Un retrato de Carlos Bernasconi

Un retrato de Carlos Bernasconi

Carlos Dos

(Entrevista publicada en QUEHACER, último número, Diciembre del 2014)

Carlos Bernasconi es reconocido como uno de los artistas más importantes del Perú, con una vasta ejecutoria de creador y docente de las artes plásticas. Su biografía exhibe una extensa lista de exposiciones de diferentes expresiones artísticas como el grabado, el dibujo, la orfebrería, la escultura. Y también la escenografía teatral y la narrativa. Hace poco presentó una retrospectiva que cautivó al público y la crítica por la variedad y fuerza de su obra y que no dejó de sorprender por la amplitud de técnicas y propuestas. Accedió a contarnos de su vida, su obra, afectos, viajes y amistades y puntos de vista sobre el arte.

-Un artista difícil de clasificar

Carlos Bernasconi, afable, siempre dispuesto a conversar, sonríe ante la pregunta que seguramente le formularon muchas veces. Se afianza en la silla, cruza los largos brazos y afirma con suave decisión:
-Artista plástico. Pero mi profesión es pasarla bien…y eso significa trabajar en cualquiera de mis especialidades.
-Lo que pasa maestro es que cuando revisamos tu larga historia artística encontramos que unos te describen como ceramista, otros como escultor, por ahí de medallista, profesor, pintor, escenógrafo, narrador… a lo mejor una descripción sería la de creador múltiple…
-Es verdad, no es fácil definir qué es un artista, una vocación tan rara y difícil que se elige en algún momento de la vida, como yo, que desde los 15 años quería ser eso, artista. ¿Y lo de plástico? Esto es tomar una materia y transformarla en obra de arte, ¿El arte perfecto? La música. Admiro a los compositores y a los directores que son capaces de poner de acuerdo a decenas de músicos de distintos instrumentos y lograr la maravilla de una sinfonía
-Pero alguna preferencia tendrías cuando te decidiste.
-El dibujo, claro, que es la base de todo; para todo lo que yo hago de esa lista que me citaste, hace falta dibujar… primero dibujas y luego pasas al barro, al lienzo.
………..

En el gran taller de Bernasconi el sol irrumpe con violencia iluminando ese conjunto en apariencia desordenado, con mesas, bancos donde reposan esculturas de diverso tamaño, unas terminadas, otras incompletas o rotas. Caballos, figuras de metal, de fibra de vidrio, de cerámica, pequeñas, grandes. Herramientas de todo tipo incluyendo un enorme y poderoso yunque (“¿Cómo hicieron para subirlo hasta acá”?), un horno para quemar cerámica, pinturas. Hoy el artista está frente a un caballete donde reposa un bodegón clásico: “Solamente un ejercicio”.
Carlos ha sobrepasado largamente los ochenta pero el tiempo parece haberse detenido para él. Fotos antiguas lo muestran casi igual que ahora, salvo por la blancura del pelo.
-Siempre fui flaco y un poco más alto que los demás, por eso fui entusiasta basquetbolista pero mi padre era más alto, medía dos metros…

Recién amanece cuando Carlos inicia la caminata hacia su taller desde su casa del malecón enfrente del Faro hasta la calle Bellavista; compra su diario al paso y casi a las siete está ya emprendiendo, o terminando alguna tarea. Sólo abandonará su santuario cuando cae la tarde y escucha los trajines de abajo, en el “Teatro de Lucía” porque hay función. Cierra las ventanas, apaga las luces y el pequeño edificio de la muy miraflorina calle pasa a cumplir con la vocación de su esposa, la conocida actriz Lucía Irurita y sus hijas Sandra y Cécica, también actrices.
El local no siempre fue teatro. Allí Carlos fundó en marzo de 1969 con el pintor y ceramista Félix Oliva y el arquitecto César Ruiz La Rosa el taller que llamaron “BillarT” porque allí funcionaba originalmente una pequeña sala de billar donde se podía también tomar lonche. La clientela provenía del cine de barrio de enfrente, hoy Teatro Británico.
Muchos años después Carlos y Lucía compraron sus partes a sus antiguos socios y en una verdadera batalla municipal y tributaria, arremetiendo contra funcionarios burócratas e indiferentes lograron construir el pequeño edificio de dos pisos. “La tenacidad vasca de Lucía fue decisiva, no se dejó vencer por la Sunat, Defensa Civil, el Ministerio de Cultura, la Municipalidad, Sedapal, Edelnor, carpinteros, gasfiteros, lumínicos, sonidistas, burócratas de mala leche… ninguno pudo contra la porfía de Lucía”, relata Bernasconi.
Abajo el “Teatro de Lucía”, arriba, el taller, el espacio donde cada mañana Carlos decide qué emprender luego de dibujarlo, claro.
………………..

-¿Cuándo comienza esta historia del artista plástico Bernasconi?

-Me reconozco como miraflorino aunque nací en la calle Monzón, en pleno centro de Lima. Muy pequeño, huérfano de madre, me llevaron a la calle Esperanza a pocos pasos del parque y, por supuesto, me matricularon en el colegio Champagnat. No recuerdo qué travesura perpetré pero algo fuerte debió ser porque mi abuelo Cecilio Montoya
decidió matricularme en el internado del colegio nacional San Ramón ¡de Cajamarca! Así, a los 13 años, cuando mi padre había muerto prematuramente, emprendí la primera aventura de mi vida, un viaje en barco hasta Pacasmayo, luego en tren y finalmente en auto hasta Cajamarca donde quedé alojado en el colegio, un buen plantel, con buenos profesores.
Disfruté de esos dos años conociendo el mundo de las haciendas, la rutina provinciana, los trabajos de los campesinos, la dureza de la vida lejana de las ciudades, los viajes a caballo. Mucho tiempo después hice una serie de grabados rememorando el campo cajamarquino, los arrieros y sus mulas, los cuervos y los espantapájaros inútiles, los ríos, imágenes inolvidables. Fue un cambio casi total porque dejé el balneario neblinoso, el terno y la corbata para descubrir las estrellas, los rostros, vestuarios y costumbres de otro país.
Volví a Lima y terminé la secundaria en el colegio Antonio Raimondi, en 1942, al son de la giovinezza, la canción fascista.

-Tu familia quería un médico como tu papá, o arquitecto, o diplomático…

-Mi padre me tuvo unas vacaciones en el hospital Dos de Mayo y salí horrorizado, ni hablar de ser médico. Siempre estuve peleado con las matemáticas, y un tímido como yo ¿cómo podía ser diplomático?
Tuve que engañar a la familia pues cuando me preparaba en una academia para postular a San Marcos, postulé e ingresé a Bellas Artes porque ya el dibujo se había convertido en una verdadera pasión. El director era José Sabogal y mi profesora de dibujo Teresa Carvallo pero tuve allí mi primer tropezón no artístico… sacaron a Sabogal recesaron la Escuela y no tuve más remedio que postular a San Marcos. Ingresé, hice dos provechosos años de Letras cuando llegó mi oportunidad al morir mi abuelo Cecilio y pude entonces, ante la angustia familiar, volver a Bellas Artes. Fue como si se me abrieran las puertas del paraíso.

Eran los tiempos del indigenismo

-Cuando regresé a Bellas Artes el indigenismo ya quedaba atrás y la Escuela estaba a cargo de Ricardo Grau recién llegado de Europa, con nuevas técnicas y conceptos. Había más libertad y bienestar. Se empezaba la discusión por el arte abstracto y el ambiente cobraba nueva vida.
El indigenismo, que hoy reconocemos su importancia histórica, perdía presencia ante los nuevos puntos de vista. En ese tiempo llegó Sérvulo con una fama agresiva y su primer cuadro que apreciamos fue Los Andes, un tema dentro del indigenismo pero elaborado con técnica europea… todo un hito en la historia de la pintura peruana.
La Escuela se pobló de profesores como Ugarte Eléspuru, ApuRímac, De la Colina, Quispez Asín y otros, además de Grau, formado en Francia.
Yo estudiaba pintura por las mañanas y grabado por la tarde en la Casa de la Moneda como meritorio con el maestro Armando Pareja quien me enseñó, con las técnicas del Renacimiento, las recetas de Cellini. Fueron cinco años de estudio.

-Entonces la experiencia europea…

Luego postulé a una beca en España, me la concedieron, tomé un histórico barco hacia Europa donde por largos seis años compartí aventuras y desventuras con amigos entrañables como Alfredo Ruiz Rosas, Emilio Rodríguez Larraín, Alejandro Romualdo, Alejandro Cancho Larco, Piqueras, Roca Rey y muchos otros.
Era una España oscura y triste, agobiada por la escasez y la dureza del franquismo, que trataba de recuperarse de la derrota de la guerra. Allá en Madrid estudié en San Fernando y trabajé en la Fábrica Nacional de Monedas.
Luego a Italia donde permanecí por más tiempo, para estudiar en la Accademia de Disegno, en la Scuola dell’arte della Medaglia y en la escuela de grabado San Giácomo. Y viajaba en las vacaciones a París donde concurría a la Grand Chaumier para cursos de dibujo.
……………..
(Pocos son los que tienen el privilegio de escuchar las historias unas veces divertidas otras no tanto que despliega Bernasconi en sus charlas. Son muchos años de viajes y experiencias recogiendo vicisitudes, cosas que le han pasado o que ha observado.
La profesión lo ha convertido en agudo observador de lugares, personas, detalles que anota en su buena memoria y que convertirá en elementos para sus relatos primero verbales, luego escritos.
Alguien con buen criterio le aconsejó que las escribiera y muchos lo animaron a que las publicara. Y así es como tenemos ya dos volúmenes de relatos que él insiste en calificar de ficciones pero que son historias verdaderas disfrazadas con momentos y nombres distintos. Allí están para conocer mejor a Bernasconi “Historias de vecindad y lejanía” y “El símbolo azul y otras historias” donde se pueden entrever a su abuelo, sus tías, el barrio, los vecinos, los amigos desaparecidos, todos personajes presentes en su travesía.
Pero la mayoría de lo que cuenta en sus animadas conversas está en esos pequeños libros, como por ejemplo las peripecias de un viaje tras la cortina de hierro en los años 50 en lo más duro de la Guerra Fría, o las angustias de ser arrojado de pensiones por falta de dinero para la renta, o las aventuras y aprietos de amigos a los que hay que esconder con otros nombres. Sus textos han sido elogiados por escritores importantes como Luis Alberto Ratto o Edgardo Rivera Martínez o Washington Delgado quien prologó uno de sus libros diciendo que sus cuentos “obedecen a una rigurosa, a una ejemplar técnica narrativa”.)
………………..
-El amor, que tanto cambia las cosas…

-Con mi título de medallista bajo el brazo volví en 1956 a la Casa de la Moneda pero un francés me cerró el paso, tuve que renunciar.

La amargura del maltrato fue aliviada sin duda por su encuentro con la bella actriz Lucía Irurita con quien se casó y marchó a Ayacucho para fundar la Escuela Regional de Bellas Artes de Ayacucho. Y también con el teatro porque Lucía tenía, como él, desde muy pequeña, una indeclinable vocación pero para el teatro. Había estudiado en la ya legendaria Escuela de Artes Escénicas que dirigía Guillermo Ugarte Chamorro. Fundó luego el grupo Histrión y luego la Compañía de Teatro Lucía Irurita en la que Carlos era el escenógrafo principal. Gracias a ella entró en contacto con un ambiente que desconocía y con artistas e intelectuales como el gran Sebastián Salazar Bondy, del que sería amigo entrañable.
Hacía política también y se enroló con entusiasmo en el entonces combativo Movimiento Social Progresista, donde militaban personajes importantes como los hermanos Sebastián y Augusto Salazar Bondy, Germán Tito Gutiérrez, Alberto Ruiz Eldredge, Santiago Agurto, José Matos Mar, Efraín Ruiz Caro. La vigencia de este importante grupo terminó cuando su fracaso en las elecciones de 1962 y el grupo se dispersó. Ya no volvería Bernasconi a la militancia en ningún partido.

-¿En qué momento te encuentras con la artesanía, con los artesanos?

– Estuve solo un año como profesor fundador de la Escuela Regional de Bellas Artes de Ayacucho y aquella estadía tuvo la virtud de ponerme en contacto con la artesanía y los artesanos, una relación que cultivé en los años siguientes. Por ejemplo, ya muy conectado con los artesanos fui delegado del Perú al Primer Congreso Mundial de Artesanía en Nueva York, en 1964 y fui presidente de la Asociación Nacional de Artesanos que justamente organizó en Huampaní el Tercer Congreso Mundial de Artesanos.
Pero me estoy adelantando porque en 1959 regresé a Roma gracias a una beca de mi esposa Lucía y entonces aproveché para estudiar cerámica y algo de escenografía. Fue entonces cuando tuve la suerte de conocer al famoso ceramista Nino Caruso. Todavía conservo su amistad.
Era una Roma todavía poco visitada por los turistas que hoy inundan todo, a cada rato te encontrabas con famosos en la calle, como sucedió con Alberto Moravia por ejemplo.
Ya de regreso mi vinculación con los artesanos, como dije antes, se hizo más estrecha y le dí preferencia a la cerámica, abandonando un poco la orfebrería, las joyas y la escenografía. Esta relación hizo, por ejemplo, que me contrataran como asesor de las Naciones Unidas para un programa de artesanía en Haití… toda una experiencia digna de contar… no alcanzaría esta entrevista…

-Pero no solo hubo cerámica desde entonces…

-Mi base es el dibujo, primero hago los trazos y luego veo si los convierto en una cerámica, o joya, o grabado, pero siempre el dibujo es lo primero. Por eso es que a veces me llaman artista múltiple pero la verdad es que no querido aferrarme a ningún estilo, a pesar de que dice que el estilo hace al hombre pero creo que también puede destruirlo. Creo que el mejor ejemplo es Picasso, que pasó por varios campos como muchos otros artistas famosos.

-Esto puede desconcertar o desalentar a los coleccionistas.

-(Ríe) No tengo ningún trato con coleccionistas, mi perfil, a pesar de mi nariz… es muy bajo (y termina con abierta carcajada).
…………..

Bernasconi añora a sus viejos amigos porque varios ya lo han abandonado. Extraña las charlas con Jorge Puccinelli, con Félix Oliva, Sabino Springuett, Romualdo y algunos diplomáticos… recuerda con melancolía la Europa de los años 50 en la época que llama “dopo guerra”. Y sigue escribiendo para rememorar recoger –y no importa que sea con nombres cambiados o anécdotas enriquecidas- vivencias de tantos años de experiencias, en una práctica que deberíamos imitar.
Ya es de noche cuando bajamos del taller luego de la larga charla y todo parece aguardar a los asistentes a la obra teatral que se iniciará un par de horas más tarde. Ya está Lucía sacando cuentas con Eric el versátil asistente; Cécica va y viene, como volando; Sandra revisa un texto con concentrada seriedad. Es como cada día, la familia Bernasconi-Irurita reuniéndose en aquella irrompible burbuja artística que ha sido toda su vida.

Miraflores, 2014.

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