Otras historias del “Titanic” (I)


Foto: La partida del Titanic. Allí estaban Archibald Butt y Francis Millet.

-Archibal Butt, otro héroe de aquella noche

“…Revólver en mano impidió que se interrumpiera el salvamento de los niños, de las mujeres, de todos los que necesitaban ayuda para librarse de la muerte…”.
Era el corpulento y fuerte militar norteamericano Archibal Butt, edecán favorito del presidente de los Estados Unidos. Y la historia la contó “La Crónica” de Lima luego de pocos días de la tragedia.
Leamos más del despacho: “Hay que darse cuenta de la confusión que reina a bordo de un barco, que puede ser todo lo grande que se quiera, pero que en los momentos del peligro alberga, aglomeradas y despavoridas, a más de dos mil almas en el espacio de las cubiertas, a lo sumo de doscientos metros de largo, que resulta estrechísimo para el horroroso desorden del naufragio. Dominar entre el ruido de los elementos, de las bocinas, de los gritos de socorro, a los hombres que avanzan imperativos buscando salvación por cualquier medio, contener las avalanchas formidables de gentes dominadas por el terror, es cosa que sorprende y que apenas se concibe haya podido realizar este gallardo mayor Butt…”.
Las fotos que se conservan del héroe lo muestran apuesto y elegante. Había logrado cercanía al presidente Teodoro Roosevelt actuando en la guerra con España y luego fue ayudante militar del siguiente presidente, Howard Taf.
¿Cuáles eran sus virtudes? Simpático, afable, experto organizador de ceremonias, fiestas. Manejaba los protocolos como nadie, conocía a todo el mundo y se coincidía en que era indispensable en el gobierno. Taft lo apreciaba mucho y por eso lo animó a tomarse unas vacaciones en Europa para, de paso, llevarle un mensaje al Papa Pío X.
Luego de varias semanas placenteras, Butt embarcó con su pareja (“close friend”) Francis Millet de regreso a Nueva York, en el formidable “Titanic”, toda una joya. Los registros de la empresa naviera indican que adquirieron boletos de Primera Clase, ocupando la Cabina B-38 por la que pagaron, cada uno, unas 26 Libras Esterlinas. Una pequeña fortuna.
Butt y Miller estaban jugando cartas en el salón de fumadores cuando el barco chocó con el iceberg y se precipitó el naufragio. Entonces corrieron, como los demás, a salvarse y varios testigos contaron que Butt, a balazos, hizo respetar la consigna de “mujeres y niños primero”.
Ni él ni su pareja lograron subir a bote alguno. Tranquilos, abrazados, esperaron el final inevitable y se hundieron en el Atlántico.

Mañana: “La Crónica” y el Titanic”

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