Archivo mensual: febrero 2013

Historia de La Crónica (Tres)

-Larco Herrera, un “barón del azúcar”, el nuevo dueño
Si alguien podía ser calificado de oligarca en el Perú en los años 30, era sin duda don Rafael Larco Herrera, co-dueño –con sus hermanos- de Chiclín, Chiquitoy y otras haciendas azucareras del norte.

Rafael Larco Herrera, dueño de La Crónica de 1931 a 1942.

Rafael Larco Herrera, dueño de La Crónica de 1931 a 1942.


La familia Larco, llegada al Perú a mediados del 19, había logrado superar la invasión y exacción chilena de la Guerra gracias a sus conexiones inglesas y pronto rehízo su pequeño reino cerca de Trujillo, afianzando su fortuna y su influencia.
Rafael tenía la vocación de la política y quería ser Presidente, sin duda. Al caer Leguía estuvo en la Junta de Gobierno de 1931 y luego ocupó otros cargos de importancia… pero él quería ser Presidente.
En ese año de 1931 le ofrecieron a precio módico la agonizante empresa La Crónica y Variedades S.A., la que compró asumiendo el cargo de Presidente del Directorio, dejando a sus periodistas lo noticioso. Allá estaban los históricos Domingo López de la Torre, Santiago Vallejo, Guillermo Corzo, Oscar Paz, los grandes “policiales” Becerra y Marcoz Sarrín, el deportivo Oscar Paz, los fotógrafos Ego Aguirre.
De paso fundó en Trujillo el diario La Nación, de escasa trascendencia.
El semanario Variedades no volvió a salir y La Crónica fue sostenida por el millonario que apoyó a Benavides, luego a la candidatura de Jorge Prado Ugarteche en 1936, forcejeando con José Quesada que había comprado La Prensa para su candidatura.
Larco Herrera estaba sin duda en el proyecto político de mediano plazo de la ya poderosa familia Prado que se perfilaba como líder en el sistema bancario por medio del Banco Popular. Y por esto aceptó postular como Primer Vicepresidente junto con Manuel Prado en las elecciones generales de 1939, con el auspicio del presidente Oscar R. Benavides. No podían perder.
Eran años difíciles en lo internacional. Se iniciaba la Segunda Guerra y Prado y Larco eran pro norteamericanos sin dudas. Y aquí fue donde Larco Herrera se peleó con el Presidente.
Roosevelt invitó a Prado a Washington en abril de 1942 y cuando el dueño de La Crónica creyó que, por fin, se pondría la banda presidencial por lo menos unos diez días, el Presidente decidió que sería reemplazado por el Consejo de Ministros haciéndole, en fin, una criollada que indignó al magnate.
No dudó en lanzar sus diarios contra Prado pero le surgió un sorpresivo frente interno en La Crónica. Un grupo de periodistas le lanzaron acusaciones, hicieron denuncias, la Caja de Depósitos le reclamó por deudas que él creía arregladas por el gobierno pero sobre todo, la empresa que proveía de papel a La Crónica y que le concedía crédito generoso reclamó el pago.
En agosto de ese 1942 Larco Herrera se declaró derrotado y transfirió sus acciones a la Papelera Peruana, de la familia Prado.
Desalentado y triste por la deslealtad pradista se retiró al norte donde sostenía una lucha encarnizada con sus hermanos por el control del negocio azucarero y finalmente murió en Lima en 1956.
Entre sus virtudes debemos destacar su pasión por reunir piezas prehispánicas. Su hijo, Rafael Larco Hoyle, heredó y trabajó la enorme y valiosa colección que hoy está en el museo de su nombre, en Pueblo Libre.
Manuel Prado, mañoso y desleal, impidió que Larco Herrera fuera Presidente por diez días.

Manuel Prado, mañoso y desleal, impidió que Larco Herrera fuera Presidente por diez días.

Sigue: La Crónica para el Imperio Prado

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Historia del diario La Crónica (Dos)

La Crónica y Variedades, en manos de Palma y Leguía

Clemente Palma, fundador y director de La Crónica y Variedades.

Clemente Palma, fundador y director de La Crónica y Variedades.


La trágica y temprana muerte del fundador de Variedades y La Crónica, el portugués Manuel Moral, dejó ambas publicaciones en manos de Clemente Palma, quien había asumido la dirección por decisión del propietario.
No conocemos detalles de la herencia de Moral y debemos presumir que Palma, Gálvez, Hernández y otros de los que controlaron ambos periódicos honraron la memoria del gestor y dueño atendiendo a las necesidades de la familia.
Clemente Palma, como saben, era el hijo mayor del célebre periodista más conocido como “tradicionista” don Ricardo Palma quien al fundarse el diario acababa de ser removido como Director de la Biblioteca Nacional. Hubo entonces un desencuentro con el presidente Leguía pero que fue resuelto muy rápido.
Y La Crónica y Variedades fueron puestos al servicio de los intereses de Augusto B. Leguía, quien fue generoso con Palma en sus gobiernos sucesivos, como veremos.
Clemente no necesitó de la ayuda del padre para afirmarse como intelectual y político influyente pues era hombre de genio y creatividad. Hacía literatura fantástica, siendo hoy reconocido como pionero; redactaba la crítica de toros firmando como “Apapucio Corrales”, llevaba la crítica literaria y, en fin, su personalidad marcaba La Crónica y Variedades aunque era en esta última que desplegaba sus talentos.
El diario, que había sido concebido como tabloide de agilidad informativa al estilo norteamericano pronto fue reduciendo sus intereses a las noticias sensacionales, policiales, convirtiéndose en órgano oficioso del leguiísmo. Se recordará que durante el Oncenio, Leguía tuvo a su merced La Crónica, Variedades, la revista Mundial de Andrés Aramburú, La Prensa confiscada, el diario El Sol y otras publicaciones que le hacían coro. Y cuando surgían otras voces, como José Carlos Mariátegui, por ejemplo, fueron silenciadas de inmediata y muchas veces mediante deportaciones.
Gracias a Leguía fue elegido y reelegido diputado y viajó con frecuencia representando al gobierno. Siguió escribiendo y publicando, dejando el diario en manos de redactores que lo condujeron al espacio menos conflictivo: la crónica policial, los crímenes y sus frecuentes exageraciones la ganaron el mote de “la mentirosa”.
Las grandes fotos de Leguía eran frecuentes en la primera página, pagando al final la entrega excesiva pues apenas aquel fue derrocado Clemente Palma fue arrestado y llevado al Frontón por los militares que lideraba el nuevo Presidente, el comandante Sánchez Cerro, en 1930.
El presidenteLeguía y la primera Miss Perú, en febrero de 1930. En setiembre sería derrocado.

El presidenteLeguía y la primera Miss Perú, en febrero de 1930. En setiembre sería derrocado.


Sin embargo ya Palma no dirigía La Crónica y Variedades, periódicos sumergidos en la dramática crisis económica que le costaría el gobierno a Leguía.
En 1930 el director era Pedro Dulanto y entraría en escena Manuel Cisneros Sánchez, promotor de la candidatura presidencial de Manuel Prado Ugarteche. Fue Cisneros quien maniobró para que la empresa fuera vendida en 1931 al magnate azucarero Rafael Larco Herrera, el dueño de “Chiclín”.
¿Y Palma? Partió a Chile, al exilio. Regresó cuando Sánchez Cerro fue asesinado en 1933 y luego publicó un libro de homenaje a Leguía. No retornó jamás a la política ni al periodismo y murió como discreto funcionario de Relaciones Exteriores, en 1946.

Mañana: La Crónica de Rafael Larco Herrera

Historia del diario La Crónica (Uno)

-Manuel Moral, fotógrafo portugués, fue el fundador

“Hemos adoptado para La Crónica el pequeño formato, que ya se está adoptando profusamente en Europa y otros países adelantados de América. Hoy que todo el mundo lee y que lee en cualquier parte, los grandes formatos tradicionales tiene inconvenientes que el pequeño formato salva. Excelsior en París, A.B.C. en Madrid y muchos diarios ingleses y norteamericanos, responden a esta conveniencia de comodidad para la lectura, que ha venido a ser ya una exigencia de la vida moderna, agitada y rápida.”

En la casa del medio, en la calle Mercaderes, al lado de la Casa Welsch, fue fundada La Crónica. Llevaba en e frontis un retrato de Daguerre.

En la casa del medio, en la calle Mercaderes, al lado de la Casa Welsch, fue fundada La Crónica. Llevaba en e frontis un retrato de Daguerre.


Así justificaron los fundadores de La Crónica el tamaño tabloide, toda una novedad en Lima que tenía como periódicos principales al ya tradicional El Comercio civilista-pardista (1839) y a La Prensa (1903) demócrata-pierolista.
El dueño era el portugués Manuel Moral, fotógrafo talentoso y sin duda carismático que había llegado a Lima apenas terminada la guerra con Chile, en 1883. Veinteañero, aficionado a la fotografía, abrió un pequeño estudio en el Callao logrando éxito porque se especializó en los retratos de damas.
A principios del siglo ya tenía dinero, era conocido, y se decidió a plantar competencia a los venerables Courret, Manoury, asociándose inicialmente con Garreaud e instalándose en pleno centro, nada menos que en la calle Mercaderes a pocos pasos de la Plaza de Armas, del Famoso estudio Courret y de las tiendas comerciales más distinguidas de entonces.
Se unió pronto a la bohemia limeña y en su estudio se reunían intelectuales y periodistas como Julio Hernández, Carlos Germán Amézaga, Clemente Palma y otros. Terminó casándose con Julia María, la hija de Hernández y fue éste quizá quien lo convenció de promover la fotografía por medio de una revista propia, en la que aparecerían a toda páginas las damas de sociedad que fotografiaba su reputado estudio, la Casa Moral (originalmente “Casa Lusitana”).
Así apareció Prisma. Y luego Variedades, Ilustración Peruana, Figuritas y finalmente Palma y José Gálvez lo animaron a la aventura del diario propio, La Crónica.
¿Quería hacer política el portugués? Quizá su intención era comercial pero Clemente Palma, el flamante director, era partidario de Leguía a quien acompañaría hasta el final.
En ese abril de 1912 terminaba su mandato Augusto B. Leguía y se perfilaba como seguro Presidente el acaudalado azucarero Antero Aspíllaga.
A pcos días de fundada La Cronica la gran noticia del hundimiento del Titanic sacudió al mundo. La Crónica supo aprovechar la conmoción.

A pcos días de fundada La Cronica la gran noticia del hundimiento del Titanic sacudió al mundo. La Crónica supo aprovechar la conmoción.


Cuando estaban en campaña apareció La Crónica y celebró la presencia del candidato sorpresivo, Guillermo Billinghurst , héroe de la guerra, dinámico exalcalde de Lima y que terminó ganando las elecciones.
La Crónica fue fundada en la calle Mercaderes (véase la foto) y luego Moral compró una casona en la calle Pando (jirón Carabaya) adonde se trasladaría meses después. Y fue allí donde Manuel Moral murió de un fulminante infarto cuando inspeccionaba los arreglos del nuevo local, un aciago 7 de noviembre de 1913. Solo tenía 48 años.

Mañana: La Crónica, que llamaron “la mentirosa”

¿Quién fue Modesto Molina?: Un patriota peruano, tacneño

Persiguiendo a Modesto Molina (III)

Encontramos al periodista, compositor, profesor, poeta tacneño Modesto Molina Paniagua en episodios importantes de nuestra historia de tiempos difíciles. Por ejemplo, como testigo del asesinato del expresidente Manuel Pardo en 1878, como director del diario “El Comercio” de Iquique que se ve obligado a cerrar ante la invasión chilena del 79, como editor del periódico “La Voz del Perú” en Iquique en 1903 resistiendo luego al proceso de chilenización de las provincias cautivas, como editor de “La Voz del Sur” en Tacna, y un largo etcétera.

Modesto Molina, gran periodista.

Modesto Molina, gran periodista.


Y como cronista y testigo, dejando para la posteridad el dramático relato del combate naval de Iquique en que el “Huáscar” espoloneó y hundió al “Esmeralda” pues había abordado al monitor poco antes del encuentro.
Leamos un párrafo:
“A una evolución de la Esmeralda en que presentó hacia el sudoeste su costado de estribor, le acometió por tercera vez el Huáscar con su ariete, descargándole dos cañonazos. Uno de estos le llevó por completo la proa, por la cual comenzó a hundirse.
Fue en este tercer choque cuando el comandante Prat de la Esmeralda saltó, revólver en mano, sobre la cubierta del Huáscar gritando: ¡Al abordaje, muchachos! Lo siguieron un oficial Serrano, que llegó hasta el castillo, en donde murió, un sarjento de artillería i un soldado. Todos estos quedaron en la cubierta muertos. Prat llegó hasta el torreón del comandante, junto al cual estaba el teniente Velarde, sobre el cual hizo tres tiros que le causaron la muerte.
Entonces un marinero acertó a Prat un tiro de comblain en la frente, destapándole completamente el cráneo, cuyos sesos quedaron desparramados sobre cubierta”.
Firmado el Tratado de Ancón en 1883 quedaron para decisión futura las provincias peruanas de Tarapacá, Arica y Tacna (cuyo destino se decidiría recién en 1929).
Un importante grupo de intelectuales sureños asumieron la tarea patriótica de lograr que revirtieran al Perú y, sobre todo, que no se perdiera el ánimo peruanista, la llama patriótica. Y entonces encargaron a Modesto Molina la confección de un Himno a Tacna, que comienza así:
“Mantengamos el fuego sagrado
Del amor a la patria, inmortal,
Que Dios salva y eleva a los pueblos
Que confían en su libertad”.
Pero quien puede contar mejor toda esta historia es el conocido y reconocido Cronista de Tacna, don Fredy Gambetta, animoso y, sobre todo, generoso intelectual tacneño. Gracias a él conocimos mejor a don Modesto Molina, cuya biografía completa estará en el libro que preparamos junto a otros autores y que se titulará “Los Periodistas en la Guerra con Chile”.
Ojalá esté listo para el 8 de octubre. Y quizá sea Tacna el lugar ideal para presentarlo.
El gran monumento del campo de batalla del Alto de la Alianza.  Adelante, dos patriotas.

El gran monumento del campo de batalla del Alto de la Alianza. Adelante, dos patriotas.


-FIN-

Tacna 1963: ¡los correos secretos de Cuba!

Raul Villarán no tenía problemas con las noticias: siempore había una bajo la manga.. como esta, de dudosa confirmación

Raul Villarán no tenía problemas con las noticias: siempore había una bajo la manga.. como esta, de dudosa confirmación


-Persiguiendo a Modesto Molina (II)
¿Era bueno el Periodismo-Villarán? Había reunido en Lima lo mejor del periodismo de entonces tanto de Lima como de provincias apelando al recurso que Luis Banchero Rossi conocía bien para reclutar buen personal, esto es, doblarles el sueldo que ganaban en sus redacciones de origen.
Los editores provincianos, como yo en Tacna y los de Arequipa, Piura, Huancayo, Cusco, aguardábamos cada noche la decisión inapelable de Villarán sobre el contenido de la primera página.
Sospecho que a veces exageraban o sencillamente inventaban, como aquella noticia (ilustración que incluyo) sobre la dramática lucha de una madre por salvar a sus hijitos de garras de cóndores hambrientos… y así nos enviaban varias de tanto en tanto que publicábamos con resignación.
Pero en febrero de 1963 hubo noticias locales que sacaron de la modorra veraniega a los tacneños, como por ejemplo el escándalo de la agresión a Inés I, Reina del carnaval local.
Fue elegida por Notables sin percatarse de que su madre era chilena y entonces corrió el rumor malintencionado y patriotero: “¡Han elegido a una chilena!”
El día del Corso, 5 de febrero, una turba arrojó huevos, tierra, algunas piedras a las bellezas que debieron abandonar precipitadamente los carros alegóricos y refugiarse en taxis o en casa vecinas. Está demás decir que la edición de “Sur” se agotó al día siguiente.
¿Encontraron los documentos cubanos? Lo cierto es que policías y "rangers" buscaron intensamente.

¿Encontraron los documentos cubanos? Lo cierto es que policías y “rangers” buscaron intensamente.


Y poco después, un avión de pasajeros del Lloyd Aéreo Boliviano se estrelló en las alturas de Tacna casi en la frontera con Bolivia y entonces enviamos a un reportero y un fotógrafo a cubrir la noticia.
Pero sucedió algo extraordinario al día siguiente: un amigo del aeropuerto nos avisó de la llegada de un avión norteamericano del que estaban bajando dos helicópteros que ya hacían pruebas.
Corrimos al aeropuerto y vimos en efecto el enorme aparato, quizá un Héercules, los helicópteros ya armados y listos y un par de grandes carpas verdes, antenas, soldados norteamericanos armados que iban y venían en el improvisado campamento.
¿Por qué, para qué habían llegado esos gringos? Pronto se supo que en el avión viajaban diplomáticos cubanos y los americanos querían obtener los documentos que presumían portaban hacia Bolivia. Recuérdese que ya Fidel Castro había declarado “el carácter marxista de la Revolución” y el antagonismo era abierto y agresivo.
Llegaron en efecto al lugar del accidente, quizá encontraron los documentos y ayudaron a trasladar los cadáveres hacia Tacna en sus modernos aparatos.
Pero la tragedia no había terminado porque el médico legista, el distinguido tacneño doctor Céspedes, apenas llegó a las alturas del accidente para extender los documentos de ley cayó muerto de un infarto masivo provocado por la altura. Y al día siguiente, un desesperado ariqueño encontró el cadáver de su esposa allá mismo, la abrazó y también quedó muerto.
Así, pasaban cosas en Tacna, pocas pero pasaban…
¿Y Modesto Molina? Les prometo que ahora sí, mañana les cuento…

Persiguiendo en Tacna a Modesto Molina… (I)

-Pero primero me busqué a mí mismo..

Mi primer día en Tacna.. y mi primera página, el 5 de diciembre de 1962. Todo venía de Lima aunque tuve algunas noticias sensacionales.

Mi primer día en Tacna.. y mi primera página. Todo venía de Lima aunque tuve algunas noticias sensacionales.


Siguiendo los pasos del legendario periodista Modesto Molina he regresado a Tacna luego de 53 años, y antes de ahondar en su búsqueda me busqué yo mismo pues trabajé allá varios meses como editor del diario “Sur” (hoy “Correo”) de Luis Banchero Rossi.
Y allá está la colección casi completa en el Archivo cuyos primeros meses revisé con melancolía pues pese a que estuve poco en Tacna hubo tiempo para una gran experiencia profesional porque fue una etapa difícil de la historia peruana. El gobierno de Manuel Prado había sido derrocado por militares que vetaron a Haya de la Torre y el autoritario general Pérez Godoy perseguía a todo lo que tuviera color rojo.
Fui uno de los periodistas que convocó Raúl Villarán para conformar los equipos de periodistas que se encargarían de la futura gran cadena que solventaría el magnate de la pesca, Banchero Rossi, tacneño, y que pidió que el proyecto naciera en su tierra natal. La joya de la corona sería “Correo” de Lima.
“Sur” lo inauguró el cusqueño Gerardo Calderón, en junio del 62, le siguió el arequipeño Jorge Hani… y seguí yo que sería reemplazado por Jorge Sotil… y un largo etcétera. El diario pasó de “Sur” a “Correo del Sur” y finalmente “Correo” como un miembro más de la importante cadena de diarios de la Empresa Periodística Nacional que se edita en una docena de ciudades.
Hoy tiene un local moderno y lo edita un joven profesional, Jhon Surco, secundado por un puñado de muchachos que siguen protocolos editoriales diseñados en Lima. Largo de contar.
Llegué la primera semana de diciembre de aquel 1962 y me instalé en el Hotel Lima compartiendo espacios incómodos con agentes viajeros, prostitutas disfrazadas de bailarinas de boite y uno que otro periodista, como yo.
Agentes viajeros, damas de reputación dudosa, bailarinas y periodistas repletábamos el incómodo y caluroso Hotel Lima, que todavía está ahí.

Agentes viajeros, damas de reputación dudosa, bailarinas y periodistas repletábamos el incómodo y caluroso Hotel Lima, que todavía está ahí.


El viejo local del Pasaje Vigil, en el centro histórico de Tacna, ya no existe. Teníamos una sala de redacción y un taller con dos linotipos, tipos para los titulares y una vetusta rotoplana que solo la magia de un alcoholizado maquinista arequipeño hacía funcionar para lanzar los dos o tres mil ejemplares diarios que lanzábamos cada día. Competíamos con la venerable “La Voz de Tacna” de la familia Carbajal.
El diario se hacía en Lima y recibíamos las noticias por telégrafo. Nuestra autonomía periodística se reducía a una página que no era fácil de llenar porque Tacna no ofrecía noticias importantes, salvo raras excepciones. Pero que en mi época valieron la pena, como ya les contaré.
Cuando me hice cargo ya salían ediciones de “Correo” en Arequipa y Piura y le seguiría Huancayo. Todos recibían las noticias de Lima y las indicaciones de Raul Villarán y sus editores instalados en el viejo local del colegio La Recoleta, en la avenida Wilson, comprado por el magnate.
A todo esto… ¿Y Modesto Molina? Mañana les cuento.

Todos escriben sobre Veguita… Y yo también…

Jorge Vega "Veguita" en su salsa: hurgando entre libros viejos (Foto La República)

Jorge Vega “Veguita” en su salsa: hurgando entre libros viejos (Foto La República)

-Con Veguita también se marchan las viejas redacciones

Jorge “Veguita” Vega ha logrado a su muerte una muy rara unanimidad en la prensa limeña: los mejores han escrito sobre su vida, virtudes, razones de estimación. Bellos y sentidos textos de Lévano en La Primera, Gorriti en Caretas, Hildebrandt en su semanario, Páez en La República, Cárdenas en El Comercio, y sigue la lista. Elogian al que probablemente será recordado como el último librero ambulante de Lima.
Y estamos esperando el texto que seguro le dedicará el gran Víctor Hurtado, amigo y cliente entrañable.
Entonces, yo también escribo sobre Vega pero hago la diferencia porque, la verdad, nunca le compré un libro, jamás me tomé un trago con él porque soy abstemio crónico y tampoco lo acompañé alguna vez a visitar putas porque siempre detesté los burdeles. No presumo, enfatizo, de haber sido su amigo porque solo intercambiábamos saludos amables y uno que otro dato biográfico (sí, biográfico, no bibliográfico).
Pero teníamos en común lo más importante, esto es, la pasión por la cacería de libros viejos, raros, la búsqueda de textos difíciles de encontrar incluso en las bibliotecas.
Por años coincidimos en lugares de venta de libros viejos (no confundir con usados) y disfruté de su estilo de cazador de joyas. Tropezamos en zaguanes del viejo Centro, puestos de la avenida Grau, me hizo sentir seguro en la cachina de La Parada, hurgamos en rincones del jirón Quilca, nunca coincidimos en la Feria del jirón Amazonas.. . porque eso era para aficionados…
Pero no hay ni habrá más Veguitas en las redacciones sencillamente porque éstas ya no son las mismas ni los periodistas tampoco. Las viejas redacciones eran custodiadas por amables porteros, veteranos y amigables, absolutamente contrarios a los huachimanes de hoy que solo dejan pasar al que tiene carnet. Hoscos, desconfiados, veían a Veguita como un probable peligro.
Además, las damas están hoy en mayoría en las redacciones. ¿Se imaginan a las coleguitas bebiendo, maldiciendo y … etc. en un fin de semana?
O sea, con Veguita no solo se marcha el viejo estilo de vender libros sino también lo que quedaba de esas redacciones de chelas y burdel en las quincenas, de charlas interminables en cafés del centro porque hace muchos años que ningún colega toma lonche en El Hueco de la Pared de la calle Jesús María.
De una u otra forma con Veguita se marcha también el entorno de la generación de periodistas de los cincuentas y sesentas, de aquel ambiente irrecuperable del cual era gran personaje.
Hildebrandt se despide de Veguita diciéndole: “Nos vemos en el suelo”. Vale y me auno.