Historia de La Crónica (Tres)

-Larco Herrera, un “barón del azúcar”, el nuevo dueño
Si alguien podía ser calificado de oligarca en el Perú en los años 30, era sin duda don Rafael Larco Herrera, co-dueño –con sus hermanos- de Chiclín, Chiquitoy y otras haciendas azucareras del norte.

Rafael Larco Herrera, dueño de La Crónica de 1931 a 1942.

Rafael Larco Herrera, dueño de La Crónica de 1931 a 1942.


La familia Larco, llegada al Perú a mediados del 19, había logrado superar la invasión y exacción chilena de la Guerra gracias a sus conexiones inglesas y pronto rehízo su pequeño reino cerca de Trujillo, afianzando su fortuna y su influencia.
Rafael tenía la vocación de la política y quería ser Presidente, sin duda. Al caer Leguía estuvo en la Junta de Gobierno de 1931 y luego ocupó otros cargos de importancia… pero él quería ser Presidente.
En ese año de 1931 le ofrecieron a precio módico la agonizante empresa La Crónica y Variedades S.A., la que compró asumiendo el cargo de Presidente del Directorio, dejando a sus periodistas lo noticioso. Allá estaban los históricos Domingo López de la Torre, Santiago Vallejo, Guillermo Corzo, Oscar Paz, los grandes “policiales” Becerra y Marcoz Sarrín, el deportivo Oscar Paz, los fotógrafos Ego Aguirre.
De paso fundó en Trujillo el diario La Nación, de escasa trascendencia.
El semanario Variedades no volvió a salir y La Crónica fue sostenida por el millonario que apoyó a Benavides, luego a la candidatura de Jorge Prado Ugarteche en 1936, forcejeando con José Quesada que había comprado La Prensa para su candidatura.
Larco Herrera estaba sin duda en el proyecto político de mediano plazo de la ya poderosa familia Prado que se perfilaba como líder en el sistema bancario por medio del Banco Popular. Y por esto aceptó postular como Primer Vicepresidente junto con Manuel Prado en las elecciones generales de 1939, con el auspicio del presidente Oscar R. Benavides. No podían perder.
Eran años difíciles en lo internacional. Se iniciaba la Segunda Guerra y Prado y Larco eran pro norteamericanos sin dudas. Y aquí fue donde Larco Herrera se peleó con el Presidente.
Roosevelt invitó a Prado a Washington en abril de 1942 y cuando el dueño de La Crónica creyó que, por fin, se pondría la banda presidencial por lo menos unos diez días, el Presidente decidió que sería reemplazado por el Consejo de Ministros haciéndole, en fin, una criollada que indignó al magnate.
No dudó en lanzar sus diarios contra Prado pero le surgió un sorpresivo frente interno en La Crónica. Un grupo de periodistas le lanzaron acusaciones, hicieron denuncias, la Caja de Depósitos le reclamó por deudas que él creía arregladas por el gobierno pero sobre todo, la empresa que proveía de papel a La Crónica y que le concedía crédito generoso reclamó el pago.
En agosto de ese 1942 Larco Herrera se declaró derrotado y transfirió sus acciones a la Papelera Peruana, de la familia Prado.
Desalentado y triste por la deslealtad pradista se retiró al norte donde sostenía una lucha encarnizada con sus hermanos por el control del negocio azucarero y finalmente murió en Lima en 1956.
Entre sus virtudes debemos destacar su pasión por reunir piezas prehispánicas. Su hijo, Rafael Larco Hoyle, heredó y trabajó la enorme y valiosa colección que hoy está en el museo de su nombre, en Pueblo Libre.
Manuel Prado, mañoso y desleal, impidió que Larco Herrera fuera Presidente por diez días.

Manuel Prado, mañoso y desleal, impidió que Larco Herrera fuera Presidente por diez días.

Sigue: La Crónica para el Imperio Prado

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