Archivo mensual: julio 2012

Cierto, ese periodista la tenía enorme…

La leyenda de Víctor Noir

“Cierto, el coleguita la tenía enorme, a juzgar por la escultura que es de un realismo impresionante”. Así me describió otro colega la estatua yacente de Víctor Noir, periodista, asesinado a tiros por un Bonaparte en enero de 1870.
La tumba está en el cementerio parisino de Pere Lachaise y la historia del periodista “que la tenía grande” la conocía de muchos años. Pero esta vez una amiga la visitó y me contó: “Y además vi a varias jóvenes que se acercaron a tocarle el.. este.. ya sabes…”.
¿Cuál es la historia? Se llamaba Yvan Salmon y adoptó el seudónimo de “Victor Noir” cuando comenzó a firmar sus notas en el diario “La Marselleise”, de París.
Por un entrevero político largo de contar, Noir y un colega fueron a la casa del príncipe Pierre Bonaparte enviados por su director para fijar condiciones de duelo.
Discutieron, hubo cambio de golpes y Bonaparte sacó un revólver y mató a Noir.
La noticia provocó gran conmoción y no solo política porque el periodista solo tenía 22 años y era muy querido por sus colegas y por muchas damas, según afirma la leyenda que se cultivó después.
A su velorio fueron muchas personas y entre ellos el escultor Jules Dalou, quien hizo una estatua a tamaño natural de Noir presentándolo como si estuviera muerto en la calle. Procuró darle el mayor realismo, representándolo tal como lo había visto. Y decidió no disimular la enorme protuberancia del pene del coleguita, que era indisimulable por lo grande.
El drama del periodista se convirtió en leyenda urbana y sitio de culto para las damas que deseaban aumentar su fertilidad. Solo había que besarlo en los labios, colocar una flor en su sombrero… y acariciar… “eso”…
Todavía lo visitan y lo tocan. Por años estuvo rodeado de una valla para que no desgastaran más la hermosa estatua de bronce pero la abrieron al público luego de una protesta.
Y ahí están las fotos, para que no se diga que hacemos blog-amarillo…

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Periodistas, no se pierdan esta película sobre Hemingway y Gellhorn

-Ella fue, lejos, mejor periodista que el novelista

Los periodistas deben ver el film que pronto estrenarán en Lima con el título de “Pasión al Límite” pero que en su versión original se titula “Hemingway&Gellhorn” porque cuenta la historia de amor de la célebre pareja y su matrimonio.-que solo duró cinco años.
Hemingway conoció en La Florida a esa bella gringa, Martha, que bebía a la par, que no tenía miedo a nada, que ya había publicado una novela de éxito y que no dudó en marcharse con él a España para ser testigos y participantes ocasionales de la Guerra Civil.
La violencia y drama de la guerra, sobre la cual Hemingway hacía despachos, impulsó a Martha a unirse a los corresponsales que enviaban crónicas y pronto “Colliers” comenzó a publicarlas. Así, al lado del gran escritor y medio de la crudeza de la guerra, la Gellhorn inició su gran carrera de periodista.
Luego de cubrir el drama español y ya divorciada de Hemingway trabajó intensamente en la cobertura de la Segunda Guerra. Y fue la primera periodista que describió el cuadro atroz de Dachau. Aquí un breve fragmento de su famoso despacho:

“… Tras el alambre de espinos y la valla eléctrica, personas esqueléticas se sentaban al sol buscándose los piojos. No tenían ni caras ni edad; todos ellos parecían lo mismo, como nada que vayas a ver en tu vida, si tienes suerte. Cruzamos el ancho, sucio y poblado campo de entre las barracas de prisioneros y llegamos al hospital. En el hall había mas personas como esqueletos sentados que desprendían un olor a enfermedad y muerte. Nos miraban pero no se movían. No había expresión en esas caras amarillentas, con esa piel estirada por los huesos. Lo que parecía haber sido un hombre en un tiempo se deslizó hacia la oficina del doctor. Era un polaco de unos 2 metros de largo y menos de 50 kilos que vestía una camiseta de prisión a rayas, un par de botas desabrochadas y una manta que trataba de arropar en sus piernas. Sus ojos eran grandes y extraños y sobresalían de su cara, y su mandíbula parecía que iba a cortar su piel. Había venido a Dachau desde Buchenwald en el último transporte de la muerte. Había otros 50 de sus compañeros ahora muertos a las afueras del campamento.
Cuando estas camionetas llegaban los alemanes mantenían encerrados a hombres, mujeres y niños hasta que morían de hambre o sofocados. Gritaban y trataban de salir forzadamente, pero los alemanes disparaban de vez en cuando a la camioneta para acallar el tumulto…”

Estuvo después en todas las guerras: China, Vietnam, la destrozada Yugoslavia, cubrió la invasión norteamericana de Panamá hasta que finalmente, a los 89 años, dejó de luchar contra el cáncer suicidándose en 1998, tal como lo hizo su célebre exmarido.
Martha Gellhorn escribió y publicó mucho, reunió sus crónicas, editó memorias pero nunca dedicó un solo párrafo a Hemingway y menos habló de él. Se odiaron hasta el final.
Ahora el film citado trata de reconstruir esa historia llevando a Clive Owen y Nicole Kidman a los papeles centrales. El director es Philip Kaufman (de quien resaltan su tendencia a no disimular las escenas de amor… como se evidencia en el film que verán….).

Bolivia invade Chile, Perú ataca Talcahuano, Chile bombardea La Paz,Brasil toma San Cruz, Argentina invade Chile….

-Evocación de Enrique Congrains Martin

Los críticos literarios piensan que lo mejor que escribió Enrique Congrains Martin fue su primero libro, “Lima Hora Cero”, un breve volumen con cuatro cuentos que inauguraron la literatura urbana realista y que provocó enorme interés.
Congrains tenía 22 años y era un flaco alto, desgarbado, apasionado, incansable. Vargas Llosa lo recuerda con cariño en sus memorias y no falta quien asegura que era un poco chiflado aunque le reconocen su brillantez.
Inventaba, editaba, imaginaba proyectos imposibles, hacía política (militó en el trostskismo y pasó algunos meses en la cárcel). Y escribía de todo para ganarse la vida y él mismo visitaba los colegios y vendía sus libros pedagógicos.
Viajó mucho acarreando sus colecciones y estuvo años en Venezuela. En algún momento se decidió a publicar textos sobre la Guerra del Pacífico y editó diez volúmenes que todavía se consiguen por ahí.
No ocultaba su inquina por los vecinos del sur y probablemente por esto decidió escribir “Guerra en el Cono Sur”, publicado en 1979 y que relata siete días de combates en el Cono Sur y en los que Chile lleva la peor parte. De paso imaginò también lo que muchos peruanos quisieran: traer el “Huáscar” al Callao o hundirlo.
En uno de los episodios de ataque peruano a Chile está el de Talcahuano. Un grupo de comandos asalta la base chilena, toma el “Huáscar” a sangre y fuego y al no poder remolcarlo hacia la flota que espera deciden volarlo: “… Tres minutos después de abandonar el Huáscar, volaron las cargas explosivas situadas a lo largo de su línea de flotación… en el campo de batalla dejamos los cuerpos de 16 compañeros de armas… la operación de reembarque se hizo sin mayores pérdidas gracias al apoyo brindado porm los caza bombarderos argentinos…”.
El libro termina con la intervención de ejércitos de la Unión Soviética y los Estados Unidos.
Congrains hizo una última incursión en la literatura con un voluminoso libro de ciencia-ficción titulado “999 palabras para el Planeta Tierra”. Relata que una nave extraterrestre se posa cerca de las pampas de Nazca y anuncia que solo es una “Nave-Editora” que tiene como fin elaborar una “entrada” sobre la Tierra para una Enciclopedia Intergaláctica. El problema es que solo puede constar de 999 palabras, ni más ni menos.
Don Enrique falleció hace un par de años y su desaparición fue muy comentada y lamentada. Lo conocimos y apreciamos. Y nunca supimos lo que pensaron los chilenos de su venganza literaria.