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El primer crimen de Vargas Llosa (DOS)

-“Rápido, hay que ganarle a Ultima Hora”

¡A primera página” tronó Raul Villarán

“Detalles, Vargas, más detalles” urgía Becerra al jovencísimo reportero que revisaba sus notas y golpeaba con furia las teclas de la vieja underwood sin preocuparse demasiado del idioma y más bien maltratándolo:

“…Es una habitación modestamente amueblada. En ella se puede ver una cama de plaza y media, una silla rodada por el suelo y junto a ella el traje de la víctima y otras prendas, así como la cartera del dinero y otras especies. Hacia un lado del catre se halla instalada la mesa de noche y luego un labatorio (sic) con una jarra para el agua”.

-Nosotros salimos en la mañana…-apuntó Becerra- los de Ultima Hora, salen recién a la una… tenemos que dar mejores datos, más detalles de la mujer.. ¿cómo se llamaba? “Fermina Casas Pariona”. Rápido Vargas, que Ultima Hora debe haber mandado a Norwin Sánchez.. ¿no hay más, maridos, hijos?

Vargas Llosa tenía más datos. Escribió para un recuadrito:

“Dos hijitas , una de 3 años y la otra de un año y medio deja Fermina Casas, domiciliada en la calle Santo Toribio número 620 – Magdalena, quien en la madrugada del lunes fuera victimada por el chofer Santos Carbajal Quispe, que con  el propio fustán de ella, la estranguló, ignorándose los motivos por los cuales llevó a cabo su hecho criminal. La primera de las nombradas es hija de un tal Hilario y la segunda de Rogelio Calderón.

La “Polilla” ambulante, que tenía 23 años de edad, natural de Huachos, Ica, convivía últimamente con Raúl Fernández Soto, quien actualmente se encuentra detenido en la Comisaría del Mercado Mayorista para los esclarecimientos de la muerte de su mujer”.

-“Norwin, a la calle, un crimen”

El equipo de reporteros policiales de Ultima Hora era mejor que aquel que capitaneaba Becerra. Lo dirigía, dijimos, Emilio Bobbio, lo secundaban el veterano y eficiente Manuel Robles Alarcón y el entusiasta joven estudiante de periodismo en la Universidad Católica Norwin Sánchez, un nicaragüense que Vargas Llosa describió con mucho color en sus memorias:

“Norwin era joven, flaquito, bohemio empedernido, generoso, incansable putañero y bebedor de cerveza. A la tercera o cuarta copa empezaba a recitar el primer capítulo del Quijote, que se sabía de memoria (…) pasábamos a buscarlo en la redacción de Ultima Hora, en los altos de La Prensa en el jirón de la Unión, o él nos recogía en la calle Pando, y nos íbamos a tomar unas cervezas o, los días de pago, a algún burdel” (“El Pez en el Agua”. P.146).

“Norwin” es también un personaje de “Conversación en la Catedral” pero es de ficción.  La verdad es que el auténtico era un cumplido estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica, que se graduó en 1954 con la interesante tesis “La Sección Policial” donde hizo una detallada descripción del trabajo, fuentes, ambientes, redacción, etc, que debían tener en cuenta los reporteros policiales de Lima.

Norwin Sánchez fue al Hotel San Pablo, recogió los datos pero la nota que publicó Ultima Hora en la tarde de aquel martes 22 de enero la escribió alguien que redactaba mejor, Bobbio o Robles y largamente mejor que la apresurada de Vargas Llosa:

“Un Romance de hotel terminó trágicamente cuando el galán –un chofer interprovincial- estranguló a la mujer que había conocido solamente minutos antes. Los mozos descubrieron el cadáver horas después. El asesino fugó sin dejar rastros, diciendo que iba a tomar un refresco, pero el número de brevete que portaba, y el cual se lo dio al administrador, permitió que fue identificado y que la policía, en estos momentos, le siga los pasos muy de cerca”.

Pero ya la policía lo había detenido, ¿Por qué Ultima Hora no tuvo ese dato? Es que eran tiempos de aguda confrontación entre la Guardia Civil, y la Policía de Investigaciones. Fueron los guardias los que llegaron primero, tomaron los datos,  fueron a la casa, detuvieron  al presunto asesino y lo llevaron a la Comisaría. Y fueron ellos quienes llamaron a La Crónica, a Becerra.

Cuando llegó Norwin a Hotel San Pablo ya se habían llevado el cadáver a la morgue y recién llegaban los PIPs, enfurecidos por no haber sido avisados del crimen. De todos modos posaron haciendo una “inspección ocular a la escena del crimen” y así los fotografió el reportero de Ultima Hora. Un papelón.

Mañana: “Lloran día y noche preguntando por su mamá”

 

 

 

 

 

 

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