¡Flash! ¡Flash!¡Han matado a Kennedy!!

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Gargu en la entrada de Museo dedicado a la memoria de Kennedy, en la hostil Dallas.

Gargu en la entrada de Museo dedicado a la memoria de Kennedy, en la hostil Dallas.


-¡Preparen edición extraordinaria!!!!
Los viejos teletipos del pequeño recinto del segundo piso de “Expreso” parecían saltar de tanto que repiqueteaban sus pequeñas campanitas que clamaban atención. El tañido breve y apagado de “Urgente” era común pero la insistencia del ¡Flash! hizo que todos corrieran al rincón de la sección de Internacionales
Eran tres de esas máquinas de propiedad de las agencias de noticias que nos vendían servicios, United Press International (UPI), Associated Press ( AP) y France Press (AFP).
En ese momento las tres coincidían en una sola línea encabezada por el insistente“Flash”: “Dallas: El presidente Kennedy ha sido herido”. Y luego el definitivo “El presidente Kennedy ha muerto asesinado de varios disparos…”.
No había sitio para los emocionados redactores que nos agolpábamos para seguir de cerca las letras que iban apareciendo en los rollos de los teletipos formando párrafos y textos que alguien arrancaba y organizaba con alfileres.
Regresando de almorzar se abrió paso el gran Efraín Ruiz Caro, nuestro inolvidable jefe de redacción, reclamó los textos y no dudó en ordenar: “Esta noticia se merece una edición extraordinaria.. ¡llamen al director, al Regente del taller, a todos…”.
Era ya la media tarde del 22 de noviembre del 63 y yo trabajaba en “Expreso” encargado de la revista dominical “Estampa” y recién llegaba cuando encontré a la redacción alborotada. Ruiz Caro me llamó a unirme al grupo que redactaba titulares y organizaba los textos que iban llegando a raudales. El director José Antonio Encinas llegó raudo y aprobó la edición.
Felizmente había personal en el Taller y no fue difícil armar la edición que un par de horas más tarde gritaba “Asesinan a Kennedy”.

-En el lugar de los hechos…
Muchos años después estuve en Dallas para una cita académica y por un problema de reservas solo conseguí habitación en el modesto Hotel “Lawrence” alejado de la sede del congreso pero a solo una cuadra del lugar del trágico suceso del 63. Y desde mi ventana veía el edificio rojo, el local que almacenaba libros escolares y desde donde –presuntamente- Lee Harvey Oswald realizó los certeros disparos que dejaron atónito al mundo entero.
Allí en el sexto piso está el gran museo dedicado al crimen, Libros, fotos, la célebre camarita de Zapruder, proyecciones de escenas del crimen y por supuesto la ventana ahora cubierta de plástico para que los turistas no arranquen astillas para el recuerdo. “Aquí” nos dijo el guía “el asesino apoyó el rifle … espero, apuntó, hizo los disparos mortales…”.
Con los historiadores Celia del Palacio de México y Patricio Bernedo de Chile, recorrimos despacio el museo y luego fuimos al Memorial, un monumento en una gran plaza que en los sesentas era zona central pero que hoy es un barrio que solo animan los turistas, como nosotros, que nos tomamos las fotos de rigor para que conste.
Y luego, en un Mac Donald cercano, les conté mi historia de la edición extraordinaria.

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