Archivo mensual: junio 2016

Y la Guerra Fría llegó a Tacna (Final)

Resumen de lo publicado.- Apenas localizado el avión boliviano siniestrado casi en la cumbre del volcán Tacora llegó un avión norteamericano a Tacna y un helicóptero partió al lugar. Buscaban documentos secretos que presuntamente portaban dos diplomáticos cubanos. Encontraron el maletín, devolvieron algo a las autoridades, transportaron algunos cadáveres al poblado de Charaña y se marcharon.

 -Y hubo dos tragedias más…

Médico

Luego de que los militares norteamericanos y peruanos registraron la zona del accidente, uno de los helicópteros trasladó a la cumbre al Juez de Turno y al médico legista, el distinguido tacneño Carlos Céspedes Quelopana. Ambos debían cumplir con los trámites de rigor para finalmente autorizar el traslado del medio centenar de víctimas.

Cuando decidieron volver fueron sorprendidos por la noticia de que el helicóptero no podría aterrizar por mal tiempo. La única opción –para no pasar allí la noche- era descender hasta la carretera y viajar a Tacna en automóvil.

El médico y el juez comenzaron el descenso pero apenas habían avanzado unos cincuenta metros Quelopana pareció tropezar y cayó pesadamente. Sus acompañantes corrieron a levantarlo, ayudarlo, pero el médico había muerto. El corazón no había resistido y el infarto fue fulminante. No tuvieron más remedio que embolsar el cadáver y añadirlo a la lista de cadáveres que debían llevar a Charaña.

Nuestro diario inventó irresponsablemente un final: “… enfermeros de la Guardia Civil lo atendieron de inmediato pero todo fue inútil. Céspedes había fallecido, con una sonrisa en los labios, con la satisfacción del deber cumplido”.

Pero todavía faltaba una tragedia más. Varios familiares de los muertos en el accidente habían subido hasta el lejano Charaña para identificar a sus seres queridos y entre ellos el empresario teatral chileno Oswaldo Vergara. Su esposa, Marina Osses era bailarina, “vedette” conocida y viajaba para cumplir un contrato.

Vergara reconoció inmediatamente a su esposa y se lanzó a abrazarla y costó mucho a los policías separarlo del cadáver. Luego, resignado, pidió descansar, dijo que se sentía mal y cuando llegó un médico a examinarlo lo encontró ya muerto. La altura y la emoción acabaron con su vida. Y así, otro cadáver fue añadido a los que debían llevar, unos a La Paz, otros a Arica.

Todavía hubo un episodio más en esta historia. Varios días después ingresó a Tacna el diplomático cubano Alfredo García Almeyda y aparentemente con un pasaporte chileno perteneciente a “Moisés Gómez”. Pero la policía tacneña lo conocía o fue avisada. Lo cierto es que lo urgieron a regresar a Arica por “irregularidades en su pasaporte”. Y el cubano no tuvo tiempo siquiera de decir qué iba a Tacna, donde estuvo quince minutos.

FIN

 

Y la Guerra Fría llegó a Tacna (III)

Resumen de lo publicado.- La noticia de que un avión boliviano había caído a pocas horas de Tacna rompió la monotonía de nuestro diario “Sur”. Y a las pocas horas de conocerse que se había estrellado circuló la noticia de que entre sus pasajeros había cubanos que quizá portaban documentos secretos. Al día siguiente un enorme avión llegó a Tacna portando dos helicópteros; armaron uno que partió raudo al lugar del siniestro.

 -“Los rangers están en Tacna”

Chachacomani

“¡Han llegado los rangers… ya partieron a buscar los documentos secretos de los cubanos!”. La noticia circuló por la ciudad y decenas de curiosos corrieron al aeropuerto para verlos, y nosotros entre ellos. Efectivamente, al lado de un enorme aparato “Hércules” estaba una gran carpa y un puñado de soldados trajinaba alrededor de un helicóptero alistándolo para su partida. El otro ya estaba en la zona del accidente.

Ninguna autoridad tacneña dijo una palabra, no tuvimos fuentes para averiguar nada, salvo mi contacto: “Avisaron que llegaban una hora antes… vienen de Panamá… el jefe es un coronel que salió entre los primeros…”.

Desde Tacna partieron por carretera varios periodistas pero el viaje demoraba varias horas por un camino largo y peligroso, por lo que las autoridades prefirieron esperar la ayuda norteamericana.

El lunes 18 un aparato llevó al Juez Instructor José Julio Jiménez y al médico Legista Dr. Carlos Céspedes pero no pudieron aterrizar aunque vieron que ya había una carpa de lo que llamaron “la comisión de salvamento”.

Dicha “comisión” no era otra que el grupo de militares comandados por el coronel Edward Fox y que se habían dedicado a buscar y rebuscar entre los cadáveres y los restos del aparato el maletín de los cubanos y que finalmente encontraron.

¿Hallaron documentos comprometedores, útiles para la causa anticomunista y anticastrista de los norteamericanos? No lo sabremos nunca.

Pero el avión era boliviano y el gobierno democrático de Paz Estenssoro reclamó por la ingerencia extranjera. Por eso pocos días más tarde el canciller peruano, vicealmirante Llosa, dijo a la prensa: “Había un pistola automática, dos cacerinas vacías, varios cartuchos… y ningún documento trascendente. Haremos un inventario y devolveremos todo a Bolivia”.

Y agregó: “Se ha hecho todo un alboroto alrededor de papeles sin ninguna importancia”.

El hecho es que tres días después y tan sigilosamente como habían llegado, los “rangers” desarmaron su carpa, metieron los helicópteros a la gran panza del avión y se marcharon, igual como llegaron, esto es, sin casi avisar, sin permiso, de regreso a la Zona del Canal, su base de operaciones.

La lista de pasajeros llamó mucho la atención. Estaba una reina de belleza de Cochabamba, el exjefe de la Fuerza Aérea de Suecia, varios bolivianos notables. El copiloto había pedido estar en el vuelo porque quería comprar artefactos pues se casaba en pocos días más. Una azafata perdió el vuelo porque estaba mal del estómago.Y también los diplomáticos cubanos.

Los cadáveres fueron llevados a Charaña, en Bolivia y luego unos a La Paz y otros a Arica, para su identificación y sepultura.

Mañana: la tragedia final