Humberto Damonte, sindicalista, editor, político, amigo…

Humberto Damonte en foto de José Vidal. En La República.

Humberto Damonte en foto de José Vidal. En La República.

Semblanza de un gran editor

Ya no está con nosotros Humberto Damonte, quien fuera uno de los editores más importantes de las últimas décadas. Su sello “Horizonte” publicó decenas de títulos, enriqueciendo en particular a la historia del Perú -aquella que otros editores soslayaban- sobresaliendo la edición de la obras completas de José María Arguedas. Había dejado su librería “El Sótano” de la plaza San Martín para llevar sus libros a su hogar en San Miguel donde seguía recibiendo a sus buenos amigos, editando, distribuyendo y, como no podía ser de otro modo, interesándose en la política de izquierda. Allí lo sorprendió la muerte.
Lo conocimos en los avatares del diario “Expreso” del ya lejano año 1970 cuando fue llamado por nuestro amigo Efraín Ruiz Caro para que se hiciera cargo de la administración de la empresa que había sido confiscada por el gobierno militar presidido entonces por el general Velasco Alvarado. Eran tiempos de intensa batalla política, pugnas en la “Revolución”, reformas tan importantes y controversiales como la Educativa, la Agraria, la Industrial,
un conjunto de decisiones que nos obligaban a tomar posiciones. Buena parte de la izquierda se plegó al gobierno militar que parecía enrumbar al país hacia caminos que el socialismo había reclamado.
Damonte llegaba a “Expreso” como gerente –era economista y contador- pero su vocación habían sido desde temprano el sindicalismo y luego la política. Empleado bancario mientras estudiaba, muy rápido escaló posiciones en el sindicato, luego en la Federación de Empleados Bancarios llegando a ser su Presidente, participando a la vez en el “Movimiento Social Progresista” que reunía a importantes jóvenes intelectuales.
Era un verdadero veterano de las luchas sindicales como lo apreciamos desde la primera asamblea en que participó. Era un “Frente Unico” difícil, de obreros tipógrafos experimentados y periodistas divididos que debían llevar adelante una empresa editora pero Damonte imponía siempre su contundente sentido común y, sobre todo, sin perder nunca la calma. Impasible, pugnaba con tesón imperturbable por su punto de vista… que generalmente se imponía.
Al dejar “Expreso” volvió a la pequeña empresa de distribución y venta de libros que había fundado con Francisco Moncloa y que luego, ya manejada por él solamente, se convertiría en la gran editorial “Horizonte” que todos conocemos.
Pero no dejó la política. Lo acompañé en la fundación del semanario “Marka” en mayo de 1975 planteando ya la decepción por la “Revolución” y pocas semanas después fuimos detenidos y deportados a Buenos Aires. Allá estuvimos un par de meses con Carlos Malpica y otros dirigentes y regresamos cuando Morales Bermúdez reemplazó a Velasco.
El nuevo gobierno fue todavía más duro con la oposición de izquierda y en mayo de 1978 Damonte junto Javier Diez Canseco y otros fueron deportados a la Argentina de Videla, en el marco de la tenebrosa “Operación Cóndor”. Lograron salir y nuestro editor pasó a México por una buena temporada.
En fin, la biografía política y periodística de Humberto Damonte es extensa y no fácil de seguir por su actividad constante siempre en el marco de las izquierdas aunque solo había militado, como dijimos arriba, en el Social Progresismo.
A partir de los ochentas ya dedicaba la mayor parte a “Horizonte”, cambiando de local, de la Galería Gallos-Mogollón a la extensa del jirón Camaná hasta terminar en la plaza San Martín, en “El Sótano”. El local de ventas era relativamente pequeño pero una estrecha escalera llevaba a un gran sótano donde instaló oficina y depósito. Allí también trabajó la viuda de Arguedas, Sybila Arredondo, preparando la gran edición de la obra completa del famoso escritor.

Humberto era alto, delgado, de abundante cabellera negra que fue blanqueando con los años, con una expresión de severidad que desaparecía al primer saludo; nunca retrocedía ante la posibilidad de tomarse un café y sostener una buena conversa en las Galerías Boza. Tampoco parecía incomodarse por las visitas de sus autores (como yo, por ejemplo, pues “Horizonte” editó cinco de mis libros sobre historia de los medios en el Perú) ni tampoco negaba un favor o un adelanto de improbables regalías.
Su editorial publicó títulos importantes, de éxito de ventas; y también editó textos que él sabía, por su enorme experiencia, que no se venderían nunca. Todo aquello le granjeó la amistad y respeto de libreros, escritores, que no dudaban en pedirle consejo.
Su librería de pleno centro de Lima también cayó bajo el peso de nuevas circunstancias: pocos lectores, lugar alejado de universitarios. Muchos de sus colegas cerraron rápido y “El Sótano” resistió hasta que era inútil insistir. Y con gran pesar la abandonó para seguir con “Horizonte” en su casa.
Si se visita su página web se verá solo parte de la gran cantidad de libros que editó en tantos años. Muchos solo pueden verse en bibliotecas.
A Humberto le sobreviven su esposa Noemí y sus hijos, de los cuales Juan y Fernando han elegido la ruta editorial que les enseñó el padre.
“Horizonte” era para muchos, para mí por ejemplo, el motivo perfecto para ir al corazón de Lima, tomar un café con un amigo dilecto, curiosear en un par de buenos libros, pedir consejo, escuchar historias. Con el viaje de Humberto, la plaza San Martín ya no fue, ni será la misma.
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