“La Noche” de Mariátegui, el diario perdido

Estudiar exhaustivamente la vida y obra de un hombre parece imposible. Hay múltiples ejemplos que muestran que aquellos que aseguraron saber todo sobre alguien fueron después sorprendidos por informaciones recién descubiertas, textos inéditos, cartas furtivas.
A esta regla no escapa José Carlos Mariátegui, cuya vida y obra viene siendo objeto de observación sistemática y prácticamente desde su niñez pues en esa etapa de vida estaba cuando ingresó a trabajar al diario La Prensa, de Lima. Quedan aún, insistimos, aspectos poco conocidos de la obra del famoso periodista y que es probable que nunca lleguemos a conocer a cabalidad.Mariátegui
Es el caso del periódico humorístico La Noche, que Mariátegui editó en marzo de 1917 y del que no se conserva –que sepamos- ningún ejemplar.
La última etapa de redactor de Mariátegui, es decir de profesional empleado en una redacción y en una empresa periodística ajena, se cumplió en el diario El Tiempo, aquel excelente periódico que fundó Pedro Ruiz Bravo en 1916 para preparar –según se sabría después- la caída de José Pardo y las condiciones para el retorno al poder de Augusto B. Leguía.
Una observación somera dará cuenta de que hacia 1915 se inició un proceso de independencia de criterio de Mariátegui que lo llevó por cauces distintos a los de sus mentores intelectuales iniciales.
Recuérdese que cuando Mariátegui ingresó a La Prensa, este diario era el vocero Demócrata por excelencia, de apoyo sin regateos a Nicolás de Piérola y su partido fundado en 1884. La formación del joven periodista se realizó en aquel ambiente de intelectuales, algunos brillantes, que adhirieron a los ideales pierolistas y siguieron al caudillo de Cocharcas un poco ciegamente, sin cuestionamientos. Mucho de romántico había en esas adhesiones.
Este empecinamiento Demócrata provocó la clausura de La Prensa en 1909, luego del llamado “Día del Carácter”, el intento frustrado de los Piérola de hacer renunciar al presidente Leguía, dejando al niño Mariátegui sin empleo por una buena temporada. Los pierolistas más distinguidos y no pocos periodistas fueron a la cárcel o al destierro.
Es pues comprensible que el inteligente y sensible Mariátegui fijara su atención afectiva primero y política después, en las figuras Demócratas más relevantes.
Cuando Mariátegui llegar a ser redactor formal de La Prensa y se codeaba con cronistas profesionales cuajados como Leonidas Yerovi, Carlos Guzmán y Vera, José María de la Jara y otros, es un Demócrata. Sus artículos, amistades, comentarios, pertenecerán a esta vertiente política que tiene planteamientos ideológicos difusos basando mas bien su acción en las consignas de su caudillo, el famoso don Nicolás.

Incluso no acompañará Mariátegui la aventura populista del candidato y luego presidente Guillermo Billinghurst aun cuando los propietarios de La Prensa deciden apoyarlo por interés coyuntural. Son estos mismos los que iniciarán más tarde un activo proceso conspirativo para derrocarlo, lo que se logrará finalmente con el levantamiento del coronel Oscar R. Benavides en febrero de 1914.
No participó Mariátegui en ese proceso y quizá, como escribió Rouillón, “observaba con indiferencia y desdén la actividad en torno de la candidatura de Billinghurst”. Lo cierto es que no hemos hallado textos de nuestro periodista sobre este tema que evidentemente evadió en opinión implícita, aunque le sería imposible sustraerlo de su actividad profesional. Mariátegui, desde su mesa de redactor del segundo piso de La Prensa, fue testigo obligado de la decisión de apoyar a Billinghurst y debió acatar profesionalmente la campaña; y fue también más tarde testigo del desapego a los Demócratas al gobierno y de las intrigas para derrocarlo cuando se produjo el amago billinghurista de cerrar el Parlamento.
Cuando cayó Billinghurst y retornó Abraham Valdelomar a La Prensa se reunieron nuevamente los viejos amigos y se inició la etapa aquella de las tardes del hipódromo y los cocteles del Palais Concert, que el propio Mariátegui describirá como “decadente” pero que tiene como valor y signo un acelerado proceso de madurez que la mayoría de jóvenes de ese tiempo ni siquiera habría soñado.
No se explicaría de otro modo su reacción cuando su diario La Prensa fue vendido a Augusto Durand, caudillo del Partido Liberal y puesto al servicio de los intereses del presidente José Pardo. El anterior dueño, Alberto Ulloa Cisneros, estaba desterrado por Benavides y decidió vender el periódico (había conspirado para colocar en la Presidencia a Roberto Leguía, el vicepresidente constitucional de Billinghurst, a lo que se opuso Benavides. Inició entonces una nueva conjura pero el dictador lo deportó a Buenos Aires).
Los periodistas profesionales de todo el mundo suelen atravesar trances semejantes, esto es, cambios súbitos de línea política de los propietarios de la empresa, lo que los obligará a tomar una decisión: o se quedan, asumiendo el respeto a la nueva política editorial, o se marchan a otra empresa con la que tengan consonancia política.
Esta fue la decisión de José Carlos Mariátegui: se retiró de la empresa de La Prensa apenas Pedro Ruiz Bravo anunció que editaría un nuevo periódico y le ofreció una plaza de cronista parlamentario y comentarista. Lo acompañaron su amigo César Falcón y otros profesionales que en el flamante cotidiano El Tiempo ya no reconocerían como Demócratas. Apuntaremos que el Partido Demócrata ya finalizaba su vida política pues el caudillo estaba a las puertas de la m vierte y no se vislumbraba heredero de su envergadura; solo quedaban las ambiciones de sus hijos, que no estuvieron finalmente a la altura de su padre.
Mariátegui era por entonces, y eso ya está claro, un periodista de pensamiento liberal, de muy definido anticonservatismo y en consecuencia abrazó con entusiasmo la línea editorial que propuso Ruiz Bravo y que no fue otra que el anticivilismo, la oposición a José Pardo y su gobierno.
La lectura de los textos juveniles de Mariátegui pone en evidencia que se sintió cómodo en aquella línea plenamente liberal no atada a partidos, y le resultó posible desplegar sus talentos de periodista, escritor y también de organizador (como ejemplos está el Círculo de Periodistas de 1915, del que llegó a ser Vicepresidente en 1917).
La etapa que va desde la fundación de El Tiempo hasta su propuesta editorial del diario La Razón será, nos parece, la más fecunda de la primera parte de su vida –si la dividiéramos, claro, en antes y después de Italia).
En El Tiempo se reunieron periodistas como los citados Ruiz Bravo, Guzmán y Vera, Falcón y Mariátegui, Luis Ulloa Cisneros, Moisés Vargas Marzal, César Alzamora, Albert Secada, Humberto del Aguila y otros menos conocidos.
Mariátegui disfrutó de la plena confianza de los dueños y directores de El Tiempo; no tuvo límites para los temas de sus artículos firmados y especialmente la columna “Voces” que suscribía con su antiguo y popularizado seudónimo de “Juan Croniqueur”.
Todos los citados pusieron su energía y talento profesional al servicio de la tarea de la demolición del gobierno de José Pardo. Día tras día el Tiempo criticaba con dureza cualquier aspecto de la administración pardista, recogía todo tipo de denuncias, los columnistas se burlaban de sus parlamentarios, tejiendo lentamente las condiciones para acabar con el Gobierno (años después el propio José Pardo diría fue derrocado por el diario El Tiempo). Basadre destaca como el columnista más violento a Manuel Romero Martínez que firmaba como “El Abate Faría”: “Formuló insistentemente y en forma sensacionalista gravísimas acusaciones históricas contra el partido civil e impresionó con su retórica simple a la opinión pública” (Basadre, 1963: 3812).
Por supuesto José Carlos Mariátegui participaba de esta campaña apelando a su ingenio, humor, manejando con soltura las herramientas literarias adquiridas tempranamente gracias a la lectura y su inteligencia natural.
El año siguiente de la fundación de El Tiempo fue de gran importancia política pues de acuerdo a la Constitución vigente era necesario renovar un tercio del Congreso y llenar varias vacantes. En medio de la discusión política se produjo entonces un hecho que resultó decisivo para el deterioro del gobierno de Pardo, esto es, el asesinato en Puno del diputado Rafael Grau, de oposición, en incidente confuso y lamentable. Y poco después fue muerto en Cajamarca un candidato civil, Arnaldo Bazán; en Chumbivilcas asesinaron al candidato Augusto Ugarte.
Estos sucesos producto de enfrentamientos locales tuvieron sin embargo una proyección insospechada en la política central. Grau era hijo del gran héroe de la Guerra del Pacífico Miguel Grau y su muerte provocó una gran conmoción; y lo fue más todavía cuando sus hermanos Oscar y Miguel acusaron a Pardo de responsabilidad en el crimen .en carta publicada el 7 de marzo de 1917.
Es de imaginar que los redactores de El Tiempo encontraron aquí oportunidad propicia para una nueva campaña. Igualmente podemos suponer que el Gobierno se sintió más acorralado que nunca al no contar ya con la ayuda decidida de sus aliados en La Prensa y El Comercio.
Alguien entonces propuso al presidente Pardo editar un vocero propio, de contraataque.
Pronto corrieron rumores, que fueron confirmados, de que el gobierno preparaba la edición de un diario que se llamaría El Día.
En Lima todo se sabía rápidamente y más todavía en el pequeño ambiente periodístico porque todos los cronistas de cierta importancia se reunían en el Círculo de Periodistas. Apenas inició Octavio Espinoza la tarea de reclutamiento de personal, todos conocieron el proyecto.
Espinoza era un conocido escritor, periodista, que había participado en la asonada pieriolista para intentar derrocar a Leguía en 1909. Dividía su tiempo entre el deporte, la política y los negocios. Redactor talentoso, fue encargado por el coronel Benavides para editar el diario La Patria, en 1914, para apoyar a su gobierno y la candidatura de Pardo para las elecciones de 1915. Tenía pues experiencia y era además pardista. Por entonces trabajaba en la Junta Departamental y se le había encargado la vigilancia de la construcción de la hoy avenida Brasil.
Lo que se les ocurrió a los fogosos redactores de El Tiempo fue editar un periódico que se dedicaría solo al contraataque del nuevo diario, un poco al viejo estilo de los días de la Independencia en que se publicaban los “antis”; y publicaron sorpresivamente con caracteres destacados el siguiente aviso en la edición de El Tiempo del viernes 16 de marzo de 1917:
“LA NOCHE. Periódico de oposición que aparecerá después del día. Información crítica. Variedades y caricaturas. Tendrá un espíritu totalmente nuevo y desconocido en el diarismo de Lima. Saldrá próximamente”.
Al día siguiente, 17 de marzo, un aviso en la página 4 dará cuenta de la publicación del periódico La Chacota” (“Con un material de lectura importantísimo: ¡cómprela hoy!”) del que no tenemos referencia pero que seguramente era de oposición.
En aquellos días se publicaba en Lima los diarios El Comercio de los Miró Quesada, civilista pero no necesariamente defensor incondicional de Pardo; La Prensa, propardista pues su dueño Augusto Durand era embajador en Argentina; La Crónica, de Clemente Palma, de oposición discreta; La Unión, del Arzobispado, que evadía la política; El Tiempo, legista y de oposición cerrada. También apareció por un tiempo el diario El Perú dirigido originalmente por Luis Fernán Cisneros y luego por Víctor Maúrtua, Demócrata y antipardista. Circulaban además varias revistas entre las que vale la pena destacar el semanario humorístico El Mosquito que dirigía Florentino Alcorta y que logró suceso cuando popularizó el apodo de “El loco manso de Santa Teresa” para referirse al presidente José Pardo.
En este mar de publicaciones de signo variado trató de encontrar espacio El Día, que circuló por primera vez el 18 de marzo de 1918.
Para que no hubiera dudas sobre su oposición progubernamental Octavio Espinoza escribió en el editorial: “Para eso estamos aquí, y por eso lo decimos con toda franqueza, para que se sepa en todo el Perú, que nosotros venimos al periodismo con esta significación y este propósito: defender la política de honradez, de moralidad, de apaciguamiento que salió triunfante en la Convención de Mayo de 1915, y que constituye el gobierno de don José Pardo; defenderla, con el apoyo de la opinión pública, contra todo y contra todos…”.
La Prensa saludó la aparición de El Día sin ocultar alivio: “Hoy tendremos más libertad para elogiar su conducta (del Gobierno) siempre que la merezca, ya que, con la aparición de El Día estamos libres de que señalen a La Prensa como órgano oficioso” (La Prensa. 19.3.1917. p. 2).
El Comercio dedicó una nota de dos párrafos escasos al nuevo diario. En el segundo decía: “El director de El Día es el señor don Octavio Espinoza y G., reputado escritor de estilo castizo, vasta cultura literaria y reconocida capacidad mental” (El Comercio. 19.3. 1917).
El domingo 18 de marzo El Tiempo repite el aviso anterior y el lunes y el martes 19 hace campaña en casi todas sus páginas con avisos de una columna, que dicen: “Con caricaturas, dibujos, versos, críticas, revelaciones políticas y todo un arsenal de ironías y chistes, aparecerá LA NOCHE”.
Otros avisos dicen “No se le ocurre a usted lo que va a decir LA NOCHE”. “Oiga usted, espere LA NOCHE”, “LA NOCHE sorprenderá a todo el mundo”, “No tomará en serio a nadie y se burlará del día: LA NOC HE”, “Habrá una revolución en Lima cuando salga LA NOCHE”, “Los que quieran hacer negocio, publiquen avisos en LA NOCHE”.
Por varios días publicarán avisos hasta que el viernes 23 distribuyen en todas las páginas un recuadro que dice: “LA NOCHE será el suceso de mañana”, junto a otros textos que dicen “LA NOCHE está segura de que usted aguarda ansiosamente su salida” o “LA NOCHE responderá al denuesto con la carcajada”.
El sábado 24 en la página 2 de El Tiempo un aviso de mayor tamaña anuncia: “LA NOCHE aparecerá hoy. Todo el mundo lo espera. Información, comentario, crítica y caricatura. Sabrá usted por ella cosas sensacionales. Un periódico de gran humorismo”.

No se conserva, repetimos, ejemplares de aquel periódico humorístico que fue redactado principalmente por José Carlos Mariátegui y César Falcón –o por lo menos, insistimos, no hemos encontrado ninguno. Tenemos constancia de su existencia pues Basadre relató: “El gobierno de Pardo fundó el diario El Día y Mariátegui intentó crearle un risueño contrincante en el diario La Noche que solo pudo alcanzar breve vida”. En otro texto Basadre reiteró su afirmación al decir “Cuando el gobierno de Pardo fundó el diario El Día, en 1917, Mariátegui trató de crear una humorística replica, La Noche, pero éste duró solo un corto tiempo”.
La Noche no llegó a ser un diario como algunos creyeron y solo se publicaron unas pocas ediciones. El 28 de marzo El Tiempo anunció en la página 2: “LA NOCHE. Espere usted el segundo número. Su material es interesante, variado y ameno. Todo el público ansía leer este periódico”.
El jueves 29 de marzo, siempre en la segunda página, avisan: “LA NOCHE aparecerá hoy. En este número se revela un nuevo y estupendo caricaturista. Derroche de buen humor y estupendas informaciones. Hay que comprar LA NOCHE en cuando sea voceada en las calles. Se agota pronto porque la demanda es enorme”.
El siguiente número aparecerá el sábado 7 de abril, según hace saber El Tiempo en la página 2, a dos columnas: “LA NOCHE. Informaciones sensacionales, caricaturas, crítica, variedades, todo lo que os regocije y asombre contendrá este periódico. Este número de LA NOCHE batirá un record”.
Una semana más tarde, el sábado 14 de abril, se anuncia el siguiente número: “LA NOCHE saldrá hoy con sensacionales artículos y caricaturas. Este número superará a todos los precedentes. No deje de leerlo”.
Para que La Noche no se publicó aquel día pues el martes 17 de abril un aviso proclamó que “LA NOCHE saldrá hoy inevitablemente”.
No volvió El Tiempo a mencionar más a La Noche ni publicar ningún aviso. Podríamos afirmar que solo se publicaron tres ediciones en los días 24 y 27 de marzo y el 7 de abril de aquel 1917.
Rouillón, otro biógrafo de José Carlos Mariátegui, escribió “A fines de marzo… vemos a José Carlos afrontar la tarea de sacar en compañía de Carlos Guzmán y Vera y César Falcón un periódico de corte humorístico, La Noche, en oposición al diario El Día de Octavio Espinoza, que favorecía al gobierno civilista de José Pardo. La Noche tuvo una vida efímera, apenas duró un mes”. Otros estudiosos han obviado aquel periódico o mencionado muy de pasada debido quizá a la falta de información sobre el tema.
Por su parte El Día duró un poco más pero fue un completo fracaso. En las primeras semanas puede leerse en sus páginas un empeño decidido en la defensa de Pardo y un ataque constante al diario El Tiempo. Incluso sostuvo una sección que se volvió casi permanente titulada “Las imposturas de El Tiempo” destinada a la réplica de los ataques que recibía de ese diario.
Entre sus redactores principales estuvieron Ezequiel Balarezo Pinillos (“Gastón Roger”) y Antonio Garland. El primero publicó una serie de crónicas de la ciudad, de barrios y calles, que merecen ser rescatadas como testimonio de la época. El dibujante de caricaturas era Oscar Holguín y Lavalle, muy celebrado en su tiempo.
La última edición de El Día fue publicada, según parece, el 17 de setiembre de aquel agitado año de 1917. Nadie lamentó su muerte, como suele suceder con los periódicos oficialistas y de allí en adelante quedó el campo abierto para los feroces editoriales de El Tiempo y los dardos de sus columnistas. Debe hacerse notar que El Tiempo había avanzado mucho en la presentación gráfica de noticias, el uso de titulares de impacto y la selección noticiosa eligiendo principalmente información obrerista aunque solo en la medida en que le servía para sus fines de demolición al pardismo.

¿Qué significado tuvo, finalmente, aquella hoja humorística titulada La Noche, en la vida y obra de José Carlos Mariátegui? En 1917, debemos recordar, Mariátegui pese a su juventud era un profesional del periodismo de aquellos que dominaban los secretos de la imprenta como talleres de armadura, linotipos, chivaletes, máquinas de impresión, así como administración y edición. La empresa de El Tiempo poseía un buen taller de imprenta y brindó las facilidades necesarias para editar La Noche, la primera aventura editorial independiente de Mariátegui.
En su proceso de maduración y búsqueda de conocimiento cada más profundo de la política y el periodismo, Mariátegui marchaba hacia el diario independiente. La Noche fue quizá un intento equívoco y frustrado pero indudablemente valioso como experiencia de trabajo.
La siguiente tentativa, todavía bajo la cobertura empresarial de El Tiempo, fue la revista Nuestra Epoca, de junio de 1918, que marcó una severa brecha en la biografía de Mariátegui quien renunció a su seudónimo de “Juan Croniqueur” y se decidió por la crítica política sin recubrimiento, con las consecuencias conocidas, es decir, la agresión de militares y su alejamiento de la política partidaria. Solo alcanzó a publicar dos ediciones. Y un año después editó el diario propio La Razón, independiente, obrerista, prosocialista, antipardista primero y luego antileguiísta. Ya no regresaría a las redacciones profesionales no comprometidas.
En aquella secuencia de experiencias tempranas La Noche ocupó sin duda un lugar significativo aun cuando por su breve existencia los propios Mariátegui y Falcón decidieron obviarla de sus memorias o autobiografías.
En este que llamamos aquí el periódico perdido de Mariátegui estuvo entonces la simiente de proyectos futuros concretados en sus producciones editoriales de Amauta y Labor.
Algo más. El adversario ocasional de Mariátegui en El Día, Ezequiel Balarezo Pinillos, fue quien habló en sus funerales en nombre de los periodistas. Y él mismo fundó después el vespertino La Noche, que dirigió hasta su muerte en 1937.

Bibliografía consultada

Basadre, Jorge. Historia de la República del Perú. Ediciones Historia. Tomo VIII.
Lima. 1964.
Basadre, Jorge. Introducción a los 7 Ensayos. En “7 Ensayos en la Historia”. Biblioteca
Amauta. Lima. 1984.
Gargurevich, Juan. La Razón del Joven Mariátegui. Editorial Horizonte. Lima. 1978.
Hurtado, Víctor. Mariátegui: un periodista en acecho. En “Visión Peruana”. 20 de abril
de 1986. Lima.
Paz Soldán, Juan Pedro. Diccionario biográfico de peruanos ilustres. Librería e Imprenta
Gil. Lima, 1917.
Rouillón, Guillermo. La Creación Heroica de José Carlos Mariátegui. La Edad de
Piedra (1894-1919). Editorial Arica. Lima. 1974.

Lima, Junio de 1994.

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