Archivo mensual: septiembre 2011

¿Periodismo Ciudadano.. o periodismo al paso nomás…?

Lo llaman de diversas formas, “Cívico”, “Ciudadano” pero en definitiva no es otra cosa que la captación oportuna por medio de una foto o un video de un suceso llamativo o impactante. Y esto debido a que cada vez más se hacen populares y fáciles de usar una serie de artilugios que nacieron para grabar temas familiares y que hoy han devenido en aliados del periodismo.
Los historiadores norteamericanos admiten que la ayuda ciudadana al periodismo es antigua (recuérdese la filmación del asesinato de John F. Kennedy en 1963, por ejemplo) pero prefieren fijar el nacimiento del “citizen journalism” en la noche de marzo de 1991 en que el taxista Rodney King fue apaleado de manera brutal por cuatro policías de Los Angeles,.
La historia es simple: despertado por el ruido de las sirenas, George Holliday se asomó a la ventana y contempló el dramático espectáculo de la masacre del taxista. Había comprado hacía pocos días una Sony Handycam y grabó la escena por 9 ó 10 minutos . Al día siguiente la llevó a una estación de TV y la vendió en 500 dólares.
Por estos días quizá Holliday, comentan, habría colocado su video el Youtube pero hace veinte años la solución para difundir algo así era la televisión comercial.
¿Y porqué comienzan las estaciones de TV, en particular, a admitir cada vez más estos videos de aficionados, primero chistosos (“bloopers”) y luego también dramáticos o de denuncia?
La televisión criolla no está ajena a la práctica. Todas las estaciones reciben con beneplácito esos videos y hasta los premian para incentivar a que todos busquemos nuestros 10 minutos de Periodista…
Hace poco se publicó un estudio sobre contenidos de los programas noticiosos de la televisión y el resultado fue que la mayoría de las noticias eran crónicas de asaltos, asesinatos, sepelios, violaciones, capturas y denuncias de todo tipo, arrinconando a las novedades internacionales o de utilidad local inmediata para el televidente ciudadano y consumidor. Una televisión que exhibe tanta violencia, agradece el aporte del periodismo ciudadano que denuncia las violaciones de la ley de manera fresca y directa.
George Holliday, que se hizo conocido por un tiempo para luego desaparecer, fue un ejemplo del ciudadano que ante una injusticia desenvaina su cámara, graba la escena y la envía como denuncia. Bien por Holliday. Pero aquello no lo convirtió ni remotamente en periodista sino en un buen colaborador de la justicia que grabó una escena que resultó siendo no solo una noticia sino el punto de partida para otra historia… ya más larga de contar.
Pero no está mal ser periodista al paso pues la mayor parte de las veces resultan aliados eficaces del verdadero periodismo.
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Aquí, un fragmento de aquella histórica paliza, video que reveló al mundo la brutalidad policial californiana:

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La vieja “agenda setting” ha regresado con Rosario

Yo le creo a Rosario… ¿y tú?

Hacía mucho tiempo que los medios masivos no distraían tanto nuestra atención con un tema como el misterio de Ciro Castillo.
En diferentes ambientes, oficinas, aulas, reuniones de familia, se agregan hipótesis a las muchas que los diarios y la televisión han ofrecido y que van desde el asesinato que presume la familia del muchacho desaparecido (“lo mataron y lo enterraron”) hasta la extraña versión que plantea Rosario, la autodesaparición (“Ciro, no te escondas, regresa”).
Y se han hecho bandos porque unos se inclinan a las hipótesis de la culpabilidad de la joven y otros han llegado al extremo de pintar la fachada de su casa con un absurdo “Asesina”.
Pero lo interesante de este caso que pareciera no tener final es observar el creciente espacio que se le concede en los medios, especialmente en la prensa diaria y haciendo recordar la ya vieja teoría denominada “Agenda setting” que hizo furor en los años setenta.
En castellano la llaman “teoría del establecimiento de temas” pero todos prefieren el nombre en inglés y plantea algo simple y no necesariamente novedoso: los medios determinan qué cosas se deben contar y de qué se puede informar. En resumen, las noticias que vemos, escuchamos, leemos, forman parte de una “agenda”, un listado de temas, que se ofrece al consumidor que tiene pocas alternativas pues no puede saber o imaginar… lo que no conoce.
La historia conoce de extremos como los tiempos de Stalin en la vieja Unión Soviética o más todavía en la Alemania nazi donde los vencidos se enteraron con asombro de lo que realmente había pasado en el mundo cuando fueron finalmente invadidos. Antes, escuchar emisoras extranjeras era un delito que podía ser penado con la muerte.
Pero no hay necesidad de autoritarismos para imponer una agenda o lista de temas porque además de los métodos coercitivos hay otros, más sutiles y no menos eficaces, para colocar asuntos que conciten interés y distraigan a la opinión pública. Se menciona por ejemplo a las famosas “vírgenes que lloran” que suelen atraer masas y ocupar espacios en los medios y que no son otra cosa que un “operativo psicosocial” (maniobra que los periodistas veteranos identifican y denuncian inmediatamente).
Pero el Caso Ciro-Rosario no es un “psicosocial”ni es impuesto a los medios por el gobierno. Es sencillamente un imperativo periodístico comercial y que responde a otra teoría, igualmente antigua que se llama “Teoría de lo que le gusta a la gente” y que manejan colegas sensitivos y perspicaces que saben descubrir qué tema agendar para lograr una historia que capte atención general.
Y ahora estamos en sus manos.

Adiós a Manuel Jesús, Gran Cazador de noticias

Ha muerto el gran periodista. Hace dos años le dediqué estas líneas en el homenaje que le hicimos en el Club de Periodistas y que repito para recordarlo cabalmente.
…………….

Hacer una semblanza cabal de nuestro amigo, colega y maestro Manuel Jesús Orbegozo sería ahora imposible, no habría tiempo.
Pero podemos, eso sí, esbozar un elogio que podríamos titular “porqué apreciamos tanto a Orbegozo”.
No hacen faltan muchas palabras para la tarea. Periodista de toda la vida y apasionado de la profesión, consecuente con las ideas liberales que abrazó desde su juventud, leal con sus amigos, noble con sus adversarios, profesor y guía de cientos de nuevos periodistas, vital y renovado, nuestro amigo se merece como pocos que le ofrezcamos nuestros respetos.

Cuando Manuel Jesús Orbegozo publicó sus memorias escribí que la mejor descripción que se me ocurría del periodista era la de “Cazador de Noticias”. Porque cuando se despedía para iniciar uno de sus largos viajes ya sabíamos que retornaría con la maleta repleta de los trofeos que atesoran los verdaderos periodistas, esto es, entrevistas, crónicas, relatos. Y además no pocas heridas, de las verdaderas y las del alma.
Cuando se ha trajinado en este oficio por más de cincuenta años, imagínense todo lo que hay para contar. Sin embargo no todos los periodistas se sientan a recordar y redactar experiencias de cacería noticiosa que en el caso de Orbegozo resultaron un conjunto de relatos apasionantes.
Felizmente el veterano trujillano se sentó a escribir para contar parte de su vida de periodista y no toda porque harían falta muchos tomos. Sus dos volúmenes de memorias periodísticas que tituló “Testigo de su tiempo” contienen parte de la historia de cómo fueron escritas tantas y tantas notas periodísticas en todos los registros posibles. Es el otro relato, la batalla cotidiana por conseguir una entrevista, lograr una primicia, enviar información al diario o, como podemos apreciar, salvar el pellejo en no pocas ocasiones.
Es verdad que los verdaderos profesores deben transmitir su experiencia a sus alumnos, pero hay casos en los que parece imposible. Porque ¿cómo en enseñar, por ejemplo, a perseguir noticias sujetando una sonda que vaciaba la orina en una bolsa, o escribir atenazado por feroces cólicos biliares, o librarse del inminente asalto de jóvenes africanos o delincuentes colombianos, o a brindar con té batido con mantequilla de yak?
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El film que nunca veremos en clase…

Como ayuda para los cursos de periodismo y en particular para los de historia de la profesión, los profesores echamos mano de una extensa filmografía que muestra distintas épocas del ejercicio de nuestro oficio y que han construido una imagen popular del periodismo y los periodistas.
Pero hay un título que no podremos ver jamás en el aula y que no es otro que “Garganta Profunda”, el film que dio su nombre al entonces misterioso informante que hizo posible que los periodistas del “Washington Post” persiguieran de manera implacable al gobierno de Nixon y que provocaron finalmente la renuncia del Presidente de los EstadosUnidos.
“Deep throat” se llama en inglés, no sabemos si se consigue en Lima pero nos consta que varios colegas la tienen pero hasta ahora, que sepamos, ninguno se ha atrevido a exhibirla pese a que su fama la logró precisamente el periodismo de investigación. Y viene a cuento porque en unos meses más se cumplirán cuarenta años de su estreno en salas neoyorkinas.
La solemne Wikipedia la describe así: “La protagonista no consigue llegar al orgasmo, por lo que acude a la consulta de un sexólogo. Éste, después del reconocimiento médico, le dice que, por una mutación genética, tiene el clítoris en la garganta…”. Un guión bravazo, sin duda.
Pero el film no es interesante por sus escenas de sexo explícito sino por la enorme influencia que tuvo en su tiempo y al extremo que provocó que el FBI iniciara una investigación por lo que significaba, aseguran los expertos, de auténtica revolución cultural. “Esa historia es la del último grito de las fuerzas conservadoras contra la revolución sexual y el advenimiento de la entrada de la pornografía…” dijo un profesor de la Universidad de Rutgers que siguió el fenómeno de transición de la elaboración y exhibición clandestina de escenas grotescas a la elaboración de películas como las otras… pero pornográficas. Desde entonces su producción se ha convertido en una importante industria que moviliza mucho dinero.
La actriz principal del film, Linda Lovelace, se hizo famosa aunque después se arrepintió y se retiró del oficio. Su director Gerard Damiano hizo el negocio de su vida porque los 50 mil dólares de inversión inicial se convirtieron en cientos de millones en recaudación pues fue exhibida en cines convencionales, como los de la calle 42 en Nueva York y con enorme éxito.
Total, “Garganta Profunda” hizo la fama de Woodward y Bernstein, de Linda y Damiano, de Mark Felt el informante secreto, etc., y pasó a la historia del periodismo. Pero que me disculpen los estudiantes porque nunca la veremos en la clase…
(En la foto, la famosa escena clave: el médico descubre la anomalía de la señorita, es decir, que tiene el clítoris en la garganta y por tanto deberá recurrir a la felación para culminar… eso…)

Juan Marcoz, Gato y Periodista

Me apropio de un bello texto de Carlos Paúcar en que describe al gran Juan Marcoz: “Gato por las pesquisas, por la mirada alerta porque además se mueve como para dar un salto al recuerdo, un arañazo a su experiencia. Gato le dicen sus amigos porque pertenece a la raza enorme de los periodistas bañados en aventuras, en bohemia, en interminables horas de redacción” (“Los Pura Sangre” en La República. 25.11.90. p. 28).
Y podríamos añadir que confirmó su apodo, su vieja chapa, al salir nuevamente airoso de un apuro hospitalario, uno más de aquellos que intentaron doblegar su férrea decisión de permanecer vigente en la dirección de su querida Asociación de Periodistas Policiales (Apepol) de la que soy orgulloso miembro Honorario.
Cuando ingresé a la redacción de “La Crónica” en lejanos años cincuenta, Juan Marcoz ya era parte de la leyenda de los cronistas policiales. “Pregúntale al Gato” me decían los veteranos cuando pedía consejo. Y aquel Gato siempre estaba dispuesto a ayudar a los principiantes.
Muy delgado, de pocas palabras, usaba tirantes pero solo una correa sostenía el pantalón porque la otra tendía siempre a su costado; un cigarrillo permanente colgaba de su labio inferior y secundaba al “Capitán” Nieves, Jefe de Policiales, sucesor del igualmente legendario cronista Becerrita que Mario Vargas Llosa inmortalizó en “Conversación en la Catedral” y en sus memorias.
Marcoz no carecía de pergaminos. Era hijo de Juan MarcozSarrín, policial como él y que había muerto en la redacción sobre la máquina de escribir luego de un acalorada discusión. Jovencito, el Gato tomó su puesto y allí estuvo hasta su jubilación, unos cuarenta años después…
Su amabilidad y buena disposición para las noches de bohemia lo hicieron popular tanto en el gremio como en la policía. No había puertas cerradas para él ni expedientes secretos. El Gato manejaba como nadie las fuentes policiales y tenía siempre el dato de primera mano. Cuando apareció “Ultima Hora” en 1950 debió competir con colegas igualmente diestros en la indagación y la amistad y nunca fue derrotado.
En tantos años de reportero Juan Marcoz ha visto y escrito de todo. Crímenes infames, secuestros, persecuciones, venganzas, desastres… Siempre estuvo ahí con su tirante colgando, su cigarrillo apagado y su libreta para acopiar datos para el consiguiente buen reportaje.
El Gato es el cronista policial más estimado en nuestro gremio y muchos lo acompañan en su deseo de unir a los colegas. Hasta hace poco, antes de caer enfermo, convocaba a la “Apepol” en nuestro lamentable Colegio de Periodistas y es seguro que al retornra a la actividad llamará a junta para intentar, nuevamente, reunir a este inconstante gremio.
(Acompañan a este texto dos fotografías. La primera, Marcoz enla redacción de La Crónica al retornar luego del grave accidente que le costó una pierna pero que no detuvo su carrera reporteril. En la segunda puede reconocer a Marcoz flaquito, tecleando en la nueva redacción de la Av. Tacna, cuando ya habían abandonado la vieja casona de Pando).