“Desde el fondo de las aguas las sirenas le cantan, llamándolo….”

Historia del Capitán que se negó a abandonar su nave (Final)

Los marinos Kurt Carlsen y Kenneth Dancy eran ya, al iniciarse la segunda semana de enero, verdaderas celebridades. Los periodistas acosaban a sus familias y los medios enviaban aviones para fotografiar y filmar la agonía del “Flying”, tratando de captar a la pareja cuando recibía vituallas de los barcos que lo acompañaban.
Al amanecer el día 8 están a solo 95 kms. de la costa inglesa y todos confían en que logrará llegar. Pero a mediodía el viento se hace cada vez más intenso, las olas comienza a crecer hasta llegar a los tres metros y la maniobra de remolque se hace cada vez más difícil. Incluso los destroyers que lo flanquean comienzan a apartarse porque todo indica que se acerca el final.
El día 9 la situación es insostenible. El naufragio es cuestión de horas. Y amanece el día 10.
El gran periodista Gastón Aguirre Morales escribió así sobre el tema: “…Pero viene la tragedia. El cable se rompe y el “Flying Enterprise” queda nuevamente sujeto a su destino implacable. Desde el fondo de las aguas las sirenas le cantan, llamándolo… y el barco se hunde dejando sobre la superficie un gran espumarajo tras el estertor final…”.
Minutos antes, Carlsen y Dancy habían saltado el mar y nadaban hacia un bote salvavidas que los urgía a salvarse. Y cuentan que Dancy sollozó al ver que el barco desaparecía pero que Carlsen no quiso voltear a mirar el desenlace. Solo apretó los dientes y se tapó los oídos para no escuchar las sirenas con que la flotilla de navíos despidió al veterano carguero.
Carlsen fue conducido a Falmouth donde lo esperaban para rendirle homenajes de héroe mientras Dancy regresó al remolcador “Turmoil” que se aprestaban a partir para otro rescate.
Unos días más tarde la ciudad de Nueva York le ofreció su mejor tributo; un desfile triunfal por la Quinta Avenida en carro descubierto para luego entregarle un diploma de reconocimiento por su valor.
Y pocas semanas después la naviera danesa le entregó otro carguero al que bautizaron como “Flying Enterprise II” y desde entonces se empeñó en esconderse de la prensa e incluso rechazó un jugo contrato de Hollywood. Solo después de muchos años consintió en contarle la historia a un periodista y ambos publicaron un libro. Murió en 1989.
Los neoyorkinos no lo olvidaron y nombraron a un pequeño parque de New Jersey con su apellido. Y hace pocos días, el 10 de enero pasado, sus ancianos hijos develaron un pequeño monolito que mira al mar y cuenta su hazaña para que los marinos no olviden que deben ser los últimos en dejar su barco.

………….

En la foto de arriba, los dos héroes. Carlsen es el de la boina. También la ceremonia del monolito que lo recuerda en New Jersey. Al final un video que muestra la batalla del “Flying” contra las olas y luego la Gran Parada que le brindó Nueva York.

Aquí el video:

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