Y la Guerra Fría llegó a Tacna (III)

Resumen de lo publicado.- La noticia de que un avión boliviano había caído a pocas horas de Tacna rompió la monotonía de nuestro diario “Sur”. Y a las pocas horas de conocerse que se había estrellado circuló la noticia de que entre sus pasajeros había cubanos que quizá portaban documentos secretos. Al día siguiente un enorme avión llegó a Tacna portando dos helicópteros; armaron uno que partió raudo al lugar del siniestro.

 -“Los rangers están en Tacna”

Chachacomani

“¡Han llegado los rangers… ya partieron a buscar los documentos secretos de los cubanos!”. La noticia circuló por la ciudad y decenas de curiosos corrieron al aeropuerto para verlos, y nosotros entre ellos. Efectivamente, al lado de un enorme aparato “Hércules” estaba una gran carpa y un puñado de soldados trajinaba alrededor de un helicóptero alistándolo para su partida. El otro ya estaba en la zona del accidente.

Ninguna autoridad tacneña dijo una palabra, no tuvimos fuentes para averiguar nada, salvo mi contacto: “Avisaron que llegaban una hora antes… vienen de Panamá… el jefe es un coronel que salió entre los primeros…”.

Desde Tacna partieron por carretera varios periodistas pero el viaje demoraba varias horas por un camino largo y peligroso, por lo que las autoridades prefirieron esperar la ayuda norteamericana.

El lunes 18 un aparato llevó al Juez Instructor José Julio Jiménez y al médico Legista Dr. Carlos Céspedes pero no pudieron aterrizar aunque vieron que ya había una carpa de lo que llamaron “la comisión de salvamento”.

Dicha “comisión” no era otra que el grupo de militares comandados por el coronel Edward Fox y que se habían dedicado a buscar y rebuscar entre los cadáveres y los restos del aparato el maletín de los cubanos y que finalmente encontraron.

¿Hallaron documentos comprometedores, útiles para la causa anticomunista y anticastrista de los norteamericanos? No lo sabremos nunca.

Pero el avión era boliviano y el gobierno democrático de Paz Estenssoro reclamó por la ingerencia extranjera. Por eso pocos días más tarde el canciller peruano, vicealmirante Llosa, dijo a la prensa: “Había un pistola automática, dos cacerinas vacías, varios cartuchos… y ningún documento trascendente. Haremos un inventario y devolveremos todo a Bolivia”.

Y agregó: “Se ha hecho todo un alboroto alrededor de papeles sin ninguna importancia”.

El hecho es que tres días después y tan sigilosamente como habían llegado, los “rangers” desarmaron su carpa, metieron los helicópteros a la gran panza del avión y se marcharon, igual como llegaron, esto es, sin casi avisar, sin permiso, de regreso a la Zona del Canal, su base de operaciones.

La lista de pasajeros llamó mucho la atención. Estaba una reina de belleza de Cochabamba, el exjefe de la Fuerza Aérea de Suecia, varios bolivianos notables. El copiloto había pedido estar en el vuelo porque quería comprar artefactos pues se casaba en pocos días más. Una azafata perdió el vuelo porque estaba mal del estómago.Y también los diplomáticos cubanos.

Los cadáveres fueron llevados a Charaña, en Bolivia y luego unos a La Paz y otros a Arica, para su identificación y sepultura.

Mañana: la tragedia final

 

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