Uchuraccay, la pesadilla de Vargas Llosa (FINAL)

El Juez envía a su cuarto al escritor bajo la vigilancia de un Guardia (foto: revista OIGA)

El Juez envía a su cuarto al escritor bajo la vigilancia de un Guardia (foto: revista OIGA)

-Hermenegildo Ventura Huayhua, juez inolvidable

Vargas Llosa se defendió de las críticas con la pluma, su incuestionable mejor arma y en julio de 1983 publicó en inglés la extensa crónica “Inquest in the Andes” en el dominical del “The New York Times”, trabajo que luego se difundiría en la revista “Vuelta” de Octavio Paz y en otros medios con el título de “Historia de una matanza”.
Y cuando creía que su participación en el tema había terminado recibió la notificación para declarar ante el Tribunal ayacuchano que presidía el juez Hermenegildo Ventura Huayhua, un oscuro abogado acobambino que al parecer gracias a su militancia aprista logró el nombramiento de vocal en la Corte Superior de Ayacucho, en marzo de aquel 1983.
Es probable que Huayhua viera en el juicio una buena oportunidad de lograr notoriedad imitando quizá su amigo y mentor Carlos Enrique Melgar.
Los Comisionados viajaron el 25 de noviembre de 1984 a Ayacucho y ese mismo día tuvieron una tensa conversación con el Juez en la que, según se filtró, fueron informados de la intención de rebatir el Informe e incluso pedirles que lo retiren porque existían, dijo, evidencias de la participación de los militares en la ejecución de los periodistas.
Por supuesto, Vargas Llosa y los otros se negaron rotundamente. Y por eso al día siguiente al llamar al estrado a la Comisión eligió primero a Vargas y envió a Castro y Guzmán a un balcón donde no escucharían el testimonio de sus presuntos cómplices.
La tesis de Huayhua era que Vargas Llosa debía pasar de testigo a acusado porque su Informe encubría hechos que había conocido, sometiendo al escritor a un interrogatorio agotador, extenso y a veces ridículo. Fotos de Oiga018
Por ejemplo, insistió en que lucraba con el tema cobrando hasta 50 mil dólares por artículo; le exigió que le revelara cuánto dinero tenía en sus “ahorros en el exterior”, que si practicaba la “filosofía hedonista” provocando risas en el auditorio y sorpresa en el testigo quien, a decir verdad, nunca perdió la compostura.
Fueron 15 horas de pie frente al Tribunal. Luego lo mandaron a su habitación bajo vigilancia policial y prohibición de salir por ningún motivo, ni para comer. Un guardia le alcanzó un pan con asado.
Al día siguiente interrogaron a Mario Castro y a Guzmán Figueroa en el mismo tono. Pero éste, penalista y juez experimentado, no se dejó intimidar y defendió con energía la honradez de la Comisión pese a que Huayhua gritaba “¿Ganó o no ganó?”
Huayhua logró estar en todos los medios informativos y adelantó su versión de los hechos, anunciando prácticamente que el Tribunal sentaría en el banquillo a Vargas Llosa.
En las semanas siguientes el juez Huayhua insistió en que haría “revelaciones sensacionales que dejarán malparado al escritor” lo que final provocó que las autoridades judiciales lo suspendieran y resolvieran, en agosto del 85, que el proceso sea trasladado a Lima.
Vargas Llosa se quejó amargamente del trato recibido en Ayacucho calificándolo de vejatorio y humillante en una entrevista en “El Comercio” (29.11.84) que al final añadió:
“Mario Vargas Llosa ha terminado, dijo, su actuación como testigo en este caso. Hoy al mediodía viajará invitado por la Universidad de los Andes para ofrecer una conferencia”.

–FIN–

Mañana, a manera de epílogo: ¿Qué dijo, escribió Vargas Llosa sobre el tema Uchuraccay?

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