“La Prensa”, debacle y triste final

La última  foto de la redacción del diario donde todavía colgaba una gran foto de Pedro Beltrán. Nunca más lograría nadie entrar a esa famosa sala.

La última foto de la redacción del diario donde todavía colgaba una gran foto de Pedro Beltrán. Nunca más lograría nadie entrar a esa famosa sala.


-¿Por qué cerró el diario de Baquíjano?

“… Algún día les contarás a tus hijos que ahí, en ese edificio que se cae de viejo, ahí hubo un periódico, el más conservador e influyente de Lima, guarida de brujas, cacheros, borrachos, huaraperos, putas, chupapingas, sicópatas y gatos techeros. Chau, La Prensa. Thanks for the memories…”.
El texto es de Jaime Bayly y está en las últimas páginas de su divertida caricatura del diario de Beltrán, “Los últimos días de La Prensa” y que, se advierte al principio, es una novela.
Pero muchos de los que estuvieron allí, en 1986, en los reales últimos días, aseguran que es un “roman a clé”, es decir, una crónica con nombres alterados y que, por ejemplo “Larrañaga” el director, es realmente Arturo Salazar Larraín a quien el nuevo directorio entregó la empresa.
Pero los dispendios o mala administración, novelesca o real, no fueron las razones reales de la crisis del diario.
Sencillamente, las derechas que habían sostenido la vieja versión y en particular la oligarquía agraria no tenían ya interés en invertir dinero que podían poner, por ejemplo, en la televisión o en la cadena de “Correos” o en “El Comercio” que los Miró Quesada renovaban con visión empresarial moderna.
Salazar Larraín era un buen editorialista y seguramente una buena persona pero cometió varios errores graves. Por ejemplo reemplazó al experimentado director de informaciones Luis Guerrero por Elsa Arana Freire, ya mayorcita y buena revistera pero nada que ver con la pasión y energía cotidianas que hacen falta en este oficio.
Luego intentó replicar el viejo modelo de reclutamiento que había probado con éxito Beltrán en los años 50, llamando a jóvenes universitarios (Salazar Larraín entre éstos). Y cancelando a profesionales reunió a un puñado de jovencitos que lideraba su hijo Federico y componían, entre otros, Pablo Cateriano, Enrique Ghersi, Iván Alonso, Carlos Espá, Freddy Chirinos, Mario Ghibellini, Juan Carlos Tafur, Alvaro Vargas Llosa y Jaime Bayly, de escasos 16 años.
La verdad es que hacía falta mucho más que los entusiasmos de aquellos veinteañeros para hacer de “La Prensa” un buen diario.
El gobierno de Belaunde concedió créditos y ventajas tributarias a los medios expropiados pero ni aún así pudo Salazar Larraín sacar al periódico de la crisis que se ahondaba cada día hasta que el “señores, lo siento, no va más” se anunció en julio de 1984 cuando ya la inflación se desataba (por ejemplo, el premio mayor de la lotería limeña era de mil millones de soles).
Y en medio del desorden se hizo cargo del moribundo diario el conocido periodista del Opus Dei don Federico Prieto Celi, quien redactó el último editorial. Aquel sábado 28 de Julio, en edición extraordinaria de cuatro páginas, dijo que volverían, que solo necesitaban ayuda para seguir adelante. Pero poco después no apareció más en los quioscos limeños dejando en la calle a 485 trabajadores.
“La Prensa” está ahora en la Nube y pueden visitarla en “LaPrensa.com.pe” y pertenece a la empresa de su viejo y sempiterno rival “El Comercio”. Y el gran edificio del jirón de La Unión, “La Cueva de Baquíjano” sigue en pie convertido en tiendas y depósito comercial.

FIN

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