¡¡Coche a la vista!!! (I) Buenos Aires-Caracas, una epopeya automovilística

“¡¡Coche a la vista!!!” aulló el locutor de Radio Nacional y todos saltamos hacia el Telefunken que estaba prendido desde la hora del almuerzo de aquel memorable 27 de Octubre de 1948.
Lo que escuchamos fue el ulular de la sirena de la poderosa Harley Davidson de Enrique Pontolillo, que hacía de “liebre”. Aguardaba pocos kilómetros antes avizorando hacia el sur cuando divisó el primer auto y entonces enrumbó hacia Lima a toda velocidad anunciando que ya venían los coches.
Los diarios dirían después que se habían juntado no menos de 25 mil limeños que pugnaban por una primera fila frente al cartel de “Llegada” colocado casi frente al novísimo Terminal del Aeropuerto de Limatambo inaugurado apenas un mes antes por el presidente Bustamante y Rivero.
Para los radioyentes no era novedad el orden de los autos que llegaban del sur porque Radio Nacional tenía apostados a sus corresponsales en “Puestos de Control” que telefoneaban constantemente dando aviso del avance de la carrera. Con lápiz y papel mis hermanos mayores confrontaban los cambios, los que se quedaban, pasaban…
Era la sexta etapa del Gran Premio Automovilístico América del Sur y la partida se había dado a las seis de la mañana en Arequipa y por carreras anteriores se calculaba que los autos estarían en Lima en unas diez horas.
Pero Oscar Gálvez estaba decidido a batir el récord en recorrer los 1 043 kms. y en algunos tramos llegaba a los 150 km, por hora, superando a rivales como el gran Juan Manuel Fangio, su hermano Juan, Domingo Marimón y otros, la mayoría argentinos.
Pero la atención nacional estaba puesta en el crédito peruano, el gran Arnaldo Alvarado, el Rey de las Curvas, que conducía un flamante y bien preparado Ford 48 al que había retirado parachoques y guardafangos para hacerlo más liviano.
La multitud rugía cuando se corría la voz de que Alvarado y su “Ladrillo” ganaban terreno y se acercaba cada vez más al líder Gálvez quien ya en la pista asfaltada no tenía rivales.
No sospechábamos entonces que a la par de aquella algarabía se desarrollaba un drama nacional de envergadura pues en esos instantes el general Manuel A. Odría decidía el golpe militar que derrocaría a Bustamante y Rivero.
“¡¡Oscar Gálvez cruzó la meta!!” rugió el locutor… y a los pocos minutos volvió a gritar “!!Coche a la vista… es Arnaldo Alvarado!!”. Efectivamente, en su mejor actuación en la gran carrera el piloto había logrado superar a los argentinos y entrar triunfal en Lima detrás del mejor de aquellos.
En sucesión fueron llegando los autos hasta que finalmente todos fueron llevados al Parque Cerrado. Se descansaría todo el día 28, la partida (falsa) sería en la mañana del 29 y desde la av. Wilson, con presencia del Presidente.
Pero en la noche del 28 los organizadores vieron con alarma que se movilizaban camiones con soldados, se escucharon algunos disparos, se iniciaba el clásico cierrapuertas limeño y entonces decidieron adelantar la partida de la Sétima etapa, Lima Tumbes, que resultaría frustrante para los peruanos y trágica para los argentinos.

Mañana: ¿Dónde, cuándo comenzó esta gran carrera??

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