La vieja “agenda setting” ha regresado con Rosario

Yo le creo a Rosario… ¿y tú?

Hacía mucho tiempo que los medios masivos no distraían tanto nuestra atención con un tema como el misterio de Ciro Castillo.
En diferentes ambientes, oficinas, aulas, reuniones de familia, se agregan hipótesis a las muchas que los diarios y la televisión han ofrecido y que van desde el asesinato que presume la familia del muchacho desaparecido (“lo mataron y lo enterraron”) hasta la extraña versión que plantea Rosario, la autodesaparición (“Ciro, no te escondas, regresa”).
Y se han hecho bandos porque unos se inclinan a las hipótesis de la culpabilidad de la joven y otros han llegado al extremo de pintar la fachada de su casa con un absurdo “Asesina”.
Pero lo interesante de este caso que pareciera no tener final es observar el creciente espacio que se le concede en los medios, especialmente en la prensa diaria y haciendo recordar la ya vieja teoría denominada “Agenda setting” que hizo furor en los años setenta.
En castellano la llaman “teoría del establecimiento de temas” pero todos prefieren el nombre en inglés y plantea algo simple y no necesariamente novedoso: los medios determinan qué cosas se deben contar y de qué se puede informar. En resumen, las noticias que vemos, escuchamos, leemos, forman parte de una “agenda”, un listado de temas, que se ofrece al consumidor que tiene pocas alternativas pues no puede saber o imaginar… lo que no conoce.
La historia conoce de extremos como los tiempos de Stalin en la vieja Unión Soviética o más todavía en la Alemania nazi donde los vencidos se enteraron con asombro de lo que realmente había pasado en el mundo cuando fueron finalmente invadidos. Antes, escuchar emisoras extranjeras era un delito que podía ser penado con la muerte.
Pero no hay necesidad de autoritarismos para imponer una agenda o lista de temas porque además de los métodos coercitivos hay otros, más sutiles y no menos eficaces, para colocar asuntos que conciten interés y distraigan a la opinión pública. Se menciona por ejemplo a las famosas “vírgenes que lloran” que suelen atraer masas y ocupar espacios en los medios y que no son otra cosa que un “operativo psicosocial” (maniobra que los periodistas veteranos identifican y denuncian inmediatamente).
Pero el Caso Ciro-Rosario no es un “psicosocial”ni es impuesto a los medios por el gobierno. Es sencillamente un imperativo periodístico comercial y que responde a otra teoría, igualmente antigua que se llama “Teoría de lo que le gusta a la gente” y que manejan colegas sensitivos y perspicaces que saben descubrir qué tema agendar para lograr una historia que capte atención general.
Y ahora estamos en sus manos.

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