Archivo mensual: abril 2012

El Titanic que inventó “La Crónica”

Otras historias del Titanic (II)

-“¡Pronto, una foto del Titanic para la primera página!” debió exclamar Clemente Palma, director del flamante tabloide “La Crónica”, fundado apenas una semana antes. O quizá fue José Gálvez, el jefe de redacción.
Y enviaron un redactor a las oficinas limeñas de la “White Star Lines” . Pero los señores Guislain, los representantes criollos, solo tenían grabados de los otros barcos de la naviera pero que eran sin duda menores que el coloso hundido.
Pero esto no detuvo a Palma y mandó llamar a su mejor ilustrador, el pintor ancashino Teófilo Castillo, le contó la historia y el artista imaginó la escena aunque se excedió porque le puso seis chimeneas y en general propuso un barco inverosímil. No les importó a los editores porque sabían que ni “La Prensa” ni “El Comercio” tendrían la foto.

Ese miércoles 17 de abril el tabloide vendió todos sus ejemplares aunque el relato era pobre en comparación a los de la competencia pero aquel grabado que ocupaba toda la primera plana era de un enorme impacto. A los canillitas les faltaron manos y voces para vender la imagen del barco que, después de todo, tampoco los lectores tenían idea de cómo era realmente.
Teófilo Castillo, ya reconocido por entonces como un gran artista, había trabajado con los fundadores de “Prisma”, “Variedades”, y luego “La Crónica”. Expuso varias veces y sus cuadros fueron muy celebrados (en el Museo de Historia, en Pueblo Libre, se puede admirar “El pleito de las calesas”, entre otros. Poco tiempo después se marchó a la Argentina y murió en Tucumán en 1922. Pero su Titanic ha pasado a la historia de la ilustración en el periodismo porque ese coloso indetenible que imaginó y que surca los mares abriéndose paso entre las moles de hielo es realmente formidable.

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Otras historias del “Titanic” (I)


Foto: La partida del Titanic. Allí estaban Archibald Butt y Francis Millet.

-Archibal Butt, otro héroe de aquella noche

“…Revólver en mano impidió que se interrumpiera el salvamento de los niños, de las mujeres, de todos los que necesitaban ayuda para librarse de la muerte…”.
Era el corpulento y fuerte militar norteamericano Archibal Butt, edecán favorito del presidente de los Estados Unidos. Y la historia la contó “La Crónica” de Lima luego de pocos días de la tragedia.
Leamos más del despacho: “Hay que darse cuenta de la confusión que reina a bordo de un barco, que puede ser todo lo grande que se quiera, pero que en los momentos del peligro alberga, aglomeradas y despavoridas, a más de dos mil almas en el espacio de las cubiertas, a lo sumo de doscientos metros de largo, que resulta estrechísimo para el horroroso desorden del naufragio. Dominar entre el ruido de los elementos, de las bocinas, de los gritos de socorro, a los hombres que avanzan imperativos buscando salvación por cualquier medio, contener las avalanchas formidables de gentes dominadas por el terror, es cosa que sorprende y que apenas se concibe haya podido realizar este gallardo mayor Butt…”.
Las fotos que se conservan del héroe lo muestran apuesto y elegante. Había logrado cercanía al presidente Teodoro Roosevelt actuando en la guerra con España y luego fue ayudante militar del siguiente presidente, Howard Taf.
¿Cuáles eran sus virtudes? Simpático, afable, experto organizador de ceremonias, fiestas. Manejaba los protocolos como nadie, conocía a todo el mundo y se coincidía en que era indispensable en el gobierno. Taft lo apreciaba mucho y por eso lo animó a tomarse unas vacaciones en Europa para, de paso, llevarle un mensaje al Papa Pío X.
Luego de varias semanas placenteras, Butt embarcó con su pareja (“close friend”) Francis Millet de regreso a Nueva York, en el formidable “Titanic”, toda una joya. Los registros de la empresa naviera indican que adquirieron boletos de Primera Clase, ocupando la Cabina B-38 por la que pagaron, cada uno, unas 26 Libras Esterlinas. Una pequeña fortuna.
Butt y Miller estaban jugando cartas en el salón de fumadores cuando el barco chocó con el iceberg y se precipitó el naufragio. Entonces corrieron, como los demás, a salvarse y varios testigos contaron que Butt, a balazos, hizo respetar la consigna de “mujeres y niños primero”.
Ni él ni su pareja lograron subir a bote alguno. Tranquilos, abrazados, esperaron el final inevitable y se hundieron en el Atlántico.

Mañana: “La Crónica” y el Titanic”

-El Titanic, Kate, Pierina, Di Caprio… y YO

-¿Seguro que mi mujer se parece bastante a la gordita Kate?
-Muchísimo… parecen hermanas…
-Y yo… ¿me parezco a Leonardo Di Caprio?
-¡Como dos gotas de agua! –mintió descaradamente la joven que por los cinco dólares que pedía por la foto era capaz de decirle flaca a Susy Díaz.
Entonces Pierina y yo imitamos, más o menos, la famosa escena de la película “Titanic” en que llegan hasta la proa del legendario navío que surca el Atlántico y Kate Winsley abre los brazos, afrontando el viento mientras Di Caprio la sujeta por la cintura (ver foto).
La verdad es que nuestra representación estuvo muy lejos de la cinematográfica y que tanto yo como Pierina no nos parecemos en nada a esos artistas. Pero cómo nos divertimos, como evidencia la fotografía.
Pasó hace algunos años en Buenos Aires cuando fuimos a la famosa Feria del Libro. Justo enfrente se había inaugurado una muestra, o exhibición, titulada “Titanic. El Viaje de los Sueños” que ofrecía mostrar materiales extraídos del gran navío por la expedición de James Cameron.
En la puerta, un buenmozo “Capitán” convocaba a los paseantes a embarcarse en esa aventura: “¡Pronto zarparemos…. Compre su boleto… viaje con nosotros en el mejor barco jamás construido… nada ni nadie podrá hundirlo!!…!” y agregaba con sorna, en voz baja… “viaje de ida nomás…”.
En la primera sección mostraban el Buenos Aires de abril de 1912. Fotografías, primeras planas de diarios, vitrinas con vestidos, programas de espectáculo, todo lo que era necesario en contexto al visitante. Así era la ciudad, el país, cuando llegó la noticia.
Seguía un Túnel del Tiempo con luces que giraban y un pasillo que conducía al “interior” del barco.
Allí visitamos la zona de Tercera donde los pobretones como Di Caprio se apretujaban para dormir; luego la parte de los pasajeros adinerados y finalmente el gran salón con la escalera por donde, recordarán los que vieron el film, desciende la Winsley para ser recibida por Di Caprio.
De rato en rato se escuchaba un fuerte ruido. Un guía nos explicó: “Es el impacto del barco con el iceberg… eso fue lo que sintieron los pasajeros”.
Entonces pasamos al gran salón de las reliquias rescatadas. Maletas, ropa, mucha vajilla, trozos de ventanas, de barandillas, todo lo que se pudo sacar del naufragio. Y un gran trozo de hielo que se podía tocar para sentir el frío de la tragedia.
Luego una tiendecita de recuerdos, donde compramos algunas cositas, y finalmente la proa del barco, aquella de la escena, y de nuestra foto.
Algo más. La historia del “Titanic” es de aquellas –como decimos los periodistas- que es tan buena “que se cuentan solas”. Se consigue novelas, testimonios, películas de diferentes épocas. Mi favorita es “La Camarera del Titanic” con la española Aitana Sanchez Gijón, que se las recomiendo.
Y aquí, la escena aquélla…

Esos diarios de tamaño pequeño…

¿PM fue el mas chico de todos??

“Primera Hora” cumplirá en estos días el primer mes de circulación diaria pues colgó de los quioscos el 12 de marzo. Lo interesante es que los editores han apostado por el tamaño pequeño y el bajísimo costo, solo 30 centavos.
Pertenece a la empresa que edita el popular cotidiano “La Primera”, liberal, de visión crítica y que ha luchado por lograr, con éxito, un espacio en el denso sistema informativo criollo en el que pareciera que ya no hay sitio. “Primera Hora” pugna por encontrar el suyo.
No es el primer diario de ese tamaño y no sé si alguien habrá investigado la historia de los formatos distintos de los clásicos “standard” o “tabloides”. Aquí algunos datos para quien se anime a hacer el recuento:
Probablemente el más pequeño de todos haya sido “PM”, que circuló en 1980. Fue dirigido por el popular Guido Monteverde y era de propiedad de Carlos Landberg quien poco tiempo después sería denunciado como narcotraficante en una memorable investigación de Gustavo Gorriti en “Caretas”.
A los pocos meses de aparición estaba en crisis y los editores decidieron probar suerte reduciendo el tamaño al mínimo posible pero la calidad era discutible y cerró en 1982. Todavía Landberg lo editó esporádicamente pero sin éxito y la aventura acabó cuando fue encarcelado por narcotráfico.
En el 2003, como verán en la ilustración, un grupo de colegas lanzó “Tu Diario” con el lema “la noticia en el bolsillo” y debió durar un año.
Tengo información de que los dueños de Panamericana TV, los Schutz, editaron por un tiempo el diario “Uyyuyuy”, también pequeño, dedicado a las noticias de la farándula limeña.
Pero el que es realmente raro es “Kamastro” que alegaba ser el único diario “XXX” de contenido pornográfico y que era vendido a la mano en el transporte público, las combis (Y me consta porque en una de aquellas compré el único ejemplar que tengo).
No está demás agregar que fue un gran periodista francés de mediados del siglo 19 quien editó “La Petite Journal” que era realmente tamaño “tabloide” pero que resultaba pequeño para su tiempo.
¿Y de dónde viene el vocablo “Tabloide”? Es de origen norteamericano y farmacéutico pues un laboratorio había inventado las cápsulas que se disolvían, como manera de tragar medicinas. Y era título patentado.
Cuando aparecieron los diarios pequeños (en comparación con los otros de gran tamaño) se dijo que “daban noticias en pastillas o cápsulas… como en tabloide”. Y el público adoptó y popularizó la denominación. La empresa farmacéutica protestó, enjuició, pero no pudo remover la visión popular.