Archivo mensual: diciembre 2011

La Entrevista (IV). Los grandes de la entrevista en el Perú

¿Los mejores entrevistadores peruanos?

¿La mejor definición de Entrevista? “La transcripción o relato de una conversación”. Y como estas hay cientos, al escoger. Pero no hace falta describir el género porque los lectores saben reconocerlo desde hace mucho, desde los tiempos aurorales de la prensa.
Es además el género periodístico más popular y tanto que en todos los medios masivos de toooodos los días hay entrevistas.
Cortas, largas, de retrato, en profundidad, de noticia simple, especializadas, de todo tipo. Pero hay buenas y malas y las primeras son las que hacen los buenos periodistas.
¿Cómo definir a una buena entrevista? Hay varios criterios válidos, El historiador de la PUCP José Ragas me decía que la buena entrevista es aquella en que se revela algo oculto. Otro amigo opinaba que bastaban un buen entrevistador y un buen entrevistado entablando una buena conversación.
Pero se puede distinguir dos clases fundamentales de entrevistas, a saber, aquellas que están tan ligadas al contexto, a la coyuntura que su vigencia desaparece pronto. Y las otras, las que trascienden al tiempo y merecen ser leídas así hayan pasado cien años tanto por el personaje como por el periodista que la realizó.
Los buenos entrevistadores imponen su estilo y pronto son imitados –como debe ser además- por legiones de nuevos periodistas que requieren de referencias profesionales.
¿Cuáles son las cualidades de un buen entrevistador? La básica, elemental, es la cultura personal. Luego, el profesionalismo. Y hay más, muy difíciles de encontrar: los dones de la conversación fácil y de la escucha atenta.
Tengo una lista breve de grandes entrevistadores peruanos que reunieron, o reúnen, esos dones.
Ernesto More (1897-1980) fue poeta, político, periodista de tanta importancia como su famoso hermano Federico, desde los años treinta. Y publicó muchos artículos, libros pero destacaron sus entrevistas. En 1960 las recopiló de diversas publicaciones y editó sus “Reportajes con Radar” con un centenar de conversaciones de características especiales que podrían describirse como de estilo antiguo, es decir, sin grabadora y sin más armas que la buena memoria y apuntes breves.
Cada entrevista es un relato sobre la importancia de su entrevistado intercalando las opiniones que recoge en la conversa. Al revisar su libro el lector joven de hoy no reconocerá quizá casi a ninguno de los personajes pero si está interesado en la técnica de More, poco importará su vigencia.
Alfonso Tealdo (1914-1988). Todos lo reconocen como el más grande. Publicó entrevistas en revistas y diarios, pasó a la radio con éxito y causó sensación en la televisión con su “Tealdo Pregunta” en que hacía tropezar al más experimentado con su estilo nervioso e impaciente al punto que se decía que el programa debía llamarse “Tealdo Interrumpe”.
Sus entrevistas en prensa no han sido recogidas en libros, que sepamos. Y para disfrutar de su lectura hay que recorrer los periódicos en los que depositó su talento de preguntón sin descanso. Quizá las mejores fueron las que hizo, muy joven, para la legendaria revista “Gala”. Su prestigio profesional opacó sus cambios políticos y fue entrevistado por los mejores, como los que siguen en mi lista.
Mario Campos (- +2004). Tampoco dejó libros y decenas de magníficas entrevistas están en periódicos importantes como Expreso, La República, Somos, Caretas. Los colegas lo recuerdan como amiguero, conversador incansable, buen bebedor pero sobre todo con aquel citado don de hacer hablar al interlocutor. Sus entrevistas de La República son interminables; en cambio las de Caretas y Somos son más cuidadas, editadas, por razones de espacio. La característica esencial es que hacía que sus entrevistados abrieran sus corazones, revelaran intimidades y a veces hasta lloraban juntos.
César Hildebrandt. Está en plena vigencia y ha publicado dos libros de entrevistas escogidas porque la lista completa debe ser enorme. Descubrió su talento de conversador y de interrogador persistente en Caretas para pasar luego a la televisión. Su vasta cultura le permite ahondar en cualquier tema, prefiriendo el político donde suele confrontar sus ideas con las del entrevistado.

En síntesis, quien estudie la entrevista en el Perú no podrá prescindir de estos cuatro pèrsonajes.
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EN LA FOTO.- César Hildebrandt entrevistando a Alfonso Tealdo, circa 1980.

Mañana: Entrevista V.- Los mejores de la nueva generación

Entrevista(III) ¿Las peores entrevistas de la historia???

¿Quién califica como mala una entrevista?

¿Cómo se califica como “mala” a una entrevista? Puede ser por corta, mal preparada, peor escrita, insuficiente, mal interpretada, etc.
Recuerdo casos especiales: Hace más de veinte años uno de los programas de Hildebrandt estaba trabajando el tema de padres que no cumplían con pagar pensión alimenticia obligatoria. Y enterados de que el conocido cineasta E. tenía una denuncia al respecto enviaron una reportera para entrevistarlo. Pero no le dijeron el motivo y nuestro amigo creyó que hablarían sobre sus proyectos cinematográficos.
Cuando estuvieron sentados frente a frente, con micrófono de por medio y la cámara funcionando, la primera pregunta fue:
-Señor… ¿Por qué no paga la pensión por alimentos a su hijo?
Atónito, el cineasta palideció, luego se rascó la cabeza y contestó con voz suave:
-Espéreme un momento, ya vengo –y salió de la habitación.
La reportera lo aguardó con paciencia hasta que el vigilante le avisó que el señor hacía mucho rato que se había marchado por la puerta posterior.
Aquella entrevista, quizá la más corta del periodismo peruano, la pasaron por la TV y fue muy comentada..
En el conocido libro “Las grandes entrevistas de la historia 1859-1992” (El PaísAguilar. Madrid. 1997) el editor Christopher Silvester cuenta en la Introducción algunas historias divertidas.
Por ejemplo la que intentó realizar un conocido periodista británico al muy exótico Rey hawaiano Kalakaua que había llegado por primera vez a Nueva York en 1880. Apenas instalados el enorme moreno lo adelantó: “Me gusta Nueva York, admiro sus edificios… sus mujeres son hermosas y tienen los pies pequeños… Washington era un gran hombre… Me encantan sus ostras. Encantado de haber conocido. Adíós”. Le extendió su manaza y lo despachó.
El ayudante, un barón alemán, le explicó al reportero: “Le he enseñado ese discurso especialmente para los periodistas. Nunca dice nada más. ¿Una copa?”.
También cita el editor la famosa entrevista al general Grant, en 1874, que solo contestó “No tengo nada que decir al respecto” a la docena de preguntas que le hicieron. Y el colmo fue que cuando el reportero se despidió diciéndole: “Buenos días”, el general Grant repuso: “No tengo nada que decir al respecto”.
La última entrevista del libro es de antología. El periodista Richard Stengel logró con mucho esfuerzo una cita con el conocido intelectual Paul Johnson , quien lo recibió en su casa. Pero se dio con la sorpresa de que a cada pregunta su entrevistado contestaba: “Hmmm… no lo sé… Es improbable… no sé”. Y de pronto se paró y salió de la habitación.
Stengel lo esperó, aguaitó en el baño, la cocina, subió al segundo piso, revisó los dormitorios… nada, Johnson había desaparecido. Así que estuvo media hora más y se marchó. Nunca supo qué había pasado.
Tengo una personal. Cuando era un “todoterreno” en La Crónica, en tiempos del gobierno de Manuel Prado (éramos oficialistas) me enviaron de urgencia a entrevistar a un economista famoso, el padre Lebret, que había sido convocado para asesorar al gobierno.
Pero yo no tenía ni idea del personaje. Así que cuando después de superar muchos inconvenientes (como conseguir un traductor), empuñando lápiz y libreta le pregunté:
-¿Cuál es el motivo de su vista al Perú?
El cura me miró fijo, interrogó con la vista a sus ayudantes que se encogieron de hombros, y finalmente me dijo:
-Joven periodista ¿Usted no sabe para qué he venido al Perú?
-No, la verdad es que no… -le confesé, azorado.
-Averígüelo. Y regrese. Buenas noches.
……………..
Mañana: La Entrevista IV

La Entrevista (II). ¿Cuál ha sido la mejor entrevista de la historia?

Los historiadores norteamericanos del periodismo insisten en que la entrevista más famosa de la historia es aquella que concedió el expresidente de los Estados Unidos Richard Nixon al periodista David Frost, en marzo de 1977.
Depende del punto de vista. Una buena razón para considerarla así, insisten, es que convocó a 45 millones de televidentes que comprobaron las debilidades y gruesos errores del mandatario en política exterior (Vietnam) y su derrumbe político luego del caso Watergate.
Pero en cuanto a influencia, la entrevista que hizo el gran Herbert Mathews a Fidel Castro en febrero de 1957 que fue de lejos más importante para la política latinoamericana.
Ambas fueron difundidas en capítulos y editadas. Mathews conversó tres horas con el joven Castro en las honduras de Sierra Maestra y fue en el New York Times que se reveló en tres capítulos que la guerrilla existía, que Castro avanzaba y que las versiones sobre su desaparición eran falsas. La noticia provocó conmoción en América Latina porque abría el camino de la guerrilla, una ruta poco imaginada por las izquierdas. (El periodista Anthony de Palma publicó “El hombre que inventó a Fidel”, una excelente biografía de Mathews).
La entrevista de Nixon fue realizada en dos semanas, con un total de 28 horas de charla de las cuales solo salieron “al aire” cuatro capítulos de dos horas cada uno y aquellos 45 millones fueron del primer día. Fue tan interesante para los norteamericanos que dio lugar a una obra de teatro y hasta una película (“El Desafío”) que dramatiza el encuentro. Debe agregarse que Nixon cobró 600 mil dólares por la conversación.
Los españoles tuvieron hasta hace poco el record Guinnes de entrevista larga pero fue al revés, porque un periodista fue el entrevistado en televisión durante largas horas por 62 invitados en un programa especial titulado “12 horas sin piedad”. El personaje fue Pedro Ruiz y habló de todo gracias a que los amigos le hicieron un total de 602 preguntas.
El récord le duró poco pues hace poco el periodista australiano Richard Glover entrevistó para la radio durante 24 horas al escritor Peter Fitzsimons, sobre su vida, obra… y sin pausas para comerciales (quizá alguna para ir al baño pero la nota periodística no lo aclara).
Se cita otras entrevistas de enorme impacto, como la que hizo Truman Capote a Marlon Brando haciéndole contar historias íntimas, de lo que luego el actor se arrepintió. También está en la lista la entrevista a Lady D en la cual que la famosa princesa afirmó que siempre había sabido que el príncipe Carlos la engañaba… y que ella misma también lo había engañado, revelando el nombre de su amante. El divorcio se hizo entonces inevitable.
Dicho sea de paso, es probable que el personaje latinoamericano más entrevistado de la historia sea Fidel Castro. Muchos importantes periodistas han publicado libros enteros de preguntas y respuestas al líder cubano que cuando aceptaba una conversación le dedicaba horas enteras incluyendo horarios exóticos, viajes, tragos, comidas, sesiones, hasta el agotamiento. Y tenía en lista a decenas de colegas que pugnaban por una conversa de aquellas.
A famosos así ¿qué preguntarles que no les hayan preguntado ya? Esto lo comentó García Márquez alguna vez: “Siempre siento curiosidad de saber si me preguntarán algo original”.

Mañana: La mejor entrevista peruana.
(En las fotos, David Frost y su entrevistado Richard Nixon. Y Richard Glover entrevistando a Peter Fitzsimons para la radio australiana).

Sobre La Entrevista (I): El rudo arte de ser entrevistado

-El entrevistado tiene todas las ventajas.. si sabe tomarlas…

Hace unos años Gabriel García Márquez fue entrevistado por una reportera de la televisión española conocida por su capacidad de arrancar respuestas. Pertinaz, incisiva, a veces hasta impertinente, fue tejiendo una interesante conversa con el Nobel hasta que llegó a la interrogante crucial:
-¿Y porqué MarioVargas Llosa lo golpeó en la cara?
García Márquez dibujó una sonrisa y se quedó callado mirando fijo a la periodista..
Pasaron dos o tres minutos y la reportera, desconcertada, insistió:
-¿Es que usted no quiere decir nada sobre su famoso incidente con Mario Vargas Llosa?
García Márquez no movió un músculo y su silencio se hizo cada vez más pesado.
-Asumo que le incomoda la pregunta…
Y el gran colombiano preguntó entonces:
-¿Alguna otra pregunta?
Ese diálogo, si así puede llamarse, fue una gran lección de periodismo para los entrevistados que no saben manejarse ante periodistas que los interrogan y muchas veces abruman. Porque quien tiene siempre la ventaja, sin duda, es el entrevistado porque puede, como hizo el famoso escritor, quedarse callado.
Algo parecido le sucedió al presidente Humala, recordarán, cuando un cargante periodista de la CNN quería arrancarle una respuesta sobre su probable reelecciòn… cuando apenas hacia horas que lo habían elegido. A Humala no quiso prometer que no se reelegiría y no lo hizo por una sencilla razón: no le dio la gana de ceder ante la presión del coleguita que en verdad se estaba excediendo.
Los anaqueles de las facultades de periodismo están repletos de libros sobre el arte, la manera, los trucos, las mañas, las técnicas de entrevistar. Pero conozco muy pocos textos que ilustren sobre cómo afrontar una entrevista y resistir a un incómodo entrevistador.
Oriana Fallaci, como saben bien, ha pasado a la historia como la mejor entrevistadora de todos los tiempos porque logró sentar frente a su grabadora a grandes personajes que no se resistieron a su fama y a la garantía de que aquel texto aparecería en cientos de periódicos de todo el mundo. Sus secretos eran su formidable cultura y la muy prolija investigación previa del entrevistado.
Lo atractivo de sus entrevistas es que no se ocultaba, como hacen muchos, para dejar expresarse al otro. Entrevistada dijo en una ocasión: “Cada entrevista es un retrato de mí misma. Son una extraña mezcla de mis ideas, mi temperamento y mi paciencia. Todo esto guía las preguntas”.
Esto ¿no altera el clásico género de Entrevista propiamente dicha a trascripción simple de Diálogo entre personajes? Si es así, es responsabilidad del entrevistado sopesar su interés en la charla.
Es, de otro lado, legítimo que el entrevistado pregunte sobre qué versará la entrevista y si acepta el “todo vale”… allá él. Pero no hay que olvidar la lección de García Márquez: el derecho a apretar los labios y quedarse callado y que el reportero lo interprete como le dé la gana… igual que hará el lector, oyente o televidente.
Lo que no tiene remedio es la estupidez y la provocación política. Cuando Fidel Castro pasó por Lima en los años 70 y conversó con los generales velasquistas ofreció luego una tumultuosa conferencia de prensa. Y un periodista de “La Prensa”, con una mala leche de antología, le lanzó:
-¿Es verdad que el Ché no murió en Bolivia, sino en Cuba?
Castro lo observó largamente y contestó despacio:
-Si su pregunta proviniera de un historiador, de un académico, conversaríamos sobre el asunto. Pero me temo que usted no es más que provocador…
Al día siguiente, claro, el diario afirmó que Fidel Castro se había negado a confirmar que el Ché murió en Bolivia. Pero ese tipo de periodismo, que subsiste, no tiene remedio.

Mañana.La Entrevista (II). Las entrevistas más famosas de la historia.

Historia del Tanque Rosa con Dedo

-El Tanque Rosa del Dedo…

El título de esta croniquita debe ser el más antiperiodístico imaginable pero la verdad es que no se me ocurre una mejor manera de llamar la atención sobre este relato que es por demás testimonial.
La última vez que estuve en Praga fue en 1992, como huésped de paso de la agonizante Organización Internacional de Periodistas (iba camino a Estambul, viaje que será motivo de otra crónica). Mi anfitrión era el periodista cubano Miguel Rivero, quien apenas me recogió del aeropuerto, me dijo con su contagioso entusiasmo habitual:
-¡Hay una conferencia de prensa del presidente Havel! ¡Vamos al Palacio para que lo conozcas!
Enrumbamos al centro de esa bellísima ciudad y entramos sin problemas al espléndido edificio sumándonos al tumulto de colegas. Los fotógrafos y camarógrafos nos empujaron sin piedad y terminamos arrinconados pero vimos y escuchamos a Vaclav Havel, flamante Presidente y coautor de la “Revolución de Terciopelo”, eufemismo de “Cómo librarse de los soviéticos sin disparar un solo tiro”. La reunión fue en checo y no entendimos jota.
Pero todos hablaban de lo mismo, de un tal Cerny y del tanque rosa.
-¡Vamos a ver el tanque! –dijo Miguel, acelerando su pequeño auto y sembrando el miedo en las apacibles calles praguenses.
Llegamos finalmente a una plaza donde en el centro, sobre un tosco túmulo estaba el gran tanque ruso, el primero que había entrado a la ciudad para liberarla de los nazis. Y estaba pintado ¡de rosado! Toda una afrenta para el glorioso ejército soviético.
¿Cuál era la historia? Un par de semanas antes, el joven y conocido escultor David Cerny que ya escandalizaba con sus propuestas audaces había decidido que ese tanque había que dulcificarlo, pacificarlo y nada mejor para ello que pintarlo de rosado. En una sola noche lo pintó completo y en el amanecer toda Praga se reía a carcajadas del aspecto del otrora temible tanque… convertido en un rosado artefacto incapaz de asustar a nadie.
Los militares reaccionaron con furia y presionaron el gobierno para que detuviera a Cerny y enviaron a un pelotón de soldados para que lo repintaran de verde, de color militar. Pero en la noche siguiente un grupo de diputados llevó escaleras y baldes de pintura y volvieron a embadurnar de rosado el temible artefacto. Ya el gobierno entonces no se atrevió a encarcelar a los parlamentarios y liberó en silencio al artista.
Así estaba cuando yo lo visité. Pero unos días después –me contó mi colega- una enorme grúa salió del cuartel cercano, levantó el tanque y se lo llevó a lo más profundo del establecimiento militar, para que descanse en paz.
A mediados de este año y como parte de las celebraciones por el aniversario de aquella “Revolución” liderada por Havel, a los checos se les ocurrió sacar el tanque rosado pero añadiéndole algo especial: un enorme dedo medio en el centro de la torreta, como puede verse en la foto. Lo pusieron en una barcaza en el río y lo exhibieron como “el tanque rosa del dedo”.
Havel, que era un reconocido intelectual, ha muerto hace unos días. El tanque rosa ha vuelto al cuartel. Y Cerny sigue escandalizando porque acaba de sorprender, y estafar, a la Comunidad Europea con una escultura llamada “Entropa” (que les recomiendo busquen por Google).
(Adjunto como ilustraciones una foto mía delante del tanque, el Tanque Rosa con Dedo, y un par de esculturas de Cerny, que ha inundado Praga con sus irreverencias –como aquélla de Freud colgando de una viga o los hombres orinando frente al Museo Kafka).

La dramática historia de amor de Mona Maris y el ingeniero holandés

La Oroya Love Story

El chofer sintonizó mejor la radio y surgió entre los ruidos un tango que entonaba Gardel, el zorzal criollo…
Recién habíamos iniciado el viaje a Tarma a La Oroya y ya los pasajeros cabeceábamos, soñolientos, cuando mi vecino de asiento, me golpeó suavemente con el codo y me dijo, bajito nomás, en buen castellano:
-Ah, qué lindo ese tango… Gardel ¿no?, -y añadió: -¿Sabe? Mi esposa fue novia de Carlos Gardel… y casi se casa con él…
Eramos varios compañeros de trabajo que ante la imposibilidad de conseguir casa en La Oroya, alquilábamos algo en Tarma, a una hora de viaje, para estar más cerca de la familia. Había un par de ingenieros más dos periodistas de la oficina de Relaciones Industriales, todos empleados de la Cerro de Pasco Copper Corporation” en aquel naciente 1960. Yo editaba las revistas “El Serrano” y “El Serranito” y estaba, para mi desgracia, en la categoría de “soles payroll”, o sea, sin derecho al cómodo Hotel Inca.
Al escuchar la revelación todos prestamos atención, y uno preguntó:
-Disculpe la pregunta ingeniero, ¿y cómo se llama su esposa?
El ingeniero, un holandés cincuentón, de claros ojos azules y con actitud de ingenuidad, sonrió ampliamente y contestó, triunfante, seguro de sorprendernos:
-¡Mona Maris!
Mis colegas se miraron, se encogieron de hombros y volvieron a dormitar pero yo, culturoso al fin, gardeliano, había leído algo sobre sus amores y de la famosa y bella Mona Maris. Y me lancé:
-Y dígame ingeniero, este…, su esposa, la que está en el hotel en Tarma… ¿es Mona Maris?
-Claro -me dijo. Y añadió con inmenso amor: -¿No es linda?
Por supuesto que nos había llamado la atención. Alta, delgada, con porte distinguido, de pelo negrísimo, con aire lejano e inexpresivo, Mona Maris despedía cada mañana a su ingeniero holandés en la puerta del Hotel de Turistas de Tarma. A veces vestía pantalones de montar y botas; y siempre hacía un lánguido adiós con un infaltable largo cigarrillo entre los dedos. De hecho ya le decíamos “la misteriosa”.
Ya. Pero ¿qué hacía esa mujer, exageradamente maquillada, casi empastada, una auténtica estrella de cine, de labios y cejas dibujadas con exactitud profesional, en la lejana, andina y friolenta Tarma?
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Baidu, RenRen, Weibo… la Internet en China

Son palabras chinas, Baidu, RenRen, Ceibo cuyo significado no conocemos los que no estamos inmersos en los recovecos del mundo de la comunicación por Internet. Pero hay que mirarlos con atención porque son las poderosas plataformas chinas que amenazan con empequeñecer a sus homólogas occidentales Google, Facebook, Twitter, de este nuestro lado del mundo.
Las cifras chinas son apabullantes, como sabemos. Ya arañan los 1 400 millones de habitantes de los cuales 485 millones son internautas en toda la regla, es decir, registrados y con porcentajes de crecimiento que hacen palidecer a los orgullos virtuales norteamericanos. Por ejemplo, la versión china de Twitter (“microblog”) ha aumentado en seis meses de 63 millones a 195millones… y quizá cuando estamos escribiendo esta nota ya sobrepasen los 200 millones.
La conocida periodista limeña Patricia Castro Obando, que reside en Beijing, sigue de cerca el fenómeno y acaba de obtener su maestría en comunicación con un revelador estudio sobre el mundo de Internet en China. Por ejemplo nos ilustra sobre cómo los chinos asumieron por poco tiempo las famosas plataformas Facebook yTwitter para luego “clonarlas” y avanzar en la copia hasta elaborar plataformas nuevas y mejores que ya no se parecen en nada a los viejos modelos.
Es el caso de Fanfou, Jiwsai, Digu para Twitter y Xianoei para Facebook .Las versiones occidentales colisionaron con las políticas de control del gobierno y salieron del mundo virtual chino pero fueron rápidamente reemplazadas por las versiones locales que tienen además el apoyo de las autoridades.
Y lo mismo pasó con el todopoderoso buscador Google que ha sido reemplazado con ventaja por el Baidu que ya exhibe cifras enormes de datos y de consultas.
En suma, todas las plataformas importantes que conocemos tienen un similar chino con la ventaja de haber sido desarrollado con las virtudes originales pero añadiendo funciones y sobre todo, enfatiza Patricia Castro, atendiendo al gusto chino que en este caso se define por la creatividad, el esfuerzo por abarcar, aglutinar y por el acento económico ineludible.
Los desarrolladores chinos se preparan ya para traspasar sus fronteras y penetrar en los terrenos de Google, Facebook y Twitter, con lo cual seríamos espectadores de otra batalla de resultado imprevisible pues pudiera resultar que las plataformas de Beijing más completas y funcionales seduzcan a los internautas occidentales.
China, como bien dice el colega Antonio Fernández Arce, nunca dejará de asombrarnos.