Historia del Tanque Rosa con Dedo

-El Tanque Rosa del Dedo…

El título de esta croniquita debe ser el más antiperiodístico imaginable pero la verdad es que no se me ocurre una mejor manera de llamar la atención sobre este relato que es por demás testimonial.
La última vez que estuve en Praga fue en 1992, como huésped de paso de la agonizante Organización Internacional de Periodistas (iba camino a Estambul, viaje que será motivo de otra crónica). Mi anfitrión era el periodista cubano Miguel Rivero, quien apenas me recogió del aeropuerto, me dijo con su contagioso entusiasmo habitual:
-¡Hay una conferencia de prensa del presidente Havel! ¡Vamos al Palacio para que lo conozcas!
Enrumbamos al centro de esa bellísima ciudad y entramos sin problemas al espléndido edificio sumándonos al tumulto de colegas. Los fotógrafos y camarógrafos nos empujaron sin piedad y terminamos arrinconados pero vimos y escuchamos a Vaclav Havel, flamante Presidente y coautor de la “Revolución de Terciopelo”, eufemismo de “Cómo librarse de los soviéticos sin disparar un solo tiro”. La reunión fue en checo y no entendimos jota.
Pero todos hablaban de lo mismo, de un tal Cerny y del tanque rosa.
-¡Vamos a ver el tanque! –dijo Miguel, acelerando su pequeño auto y sembrando el miedo en las apacibles calles praguenses.
Llegamos finalmente a una plaza donde en el centro, sobre un tosco túmulo estaba el gran tanque ruso, el primero que había entrado a la ciudad para liberarla de los nazis. Y estaba pintado ¡de rosado! Toda una afrenta para el glorioso ejército soviético.
¿Cuál era la historia? Un par de semanas antes, el joven y conocido escultor David Cerny que ya escandalizaba con sus propuestas audaces había decidido que ese tanque había que dulcificarlo, pacificarlo y nada mejor para ello que pintarlo de rosado. En una sola noche lo pintó completo y en el amanecer toda Praga se reía a carcajadas del aspecto del otrora temible tanque… convertido en un rosado artefacto incapaz de asustar a nadie.
Los militares reaccionaron con furia y presionaron el gobierno para que detuviera a Cerny y enviaron a un pelotón de soldados para que lo repintaran de verde, de color militar. Pero en la noche siguiente un grupo de diputados llevó escaleras y baldes de pintura y volvieron a embadurnar de rosado el temible artefacto. Ya el gobierno entonces no se atrevió a encarcelar a los parlamentarios y liberó en silencio al artista.
Así estaba cuando yo lo visité. Pero unos días después –me contó mi colega- una enorme grúa salió del cuartel cercano, levantó el tanque y se lo llevó a lo más profundo del establecimiento militar, para que descanse en paz.
A mediados de este año y como parte de las celebraciones por el aniversario de aquella “Revolución” liderada por Havel, a los checos se les ocurrió sacar el tanque rosado pero añadiéndole algo especial: un enorme dedo medio en el centro de la torreta, como puede verse en la foto. Lo pusieron en una barcaza en el río y lo exhibieron como “el tanque rosa del dedo”.
Havel, que era un reconocido intelectual, ha muerto hace unos días. El tanque rosa ha vuelto al cuartel. Y Cerny sigue escandalizando porque acaba de sorprender, y estafar, a la Comunidad Europea con una escultura llamada “Entropa” (que les recomiendo busquen por Google).
(Adjunto como ilustraciones una foto mía delante del tanque, el Tanque Rosa con Dedo, y un par de esculturas de Cerny, que ha inundado Praga con sus irreverencias –como aquélla de Freud colgando de una viga o los hombres orinando frente al Museo Kafka).

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