Y la Guerra Fría llegó a Tacna (Final)

Resumen de lo publicado.- Apenas localizado el avión boliviano siniestrado casi en la cumbre del volcán Tacora llegó un avión norteamericano a Tacna y un helicóptero partió al lugar. Buscaban documentos secretos que presuntamente portaban dos diplomáticos cubanos. Encontraron el maletín, devolvieron algo a las autoridades, transportaron algunos cadáveres al poblado de Charaña y se marcharon.

 -Y hubo dos tragedias más…

Médico

Luego de que los militares norteamericanos y peruanos registraron la zona del accidente, uno de los helicópteros trasladó a la cumbre al Juez de Turno y al médico legista, el distinguido tacneño Carlos Céspedes Quelopana. Ambos debían cumplir con los trámites de rigor para finalmente autorizar el traslado del medio centenar de víctimas.

Cuando decidieron volver fueron sorprendidos por la noticia de que el helicóptero no podría aterrizar por mal tiempo. La única opción –para no pasar allí la noche- era descender hasta la carretera y viajar a Tacna en automóvil.

El médico y el juez comenzaron el descenso pero apenas habían avanzado unos cincuenta metros Quelopana pareció tropezar y cayó pesadamente. Sus acompañantes corrieron a levantarlo, ayudarlo, pero el médico había muerto. El corazón no había resistido y el infarto fue fulminante. No tuvieron más remedio que embolsar el cadáver y añadirlo a la lista de cadáveres que debían llevar a Charaña.

Nuestro diario inventó irresponsablemente un final: “… enfermeros de la Guardia Civil lo atendieron de inmediato pero todo fue inútil. Céspedes había fallecido, con una sonrisa en los labios, con la satisfacción del deber cumplido”.

Pero todavía faltaba una tragedia más. Varios familiares de los muertos en el accidente habían subido hasta el lejano Charaña para identificar a sus seres queridos y entre ellos el empresario teatral chileno Oswaldo Vergara. Su esposa, Marina Osses era bailarina, “vedette” conocida y viajaba para cumplir un contrato.

Vergara reconoció inmediatamente a su esposa y se lanzó a abrazarla y costó mucho a los policías separarlo del cadáver. Luego, resignado, pidió descansar, dijo que se sentía mal y cuando llegó un médico a examinarlo lo encontró ya muerto. La altura y la emoción acabaron con su vida. Y así, otro cadáver fue añadido a los que debían llevar, unos a La Paz, otros a Arica.

Todavía hubo un episodio más en esta historia. Varios días después ingresó a Tacna el diplomático cubano Alfredo García Almeyda y aparentemente con un pasaporte chileno perteneciente a “Moisés Gómez”. Pero la policía tacneña lo conocía o fue avisada. Lo cierto es que lo urgieron a regresar a Arica por “irregularidades en su pasaporte”. Y el cubano no tuvo tiempo siquiera de decir qué iba a Tacna, donde estuvo quince minutos.

FIN

 

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