Archivo mensual: abril 2013

-Cómo rectificar una caricatura, o -La furia de la señoraJuárez

¿Cómo se rectifica una caricatura?

La mujer que está en la parte inferior de la caricatura de Alonso Núñez.. ¿es la señora Patricia Juárez? Y la dama, ¿está recibiendo dinero… o entregándolo? Y… ¿a quién, y por qué?
El problema es que doña Patricia -personaje importante en el proceso fracasado de la Revocatoria- creyó reconocerse en la mujer aquélla y exigió “la rectificación correspondiente” en furiosa carta enviada a El Comercio hace unos días y haciendo referencia al dibujo de Núñez publicado el 17 de marzo.

Caricatura de los "Revocadores" por Alonso Núñez" en El Comercio del 17 de marzo.

Caricatura de los “Revocadores” por Alonso Núñez” en El Comercio del 17 de marzo.


El tema es muy interesante y debe haber provocado más de una discusión o reflexión entre los artistas de la pluma que se especializan en tomar el pelo, generalmente con crueldad, a los personajes de la actualidad.
Los políticos que están en el candelero se aguantan, saben que son las reglas del juego, que hay que contar hasta diez. Y los artistas -a quien la sociedad concede patente de corso sin problemas- flagelan sin piedad a sus víctimas.
Alonso Núñez, Mario Molina y Javier Prado hicieron una exposición de sus trabajos en mayo del 2010 y la muestra se llamó “No vale picarse”. Y la verdad es que es muy raro que un caricaturizado reaccione como la señora Juárez que en su carta dice, por ejemplo que “ la malhadada caricatura me presenta como una mercenaria, condición que rechazo manera categórica”.
Núñez le contestó explicándole que una caricatura es “una opinión sin palabras, con imágenes, símbolos, alegorías, gestos, metáforas, con licencias que solo en el lenguaje artístico se pueden dar” y de yapa le dijo más adelante “En mi dibujo no la he querido calificar de ‘mercenaria’ pero usted lo ha interpretado así”.
Como todo un caballero arequipeño y con finísima ironía le pidió disculpas “ante el hecho concreto que se sienta agraviada”.
Y como verán en la reproducción que acompaña a esta nota, algunos personajes que creemos reconocer también deberían pedir “rectificación” a Núñez, como por ejemplo Alan García, Ljuis Castañeda, etc. y etc.
Para lo que ha servido la protesta de la señora Juárez es para renovar la discusión de los presuntos agravios mediante las caricaturas de corte político. Y si dichos trabajos están incursos en los códigos civiles o penales relativos a la imagen.
El problema es que una rectificación cabal consistiría en repetir el dibujo pero retirando a la presunta señora Juárez, o mejor, borrando a la dama que la señora Juárez afirma que es ella. O también Núñez podría colocar una circulito al lado de la doña diciendo “esta no es la señora Juárez…”. Uf.
Un famoso político decía que para hacer política en serio debía aprenderse en primer lugar a “tragar sapos”. Y si la señora Juárez no es capaz de tragarse ese sapito… mejor que se regrese a su bufete acompañando a su marido revocado.

¿En qué se parecen, Sofocleto, Vargas Llosa, Nicanor de la Fuente??

Además de ser escritores y peruanos… ¿Qué acerca a Mario Vargas Llosa con Luis Felipe, Sofocleto, Angell de Lama y el poeta norteño Nicanor de la Fuente??
Son -que sepamos- los únicos literatos nacionales que han inaugurado su propio monumento. El primero, nuestro Nobel de Literatura, en la Biblioteca Nacional y el segundo en una pequeña plaza de Paita que lleva el ambicioso nombre de “Parque Sofocleto”.

Sofocleto inaugurando su monumento, en Paita.

Sofocleto inaugurando su monumento, en Paita.


Sofocleto publicó sus primeros “Sinlogismos” en 1955 y luego, en 1957, una antología de “Sofocleto en Dos Columnas” que recogía sus textos publicados en “El Comercio”.
Fue una sorpresa para el mundo literario que ganara el Premio de Novela que auspiciaban el famoso librero Juan Mejía Baca y el impresor Villanueva, en 1958.
Se cuenta que se presentaron varios autores y entre éstos nada menos que José María Arguedas y se daba por descontado que ganaría. Pero al final el jurado prefirió la novela corta “La Tierra Prometida”, de Angell, porque trataba de un tema inédito, el drama de un migrante andino que trata de sobrevivir en Lima sufriendo penurias atroces y con un final trágico.
No volvería Angell a incursionar en la novela, decidiéndose por el humor y logrando finalmente la fama y el reconocimiento de sus paisanos paiteños que le consagraron el “Parque Sofocleto” un par de años antes de que muriera en el 2004. Las escasas fotos que se conservan de la ceremonia lo muestran feliz y sonriente al lado del adusto bronce que lo inmortalizaría.
Vargas Llosa no necesita de nuestra presentación. Al igual que Sofocleto inauguró su busto, que no es de bronce y que está en la entrada de la Biblioteca Nacional como constancia del reconocimiento nacional a su obra.
Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional.

Vargas Llosa en la Biblioteca Nacional.


El tercer literato que inauguró su busto y enfrente de su casa chiclayana, nada menos, fue el periodista, poeta, narrador Nicanor de la Fuente que llegó a la edad de 107 años.
Pero hay que añadir que hay más peruanos en la breve lista de los que inauguraron sus monumentos. Por ejemplo, la Universidad Nacional Agraria encargó al famoso artista Carlos Bernasconi el busto de Orlando Olcese, gran profesor, fundador con su hermano Aldo de los revolucionarios “Super Markets” en 1953.
Ya pasados los noventa años, Olcese presidió la ceremonia de inauguración de su busto y tuvo así la enorme satisfacción de comprobar que sus esfuerzos académicos no habían sido en vano y que generaciones de “molineros” lo apreciaban tanto que no dudaron en inmortalizarlo en vida.
Dejamos para el final al dictador democrático don Augusto B. Leguía, que lucía entre sus virtudes la carencia absoluta de pudor pues no se hizo de rogar cuando propusieron su nombre para parques, avenidas, plazas y, por supuesto, cuando le erigieron monumentos en La Punta, La Victoria, la avenida Leguía (hoy Arequipa), etc. Y también consintió que usaran el nombre de su papá Nicanor, su mamá Carmen, sus hermanos…
Leguía, sin verguenza, inauguró varios de sus monumentos.

Leguía, sin verguenza, inauguró varios de sus monumentos.


La diferencia con los anteriores es que de Leguía solo quedan dos efigies: el pequeño busto que estaba en la avenida Arequipa y que hoy descansa de manera inexplicable en el Parque de la Amistad de Surco y en el hermoso mural de coloridos mosaicos que está en la fachada de la Sociedad de Fundadores de la Independencia y Defensores Calificados de la Patria, también en la avenida Arequipa.

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