credibilidad, el elemento que distingue a lo que es auténtico periodismo. Es verdad que al lado de las sombras del Twitter hay enlaces que nos llevan a buen periodismo pero las suplantaciones ya se están haciendo tan frecuentes que es necesario desconfiar.
Twitter es hoy un sembrador de rumores y chismes, de adjetivos calificativos, opiniones al paso (como hago yo desde mi cuenta “TioJuanito” de cuando en cuando), de noticias breves, enlaces a otros medios, etc. A toda esa mezcla bien podría llamársele el nuevo Nuevo Falso Periodismo.
Debe tenerse en cuenta que este formidable invento no fue desarrollado para hacer periodismo sino para socializar, enterarse de “qué estás haciendo” y ha tenido tal éxito que todos se han rendido ante su eficacia, incluyendo a muchos periodistas que ya lo consideran como una nueva práctica del oficio.
Y que mis jóvenes colegas disculpen mi irreverencia pero prefiero ser conservador para enterarme de lo que está pasando.