Archivo mensual: enero 2013

-¿Qué escribió Vargas Llosa sobre Uchuraccay?

-Borró Uchuraccay de sus Memorias

Mario Vargas Llosa defendió con energía las conclusiones de la Comisión que presidió sobre los llamados entonces “Sucesos de Uchuraccay” y concedió varias entrevistas a los pocos días de entregado el Informe.
El 7 de marzo de 1983 las revistas “Oiga” y “Caretas” publicaron sendas conversaciones, la primera con Uri Ben Schmuel y la segunda con Alberto Bonilla, que fueron recogidas en el libro “Contra Viento y Marea” publicado en 1990.
Pero hubo una tercera entrevista, aquel mismo día, y extensa, que le hizo el inquisitivo Ricardo Letts para “El Diario Marka” publicada en dos días seguidos. Vargas Llosa no consideró relevante conservarla en su libro citado.
El primero de sus textos importantes fue publicado en el suplemento dominical del diario “The New York Times” el 31 de julio de 1983.

Textos y entrevistas sobre Uchuraccay están aquí.

Textos y entrevistas sobre Uchuraccay están aquí.


El título en inglés era “Inquest in the Andes” (“investigación policial en los Andes” en traducción literal) pero lo llamó “Matanza en los Andes” para su versión en castellano que difundió la revista mexicana “Vuelta” de Octavio Paz.
En ese mismo año se sintió obligado a refutar una crítica de un periodista de “The Times” de Londres” (“El periodismo como contrabando”), contestó a los familiares de los periodistas (“Carta a unos familiares de luto”) y vapuleó a un periodista sueco (“Respuesta a Bo Lindblon”).
Al año siguiente solo registra un texto en “ABC” titulado “Contra los estereotipos” y finalmente, en “El Comercio” criticó con dureza al Juez Huayhua en el artículo “Las bravatas de un juez”.
(Estos textos están en el libro citado de 1990 menos, insistimos, la entrevista que le hizo Letts, conocido dirigente de la izquierda).
Vargas Llosa hizo adiós a Uchuraccay para siempre y no volvió a referirse al tema, ni siquiera, recordemos, en sus memorias tituladas “El Pez en el Agua” y quizá porque, como declaró en noviembre de 1984 al preguntársele sobre la conducta del tribunal: “Creo que es la ofensa más grande que se me ha hecho a mí en la vida, y sin que haya la más mínima justificación que dé pie a semejante ofensa. He sido interrogado de la manera más vejatoria, injustificada y abusiva. Eso me ha dolido profundamente” (“El Comercio”. 29.11.84. p. A6).

¿Y el resto de la Comisión?
Mario Castro Arenas dejó la dirección de “Correo” y se dedicó a sus tareas de Decano del Colegio de Periodistas, colaborando para la elección de Alan García a la Presidencia del país. En recompensa, fue llamado al Servicio Diplomático y luego nombrado Embajador en Panamá, donde finalmente se enamoró, casó, fue nombrado Director de Cultura del Banco de Panamá y reside ya como ciudadano panameño.

Un libro de Juan Cristóbal, indispensable para el caso.

Un libro de Juan Cristóbal, indispensable para el caso.


Abraham Guzmán Figueroa debe haber fallecido, no tenemos noticia de la fecha. Estaba jubilado cuando el presidente Belaunde lo convenció para que integrara a la Comisión y al cumplir el encargo volvió a su apacible retiro y actividades de Rotario notable. Escribía canciones y el trío “Los Chamas” inmortalizó su vals “Ensueño de Amor” que los interesados pueden escuchar en YouTube.
Vargas Llosa continuó su carrera de escritor, incursionó con éxito en la política y finalmente ganó el Premio Nobel de Literatura, nada menos.

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Uchuraccay, la pesadilla de Vargas Llosa (FINAL)

El Juez envía a su cuarto al escritor bajo la vigilancia de un Guardia (foto: revista OIGA)

El Juez envía a su cuarto al escritor bajo la vigilancia de un Guardia (foto: revista OIGA)

-Hermenegildo Ventura Huayhua, juez inolvidable

Vargas Llosa se defendió de las críticas con la pluma, su incuestionable mejor arma y en julio de 1983 publicó en inglés la extensa crónica “Inquest in the Andes” en el dominical del “The New York Times”, trabajo que luego se difundiría en la revista “Vuelta” de Octavio Paz y en otros medios con el título de “Historia de una matanza”.
Y cuando creía que su participación en el tema había terminado recibió la notificación para declarar ante el Tribunal ayacuchano que presidía el juez Hermenegildo Ventura Huayhua, un oscuro abogado acobambino que al parecer gracias a su militancia aprista logró el nombramiento de vocal en la Corte Superior de Ayacucho, en marzo de aquel 1983.
Es probable que Huayhua viera en el juicio una buena oportunidad de lograr notoriedad imitando quizá su amigo y mentor Carlos Enrique Melgar.
Los Comisionados viajaron el 25 de noviembre de 1984 a Ayacucho y ese mismo día tuvieron una tensa conversación con el Juez en la que, según se filtró, fueron informados de la intención de rebatir el Informe e incluso pedirles que lo retiren porque existían, dijo, evidencias de la participación de los militares en la ejecución de los periodistas.
Por supuesto, Vargas Llosa y los otros se negaron rotundamente. Y por eso al día siguiente al llamar al estrado a la Comisión eligió primero a Vargas y envió a Castro y Guzmán a un balcón donde no escucharían el testimonio de sus presuntos cómplices.
La tesis de Huayhua era que Vargas Llosa debía pasar de testigo a acusado porque su Informe encubría hechos que había conocido, sometiendo al escritor a un interrogatorio agotador, extenso y a veces ridículo. Fotos de Oiga018
Por ejemplo, insistió en que lucraba con el tema cobrando hasta 50 mil dólares por artículo; le exigió que le revelara cuánto dinero tenía en sus “ahorros en el exterior”, que si practicaba la “filosofía hedonista” provocando risas en el auditorio y sorpresa en el testigo quien, a decir verdad, nunca perdió la compostura.
Fueron 15 horas de pie frente al Tribunal. Luego lo mandaron a su habitación bajo vigilancia policial y prohibición de salir por ningún motivo, ni para comer. Un guardia le alcanzó un pan con asado.
Al día siguiente interrogaron a Mario Castro y a Guzmán Figueroa en el mismo tono. Pero éste, penalista y juez experimentado, no se dejó intimidar y defendió con energía la honradez de la Comisión pese a que Huayhua gritaba “¿Ganó o no ganó?”
Huayhua logró estar en todos los medios informativos y adelantó su versión de los hechos, anunciando prácticamente que el Tribunal sentaría en el banquillo a Vargas Llosa.
En las semanas siguientes el juez Huayhua insistió en que haría “revelaciones sensacionales que dejarán malparado al escritor” lo que final provocó que las autoridades judiciales lo suspendieran y resolvieran, en agosto del 85, que el proceso sea trasladado a Lima.
Vargas Llosa se quejó amargamente del trato recibido en Ayacucho calificándolo de vejatorio y humillante en una entrevista en “El Comercio” (29.11.84) que al final añadió:
“Mario Vargas Llosa ha terminado, dijo, su actuación como testigo en este caso. Hoy al mediodía viajará invitado por la Universidad de los Andes para ofrecer una conferencia”.

–FIN–

Mañana, a manera de epílogo: ¿Qué dijo, escribió Vargas Llosa sobre el tema Uchuraccay?

Uchuraccay, la pesadilla de Vargas Llosa (III)

El hallazgo de las fotos finales de Willy Retto avivaron la controversia sobre la prese cia de Sinchis en Uchuraccay.

El hallazgo de las fotos finales de Willy Retto avivó la controversia sobre la presencia de Sinchis o extraños en Uchuraccay.


-Las fotos finales de Willy Retto

Apenas entregado y publicado el Informe, el 4 de marzo, llovieron las críticas desde la izquierda con violencia que se iba acentuando a medida que pasaban los días. Y el líder de la impugnación era “El Diario Marka” que, vale la pena anotarlo, había cambiado de rumbo porque ahora tenía una dirección tripartita, Jaime Urrutia, Marco Martos y Carlos Angulo. Los diarios “Hoy” y “La República” (dirigido entonces por Guillermo Thorndike) se sumaron al cuestionamiento mientras que “El Comercio” apoyaba la versión oficial, la de la Comisión.
“Sendero Luminoso” estuvo entre los primeros en rechazar el Informe. Un comando senderista ocupó la recién fundada emisora “Huanta 2000” por 15 minutos , los suficientes para hacer leer una proclama en que rechazaba responsabilidad y atribuía las muertes de los periodistas a “grupos paramilitares” y amenazaba con venganza (El Diario Marka. 7.3.83. p. 3).
Preocupado por las reacciones, Vargas Llosa no dudó en conceder entrevistas a quien se las pidiera, incluido Marka. Fue así como el 6 de febrero mismo aceptó un extenso interrogatorio de Ricardo Letts que resultó tan largo que fueron necesarios dos días para publicarlo completo. La entrevista se llama “Vargas Llosa y los vicios del informe”.
En suma, las hipótesis contrarias a la principal Convicción Absoluta eran por lo menos dos: militares se habían confundido entre los comuneros para matar a los periodistas; o los iquichanos habían esperado la llegada de la patrulla mixta –Marina y Guardia Civil- y fueron éstos quienes les dieron muerte a culatazos.
Un suceso extraordinario extremó la crítica al Informe: en mayo de aquel 1983 fue hallada la cámara de Willy Retto en un maletín escondido en una pequeña cueva cerca de Uchuraccay. Y allí estaban las instantáneas del grupo rodeado por comuneros amenazantes, en escenas que tuvieron diversas interpretaciones y que desmentía la versión de que llevaban una bandera roja que tenían armas, etc. Tampoco se veía a fuerzas del orden.
Pero esto era, final, un elemento más para la discusión.

Huahua: Vagas nunca lo olvidará.

Huayhua: Vargas nunca lo olvidará.


Porque el mal rato para la Comisión llegó cuando el Tribunal Correccional de Ayacucho abrió instrucción en agosto de 1984 a los comuneros de Uchuraccay y llamó como testigos de concurrencia obligatoria a numerosas personas, militares y civiles y entre éstos, a Vargas Llosa, Guzmán y Castro, anunciando que el juicio se iniciaría el 28 de setiembre en la capital ayacuchana.
Así fue como Vargas Llosa debió enfrentar en noviembre de 1984 al agresivo juez Hermenegildo Ventura Huayhua quien lo haría pasar uno de los peores ratos de su vida.

Mañana: Ventura Huayhua versus Vargas LLosa

Uchuraccay, la pesadilla de Vargas Llosa (II)

La Comisión escucha a líderes de la Comunidad. Ninguno entendía el quechua.

La Comisión escucha a líderes de la Comunidad. Ninguno entendía el quechua.

-El Informe y sus discutidas “Convicciones”

Desde que los comisionados llegaron a Ayacucho fue evidente que la tarea sería muy difícil pues la hostilidad era general, pese a que el Gobierno les había asegurado las máximas facilidades.
Los militares se negaban a exponer documentos, el Poder Judicial local se sentía postergado y hasta maltratado, los colegas ayacuchanos se cuidaban de hablar porque las amenazas eran de verdad.
Sin embargo, en escasas cuatro semanas Vargas Llosa, Castro, Guzmán, y su equipo de asesores entrevistaron a decenas de personas, incluyendo la visita al propio Uchuraccay donde convocaron a los pobladores, los iquichanos acusados del asesinato de los ocho periodistas, con los que sostuvieron una tensa reunión que sirvió de poco.
Ya desde el primer día fue evidente que los militares vigilaban de cerca a los comuneros e impedían que se expresaran en castellano (casi todos lo hablaban) y hasta los corregían cuando afirmaban algo –y es el caso del famoso corresponsal de “Marka” Luis Morales, que los entrevistó en quechua ante un oficial que intervenía y lo acusaba de presionarlos.
Como fuere, reunieron abundante material y regresaron a Lima para redactar el Informe y cumplir con el plazo de un mes que les había dado el gobierno.
Vargas Llosa reunió los textos propios y de los asesores como un rompecabezas y en una ceremonia pública en Palacio de Gobierno entregó formalmente al Presidente el “Informe de la Comisión Investigadora de los Sucesos de Uchuraccay” y que al día siguiente fue publicado completo por “El Comercio” (sábado de marzo de 1983. Pp. A-6, A-7).
Ante la imposibilidad de una investigación mayor Vargas Llosa propuso una curiosa metodología, las famosas “Convicciones” que dividió en “Absolutas” (hechos sin dudas), “Relativas” (muy probables, posibles) y “Dudosas” (sin comprobación, de distintas interpretaciones).Entrega Informe017
Y así a lo largo de muchas páginas, la Comisión hizo afirmaciones tan absolutas como ésta, que levantaría una ola de críticas desde sectores de izquierda y hasta de familiares: “…. (Se) ha llegado a la Convicción Absoluta de que el asesinato de los periodistas fue obra de los comuneros de Uchuraccay, posiblemente con la colaboración de comuneros de otras comunidades iquichanas, sin que, en el momento de la matanza, participaran en ellas fuerzas del orden”.
Probablemente Vargas Llosa creyó que al entregar el Informe acababa su encargo. Si pensaba así se equivocó pues las semanas siguientes debería soportar un alud de críticas al que hizo frente a duras penas.

Mañana: el cargamontón contra el escritor

Uchuraccay: la pesadilla de Vargas Llosa (I)

"La República" dio cuenta de la instalación de la Comisión en sábado 5 de febrero de 1983.

“La República” dio cuenta de la instalación de la Comisión en sábado 5 de febrero de 1983.


-Debe ser un amargo recuerdo…

Hace mucho que Mario Vargas Llosa no se refiere a Uchuraccay, aquel espantoso episodio de la historia del Perú que, el 26 de enero de 1983, costó la vida de ocho periodistas. Ni siquiera en su memorioso libro “El Pez en el Agua”. Ni una palabra.
Nuestro Nobel de Literatura formó parte de una Comisión Investigadora nombrada el 4 de febrero por el presidente Belaunde para investigar el suceso. Lo acompañaban el periodista Mario Castro Arenas y el jurista Abraham Guzmán Figueroa y nunca fue nombrado “Presidente” pero su creciente fama hizo que los medios llamaran al grupo “Comisión Vargas Llosa” y nadie lo desmintió.
La horrorosa muerte de los ocho periodistas provocó una enorme conmoción local y más todavía a nivel mundial. Las miradas se dirigieron al presidente Belaunde primero y luego al problema –que muchos ignoraban- de la existencia de un enfrentamiento sin cuartel entre subversivos y fuerzas del orden en parajes lejanos, remotos para la mayoría.
La prensa extranjera se puso en alerta porque ya cosas pasaban a mayores y llegaron Enviados Especiales que pugnaban por viajar a Ayacucho para ver ese sangriento conflicto de cerca.
Es de imaginar la confusión del Presidente Belaunde quien tampoco tenía mucha idea de la envergadura del problema. Y luego de consultas y reuniones interminables con ministros y militares decidió que debía dar una respuesta mediática, propagandística. Y que mejor que llamar al afamado Mario Vargas Llosa.
Uchuraccay Todos
En nombre de los periodistas llamaron a Mario Castro Arenas, recién elegido Decano Nacional del flamante Colegio de Periodistas del Perú. También a un jurista de gran prestigio, el citado Guzmán Figueroa.
Este era un anciano ya retirado y no se entiende bien las razones de su aceptación. Los periodistas hurgaron archivos y encontraron que su salto a la fama jurídica lo había dado cuando aceptó ser Defensor de Oficio de Carlos Steer Lafont el asesino del director de “El Comercio” y de su esposa el 15 de marzo de 1935. Era un aprista fanático que luego del crimen intentó matarse tres veces quedando muy malherido. Lo llevaron al Hospital Loyza y luego de algunas curaciones los médicos autorizaron que sea interrogado pero la legalidad exigía la presencia de un Defensor y en ese momento paseaba por el pasillo el joven Guzmán quien no dudó en aceptar, llevando el caso hasta el final, defendiendo a un indefendible. Luego ratificó su creciente fama cuando, ya en calidad de Juez Instructor, le tocó en suerte el célebre caso de Mamoru Shimitzu, aquel enigmático japonés que asesinó a palazos a una familia de siete paisanos, mujeres y niños incluidos.
Tenía pues una enorme experiencia penal y sin duda era el indicado para dar pasos seguros en el difícil encargo de Uchuraccay.
Castro Arenas, militante del Apra, era conocido en la prensa desde que se anunció el estreno de la película nacional “La muerte llega al segundo Show”, un bodrio policial estrenado en 1958 sin pena ni gloria. Hizo una carrera periodística a la vez que de ensayista y hasta historiador. Formó parte del equipo de Pedro Beltrán en “La Prensa” y luego de la devolución de los diarios confiscados, en 1980, fue llamado para dirigir “Correo”.
Apoyado por el Partido Aprista logró la presidencia del Colegio de Periodistas y por ello el presidente Belaunde lo tomó en cuenta para integrar la Comisión que, ingenuamente, creía que presidiría.
Pero la opinión pública nombró “Presidente” al escritor quien a su vez llamó a varios especialistas que lo ayudaría mejor, pensó, a esclarecer y comprender el drama. Y viajaron con él los antropólogos Juan Ossio, Fernando Fuenzalida y Luis Millones; el psicoanalista Max Hernández y los lingüistas Rodolfo Cerrón, Clodoaldo Soto y Ricardo Valderrama.

Mañana: un mes después, el Informe

“La Prensa”, debacle y triste final

La última  foto de la redacción del diario donde todavía colgaba una gran foto de Pedro Beltrán. Nunca más lograría nadie entrar a esa famosa sala.

La última foto de la redacción del diario donde todavía colgaba una gran foto de Pedro Beltrán. Nunca más lograría nadie entrar a esa famosa sala.


-¿Por qué cerró el diario de Baquíjano?

“… Algún día les contarás a tus hijos que ahí, en ese edificio que se cae de viejo, ahí hubo un periódico, el más conservador e influyente de Lima, guarida de brujas, cacheros, borrachos, huaraperos, putas, chupapingas, sicópatas y gatos techeros. Chau, La Prensa. Thanks for the memories…”.
El texto es de Jaime Bayly y está en las últimas páginas de su divertida caricatura del diario de Beltrán, “Los últimos días de La Prensa” y que, se advierte al principio, es una novela.
Pero muchos de los que estuvieron allí, en 1986, en los reales últimos días, aseguran que es un “roman a clé”, es decir, una crónica con nombres alterados y que, por ejemplo “Larrañaga” el director, es realmente Arturo Salazar Larraín a quien el nuevo directorio entregó la empresa.
Pero los dispendios o mala administración, novelesca o real, no fueron las razones reales de la crisis del diario.
Sencillamente, las derechas que habían sostenido la vieja versión y en particular la oligarquía agraria no tenían ya interés en invertir dinero que podían poner, por ejemplo, en la televisión o en la cadena de “Correos” o en “El Comercio” que los Miró Quesada renovaban con visión empresarial moderna.
Salazar Larraín era un buen editorialista y seguramente una buena persona pero cometió varios errores graves. Por ejemplo reemplazó al experimentado director de informaciones Luis Guerrero por Elsa Arana Freire, ya mayorcita y buena revistera pero nada que ver con la pasión y energía cotidianas que hacen falta en este oficio.
Luego intentó replicar el viejo modelo de reclutamiento que había probado con éxito Beltrán en los años 50, llamando a jóvenes universitarios (Salazar Larraín entre éstos). Y cancelando a profesionales reunió a un puñado de jovencitos que lideraba su hijo Federico y componían, entre otros, Pablo Cateriano, Enrique Ghersi, Iván Alonso, Carlos Espá, Freddy Chirinos, Mario Ghibellini, Juan Carlos Tafur, Alvaro Vargas Llosa y Jaime Bayly, de escasos 16 años.
La verdad es que hacía falta mucho más que los entusiasmos de aquellos veinteañeros para hacer de “La Prensa” un buen diario.
El gobierno de Belaunde concedió créditos y ventajas tributarias a los medios expropiados pero ni aún así pudo Salazar Larraín sacar al periódico de la crisis que se ahondaba cada día hasta que el “señores, lo siento, no va más” se anunció en julio de 1984 cuando ya la inflación se desataba (por ejemplo, el premio mayor de la lotería limeña era de mil millones de soles).
Y en medio del desorden se hizo cargo del moribundo diario el conocido periodista del Opus Dei don Federico Prieto Celi, quien redactó el último editorial. Aquel sábado 28 de Julio, en edición extraordinaria de cuatro páginas, dijo que volverían, que solo necesitaban ayuda para seguir adelante. Pero poco después no apareció más en los quioscos limeños dejando en la calle a 485 trabajadores.
“La Prensa” está ahora en la Nube y pueden visitarla en “LaPrensa.com.pe” y pertenece a la empresa de su viejo y sempiterno rival “El Comercio”. Y el gran edificio del jirón de La Unión, “La Cueva de Baquíjano” sigue en pie convertido en tiendas y depósito comercial.

FIN

“La Prensa”, Beltrán y los militares del 68 (III)

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-Ese golpe no estaba en el libreto de las derechas

En clara diferencia con “El Comercio”, Pedro Beltrán lanzó las mejores plumas de “La Prensa” contra el golpe militar de octubre del 68 que derrocó al presidente Belaúnde bajo el liderazgo del general Juan Velasco Alvarado.
Evidentemente esta vez el control de la política había escapado de las manos de los grupos dominantes tradicionales y la estabilidad de sus intereses estaba seriamente amenazada.
“La Prensa” libró una dura batalla contra los militares velasquistas y recibió de aquellos castigos, como la famosa disposición prefectural de enero de 1972 que impidió a Beltrán seguir siendo el Director del diario pues se alegó que había infringido el Estatuto de la Libertad de Prensa, Decreto Ley 18075 que estipulaba que los directores de medios debían residir en el país y se consideraba como no-residentes a quienes hubieran salido del Perú más de ese lapso.
Fue una leguleyada de los militares pero que obligó a los propietarios a nombrar como nuevo director al sobrino Pedro Beltrán Ballén, y a don Pedro a quedarse en los Estados Unidos prácticamente en calidad de exiliado.
Cuando la toma de los diarios de 1974 el gobierno militar nombró como director al distinguido educador Walter Peñaloza quien debió enfrentar una fuerte resistencia de los beltranistas que no depusieron su actitud opositora al gobierno.
Cuando Velasco Alvarado fue reemplazado por Morales Bermúdez a mediados de 1975 asumió la dirección Gilberto Escudero, hombre de confianza de los militares y que duró hasta el año siguiente, julio de 1976 en que fue nombrado el reputado académico Luis Jaime Cisneros.
Así, aunque de manera irregular, el apellido Cisneros volvió a “La Prensa” pero debe advertirse que hizo honor a la tradición familiar pues fue la mejor época del diario expropiado tanto en términos de calidad como de buen periodismo plural… en la medida en que esto era posible en un gobierno militar tan autoritario.
Luis Jaime renunció en 1978 y lo reemplazó el abogado Alfredo Quispe Correa quien a su vez fue cambiado por el director que se encargaría de la transición, Carlos Quiroga, en 1980.
Pedro Beltrán no pudo volver a dirigir su diario pues murió en Nueva York en febrero de 1979 pero su viuda, Miriam Kropp, volvió a Lima para presidir el Directorio que decidió entregar el timón a Arturo Salazar Larraín, uno de los más fieles de la vieja guardia beltranista.
Salazar tomó una curiosa decisión (que siguieron también los otros diarios expropiados y devueltos): borrar de la historia del diario los años militares y, sobre todo, eliminar el recuerdo de los directores diciendo “Que caiga sobre ellos un piadoso olvido”.
Pero, como sabemos, la historia fue más bien ingrata con él pues condujo a “La Prensa” a la quiebra y al cierre definitivo.
Mañana: Las últimas horas de “La Prensa”
La Prensa Tres011