¡¡Coche a la vista!!! (III) “¡Arranquen, rápido, vámonos, que se viene la Revolución!

-Cuánto odiamos a ese burro…

“Asidos al timón, mirada adelante tratando de vencer el manto impenetrable de la noche, esos hombres, jugándose la vida al borde de un precipicio o en las curvas más pronunciadas, han vuelto a dar muestras evidentes de un temple extraordinario, de un coraje, de una guapeza a toda prueba…”.
Así describió un emocionado cronista de El Comercio de Lima a los volantes que aquella dramática noche del 28 de octubre de 1948 arrancaron sus máquinas para partir en la sétima etapa rumbo a Tumbes y en medio de una descomunal confusión porque los rumores eran alarmantes: en cualquier momento, se decía, se desata la guerra civil.
Y es que la guarnición de Lima no se había plegado todavía al alzamiento de Arequipa del día anterior y sus soldados tomaban posiciones estratégicas para defender el orden. Por eso apresuraron la salida y partieron de Puente Piedra a las dos de la mañana del día 29 sin respetar los tiempos de partida, aunque sí el orden. Todos se lanzaron a la carretera buscando llegar primeros a la frontera norteña y huyendo del golpe militar a Manuel A. Odría.

Las esperanzas criollas estaban puestas en Arnaldo Alvarado El Rey de las Curvas. También en Henry Bradley el Avispón Verde y en Luis Astengo, Flecha de Oro. Pero todos miraban al primero porque casi había logrado alcanzar a los argentinos, los hermanos Gálvez y al gran Fangio.
Fue una etapa dramática que siguieron por horas los radioyentes peruanos. Juan Sedó, líder de Deportes de Radio Colonial, había colocado corresponsales en toda la ruta y así el grito de ¡Coche a la vista! pasaba de un control a otro. Fueron así gritando los números y nombres de los corredores desde Chancay, Huacho, Supe, Barranca, Pativilca, Huarmey…
“!Viene un auto, parece.. ¡es Alvarado, con su ladrillo rojo.., como un bólido!”, Y efectivamente el Rey de las Curvas pasó por el Control de Casma a más de 140 kms. por hora, a escasos cientos de metros de los punteros argentinos.
El siguiente puesto era Chimbote y el “coche a la vista” se escuchó muchas veces pero nunca el que anunciaba el paso de Alvarado. Toda una desilusión.. Nuestro crédito, la posibilidad de ganarles a los engominados rioplatenses había terminado.
Desde el hospital de Paramonga donde fueron llevados él y su copiloto Rivadeneyra, el propio Alvarado contó lo sucedido; “Ibamos bien, marcábamos 148 km, por hora, yo conocía bien el camino cuando de pronto de unos pastizales salieron dos burros… hice una maniobra para esquivarlos pero apareció otro borrico, más pequeño, y no recuerdo más… nos volcamos”.
La Crónica dedicó una central al tema, titulándola: “Alvarado herido, al cruzarse con un burro”.
Por Trujillo pasó Fangio de puntero seguido de de cerca por Oscar Gálvez y en alguna curva se enredaron y ambos salieron volando. Los dos cayeron en la cuneta pero Fangio estaba muy malherido y su copiloto muerto. Gálvez siguió en la carrera pero fuer su hermano Juan quien terminó ganando la etapa.
¿Los demás peruanos? Ya comenzaban a fallarles las máquinas. Bradley casi abandona en Trujillo y llegó a duras penas a Tumbes. En el camino quedaron una decena de automovilistas pero sobre todo se enfriaron los ánimos nacionales y todo por la culpa del maldito burro de Paramonga.
Aunque también, es verdad, por la mala noticia de que se iniciaba una dura persecución a los opositores del nuevo gobierno militar de Odría.

Mañana: (IV y Final) La llegada tramposa de Oscar Gálvez

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