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El primer crimen de Vargas Llosa…

-La Chica del 17

Foto de Alfonso Ego Aguirre

“…los policías me dejaron pasar con el fotógrafo y al cabo de unos pasillos oscuros, con cuartos simétricos, me di de pronto con el cadáver desnudo y acuchillado de una cholita muy joven (…) la atmósfera chorreaba sordidez y grotesco, por encima de la subterránea crueldad. Durante días llené páginas enteras de La Crónica con el misterioso asesinato de la “mariposa nocturna” del hotel San Pablo, escarbando su vida, rastreando sus amistades y parientes, yendo y viniendo en busca de datos sobre ella por bares, lupanares, y miserables callejones…”.(“El Pez en el Agua”, p. 149).

Mario Vargas Llosa no había cumplido 16 años cuando se enfrentó a la dura prueba de contar tal suceso porque el jefe de redacción lo había enviado a la sección Policiales para reemplazar a un reportero. Cuando llegó el dato al periódico el legendario jefe Becerra buscó en la redacción y solo encontró a ese flaquito que algo tecleaba con entusiasmo en una veterana underwood. Era la tarde del 20 de enero de 1952.

-¡Ego Aguirre, agarra tu cámara, rápido… llévate al flaco Vargas!!

Partieron hacia La Victoria y no tuvieron problemas para entrar al Hotel San Pablo porque Alfonso Ego Aguirrre conocía a los oficiales que bromearon con “llegó La Mentirosa”, el antiguo mote del diario.

Estaban solos, eran los únicos periodistas y mientras Ego Aguirre se complacía en fotografiar a la joven desnuda, Vargas Llosa llenaba su libreta de datos.

Al regresar al diario, Becerra lo urgió: “¡Detalles Vargas, muchos detalles, datos, la familia, los hijitos, todo, tenemos la primicia!”

Y este fue su “lead”, publicado en La Crónica de La Mañana del 21 de enero:

“Desnuda sobre una mísera cama y con un fustán alrededor del cuello y que había servido para estrangularla, fue hallada una meretriz en el cuarto de un hotel de tercera categoría en la avenida Bolívar.

El crimen que habría sido cometido en horas de la madrugada del lunes y cuyo autor ha fugado, fue descubierto al mediodía de ayer por el cuartelero del hotel”.

Cuando Becerra leyó el primer borrador de Vargas Llosa no pudo menos que reír y exclamar “¿el cuarto número 17…? Entonces le pondremos como la canción, La Chica del 17” y probablemente cantó algo del viejo cuplé que decía “… dónde se mete la chica del 17…de dónde saca pá tanto como destaca”, un éxito de los años 30.

(Vargas Llosa se confundió en sus memorias porque La Chica del 17 no fue acuchillada. Días antes otra joven, Hilda Verena, había sido asesinada por su celoso novio que se entregó de inmediato a la policía. De ahí el recuerdo equivocado).

Becerra lo urgió a escribir detalles:

“Sobre el lecho fue encontrado el cadáver de “La Polilla” completamente desnudo con el fuste de ella anudado en el cuello. La lengua estaba salida de la boca y el dedo índice de la mano derecha descansaba en la punta de la lengua que estaba amoratada. Bajo el fuste con el que fue estrangulada “la polilla” se advertía un collar de perlas y del pallar de las orejas pendían los aretes al parecer enchapados. Esto es todo lo que dejó el criminal antes de huir”.

Efectivamente, esta vez La Crónica se había adelantado a su rival, el vigoroso vespertino “Ultima Hora” que dirigía Raúl Villarán y que tenía un respetable equipo de reporteros policiales encabezados por Emilio Bobbio. Ahí estaba otra leyenda, Norwin Sánchez Genie, que asumió el caso enfrentándose a su nuevo amigo Vargas.

Mañana: “¡El asesino, Vargas, el asesino!”

 

 

 

 

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