Los periodistas… qué tal historia (III)

RicardoPalma, el mejor ejemplo de periodista del siglo XIX: literato, político… y hombre de prensa.


-Del discutido Bausate para acá…

Desde aquel histórico 1ro de octubre de 1790 en que el aventurero (pero periodista al fin) Antonio Cabello y Mesa asumió el seudónimo de “Jaime Bausate y Meza” y puso a la venta el “Diario de Lima”, se ha publicado en nuestro país miles de periódicos de todo tamaño, intención, calidad, pobres y prósperos, buenos y malos; hay los que duraron muchos años, los que han pasado los cien años y los que solo resistieron un día. Incluso algunos que confeccionaron su “edición cero” y nunca salieron a la calle.
Todos esos periódicos fueron confeccionados por quienes urgidos por la política o la vocación decidieron hacerse periodistas, escribir, estampar su firma.
Un “periodista” de los tiempos de Bausate era lo que hoy llamaríamos un panfletario. Pero así eran los ardorosos franceses de la Revolución allá en Europa cuya influencia llegaba hasta estas lejanísimas tierras sin que la censura pudiera impedirlo.
“Periodistas” también fueron los editores y redactores que aprovecharon la Ley de Imprenta de las Cortes de Cádiz y lanzaron los periódicos que no requerían censura previa ni aprobación eclesial.
También eran “periodistas” los independentistas que en Paracas desembarcaron caballos, cañones y dos imprentas, al igual que los oficiales a quienes Bolívar encargó editar “El Peruano”.
¿Cuándo llegaría la diferenciación entre aquellos periodistas ocasionales y los que abrazaban el oficio como medio de vida? Sin duda cuando los diarios se hicieron ya grandes, de muchas páginas por llenar incluyendo la vida social, los sucesos policiales y deportivos y, sobre todo, la política.
La primera referencia formal al gremio data recién de 1891 cuando Luis Carranza y José Antonio Miró Quesada, dueños y codirectores de “El Comercio” convocan a fundar la “Prensa Asociada del Perú” que en su estatuto decía, por ejemplo, que los fines eran “Enaltecer la profesión de periodista” y más adelante el dramático “Proteger y procurar todo lo que tienda a asegurar a los periodistas y a sus familias contra la miseria”.

Abelardo Gamarra


No era verdad, como lo reconoce la historia oficial del diario. Era la formación de un clásico grupo de presión para defenderse del cacerismo y por eso en la lista de asociados solo figuran propietarios, editores, con la excepción solitaria del famoso Abelardo Gamarra, periodista y editor a la vez.
La sociedad fue tan frágil e interesada que se olvidó apenas cayó Cáceres. Llegaron Piérola, López de Romaña y “El Comercio” dejó de promover el auxilio “a los periodistas de profesión que se inutilicen en el trabajo y a sus familias que quedasen en pobreza evidenciada”. Hoy ¿Nos hace falta una asociación así?

Mañana terminamos.

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