Persiguiendo en Tacna a Modesto Molina… (I)

-Pero primero me busqué a mí mismo..

Mi primer día en Tacna.. y mi primera página, el 5 de diciembre de 1962. Todo venía de Lima aunque tuve algunas noticias sensacionales.

Mi primer día en Tacna.. y mi primera página. Todo venía de Lima aunque tuve algunas noticias sensacionales.


Siguiendo los pasos del legendario periodista Modesto Molina he regresado a Tacna luego de 53 años, y antes de ahondar en su búsqueda me busqué yo mismo pues trabajé allá varios meses como editor del diario “Sur” (hoy “Correo”) de Luis Banchero Rossi.
Y allá está la colección casi completa en el Archivo cuyos primeros meses revisé con melancolía pues pese a que estuve poco en Tacna hubo tiempo para una gran experiencia profesional porque fue una etapa difícil de la historia peruana. El gobierno de Manuel Prado había sido derrocado por militares que vetaron a Haya de la Torre y el autoritario general Pérez Godoy perseguía a todo lo que tuviera color rojo.
Fui uno de los periodistas que convocó Raúl Villarán para conformar los equipos de periodistas que se encargarían de la futura gran cadena que solventaría el magnate de la pesca, Banchero Rossi, tacneño, y que pidió que el proyecto naciera en su tierra natal. La joya de la corona sería “Correo” de Lima.
“Sur” lo inauguró el cusqueño Gerardo Calderón, en junio del 62, le siguió el arequipeño Jorge Hani… y seguí yo que sería reemplazado por Jorge Sotil… y un largo etcétera. El diario pasó de “Sur” a “Correo del Sur” y finalmente “Correo” como un miembro más de la importante cadena de diarios de la Empresa Periodística Nacional que se edita en una docena de ciudades.
Hoy tiene un local moderno y lo edita un joven profesional, Jhon Surco, secundado por un puñado de muchachos que siguen protocolos editoriales diseñados en Lima. Largo de contar.
Llegué la primera semana de diciembre de aquel 1962 y me instalé en el Hotel Lima compartiendo espacios incómodos con agentes viajeros, prostitutas disfrazadas de bailarinas de boite y uno que otro periodista, como yo.
Agentes viajeros, damas de reputación dudosa, bailarinas y periodistas repletábamos el incómodo y caluroso Hotel Lima, que todavía está ahí.

Agentes viajeros, damas de reputación dudosa, bailarinas y periodistas repletábamos el incómodo y caluroso Hotel Lima, que todavía está ahí.


El viejo local del Pasaje Vigil, en el centro histórico de Tacna, ya no existe. Teníamos una sala de redacción y un taller con dos linotipos, tipos para los titulares y una vetusta rotoplana que solo la magia de un alcoholizado maquinista arequipeño hacía funcionar para lanzar los dos o tres mil ejemplares diarios que lanzábamos cada día. Competíamos con la venerable “La Voz de Tacna” de la familia Carbajal.
El diario se hacía en Lima y recibíamos las noticias por telégrafo. Nuestra autonomía periodística se reducía a una página que no era fácil de llenar porque Tacna no ofrecía noticias importantes, salvo raras excepciones. Pero que en mi época valieron la pena, como ya les contaré.
Cuando me hice cargo ya salían ediciones de “Correo” en Arequipa y Piura y le seguiría Huancayo. Todos recibían las noticias de Lima y las indicaciones de Raul Villarán y sus editores instalados en el viejo local del colegio La Recoleta, en la avenida Wilson, comprado por el magnate.
A todo esto… ¿Y Modesto Molina? Mañana les cuento.

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