Amelia, la heroína de “El Sexto” (I)

-Amelia Ríos ha muerto

Amelia Ríos de Coloma, la psicóloga que sobrevivió a la tragedia del penal El Sexto, del 27 de marzo de 1984, ha muerto hace pocos días. Uno que otro comentario en las redes sociales ha recordado la terrorífica experiencia que al final muchos años después le ha costado la vida porque nunca pudo recuperarse totalmente del balazo que le desfiguró la cara.

“Una bala disparada por un oficial que está directamente frente a mí, al centro del grupo, me ha impactado en el rostro. ¡Qué sensación tan extraña, de dolor y de abandono!, siendo que estoy en un bosque oscuro y todo lo veo en formas distorsionadas, es una experiencia tan horrorosa que jamás imaginé tenerla”. (p. 212)

El párrafo es del importante y valioso testimonio “Rehenes en el Infierno” que Amelia redactó en los meses que estuvo postrada en el Hospital de Policía, y lo publicó con su dinero dos años después.

Fue además el primer gran evento mediático televisivo porque los canales de Tv enviaron con rapidez cámaras, reporteros, y el drama fue visto por miles de peruanos que veían asombrados en sus pequeñas pantallas a un puñado de facinerosos vociferantes que mataban a un rehén a balazos.

-Martes 2 de abril, a las 10.45 am.

Los presos más peligrosos del penal habían planeado el escape con mucha anticipación. Sabían que ese día estarían las psicólogas Amelia Ríos de Coloma, Miriam Neyra, los profesores Luis Arrese y Marco Escudero, los abogados Alfonso Díaz y Segundo Díaz, además del personal de la administración.

Pero también tenían otra lista, de presos que sabían que llamarían la atención, como Eduardo Núñez, sindicado como ayudante del narcotraficante Landberg y el conocido Guillermo Porto Dávila (a) Mosca Loca. El plan era reducir a los agentes penitenciarios, reunir a sus rehenes y pedir vehículos para salir de la cárcel.

Debe añadirse que El Sexto era un penal donde se hacinaban caso dos mil presos en terribles condiciones de salubridad, con desorden que aprovechaban los más avezados como los  que fueron los líderes del evento, Eduardo Fernández Centenaro (a) Loco Lalo, Luis García Mendoza (a) Pilatos y otros más.

Lo notable es que tenían armas de fuego por lo menos dos revólveres con municiones y hasta cartuchos de dinamita.

Todo comenzó a las 10.45 cuando ya habían terminado de repartir la “paila” de la mañana, café aguado con un pan, y se corrió la voz de que la administración había ordenado una requisa, una inspección de las celdas –quizá alertados por su confidente, un soplón.

Los agentes fueron sorprendidos por la agresividad de los presos, que repelieron el ingreso a palazos, obligándolos a replegarse a pedir ayuda.

Pero ya los líderes habían avanzado hasta el tópico para asegurar el encierro de sus rehenes.

“Fue un golpe duro, seco y violento. Sentí una corriente de aire frío cuando se abrió la puerta hasta golpear con la pared.  Aparecieron ante nosotros un grupo de internos en gran agitación, como llevados por una sola voluntad. Fue golpe, agitación y presencia súbita, todo en un instante” (p. 42).

Mañana:  El horror en Vivo y en Directo

 

 

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