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Amelia, la heroína de “El Sexto” (Dos)

Esta foto dio la vuelta al mundo: “Carioco” amenzando con matar a Amelia Ríos

-“Pilatos” y “Loco Lalo”, los líderes

Cuando los presos amotinados se precipitaron vociferando en la oficina del penal, sorprendiendo a los abogados, psicólogos, empleados que se casi se apiñaban por la falta de espacio, pronto quedó claro que los jefes eran Luis García Mendoza (a) Pilatos y Eduardo Centenaro Fernández, (a) Lalo.

Su plan era sencillo. Tomar rehenes y canjearlos por su libertad.

Y es que ya tenían experiencia exitosa. Pronto se recordó que ambos habían hecho lo mismo unas semanas antes en la Carceleta del Palacio de Justicia donde estaban recluidos esperando que los jueces decidieran su destino penal. Cuando supieron que los enviarían a una cárcel provinciana no dudaron más. Consiguieron un par de chavetas, rompieron botellas y golpearon al teniente republicano Erasmo Quispe y al vigilante Oscar Lino, maniatándolos con su propia ropa.

-“¡Si nos llevan a la sierra los matamos! ¡Queremos ir al Sexto!” –fueron sus demandas.

Todos sabían que Pilatos y Lalo eran capaces de cumplir su amenaza, dados sus antecedentes criminales.

Pilatos, por ejemplo, había asesinado en 1974 al Pip Villa y Rada de un balazo en el pulmón. Fue capturado, duramente golpeado y debió ser trasladado a la carceleta del Hospital Carrión de donde no tuvo problemas para escaparse al día siguiente.

Luis García Mendoza (a) Pilatos

En 1983 un oficial Pip lo encontró en Barranco e intentó capturarlo pero Pilatos lo últimó de un certero balazo en la cabeza. La persecución que siguió fue inútil.

Pero poco después asaltó una casa, los vecinos avisaron a la policía, cercaron la zona y Pilatos no tuvo más remedio que entregarse y fue trasladado, ahora sí, al pabellón  de máxima seguridad de Lurigancho, el sórdido 11-A. Allí estaba también sus antiguos amigos Loco Perochena y Fernando Valera (a) La Gringa.

El otro líder era Loco Lalo, uno de los autores del secuestro de un industrial, Abusada, asesinado por los hampones cuando la policía intentó el rescate. Loco Lalo quedó herido y lo llevaron a la Emergencia de San Antonio, donde escapó al menor descuido.

Por fin, la policía lo ubicó en los Barrios Altos y no dudó en defenderse a balazos, asesinando al capitán Indalecio Rivera. Se rindió cuando ya no tenía balas.

¿Qué hacían ese par de fieras en la Carceleta? Aguardaban audiencia, recién iban a ser juzgados.

Cuando tomaron los rehenes pidieron negociar y el fiscal provincial Benjamín Madueño aceptó sus demandas a las 24 horas, asustado por la posibilidad de un crimen más. No serían llevados a provincias sino que pasarían a El Sexto, donde fueron conducidos –afirmaron los periodistas- “bajo extremas medidas de seguridad”.

Pronto se hicieron dueños del penal pues no tenían reparos en hundir sus chavetas en cualquier estómago. Pero tenían como rival a un poderoso narcotraficante, Gerardo Cárdenas (a) Mosca Loca.

Mosca Loca había sobornado a las autoridades y tenía celda personal, con baño, conexión telefónica, televisor a colores y varios guardaespaldas que aseguraban que ni fuera asaltado. Había sido condenado a 20 años de cárcel pero manejaba todavía una importante red de narcotráfico que le aseguraba dinero.

Cuando los feroces Pilatos y Lalo llegaron a El Sexto, encontraron que Mosca Loca era el rey del cárcel; nada se hacía sin su permiso pues era quien negociaba con los guardianes.

Debe aclararse que el interior de El Sexto era administrado por el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) dependiente entonces del Ministerio de Justicia, El exterior por la Guardia Republicana (que ya no existe).

Los objetivos de Pilatos, Lalo y su banda fueron entonces dos, la oficina y la celda donde Mosca Loca se atrincheró porque sabía que lo buscaban para matarlo.

Desorganizados, drogados, decenas de reclusos golpeaban a los sumisos que no querían unirse, pateaban a los rehenes, saqueaban oficinas y celdas, gritaban. Eran dueños del penal, en situación que los cabecillas no podían controlar.

Por fin, Pilatos y Lalo decidieron exhibir a sus rehenes, entre ellos, a la psicóloga Amelia Ríos.

Mañana: “Los mataremos uno por uno”

 

 

 

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