Amelia, la heroína de “El Sexto” (Tres)

El caos oficial, la desesperación en el penal

Los primeros disparos y luego la explosión de un cartucho de dinamita atrajeron a curiosos que pronto formaron una multitud a la que se añadirían más tarde familiares de los reclusos. Los periodistas, en particular los de la televisión, habían logrado ubicarse en el techo del vecino colegio Guadalupe. Instalaron sus cámaras y gracias a sus lentes “zoom” lograron que los atónitos televidentes limeños siguieran de cerca la enorme confusión pero sobre todo, las escenas de crueldad de las primeras horas.

Las autoridades no se ponían de acuerdo. Allí estaban el viceministro de justicia, el director de penales, los jefes de la guarda civil, la policía de investigaciones, los agentes penitenciarios y la guardia republicana, los encargados de la seguridad del penal. Efectivos de todas estas instituciones se habían encaramado en los techos y apuntaban con sus armas, cortas y largas, el pequeño patio donde los presos trepaban para exhibir a sus rehenes.

Los republicanos deseaban iniciar el asalto cuanto antes liderados por un hercúleo oficial, Cereghino, que exhibía músculos y calculada fiereza ante las cámaras.

Sucedió entonces lo increíble. Los reclusos encontraron un televisor a colores en una celda contigua a la de Mosca Loca, lo conectaron y pudieron verse ¡en vivo y en directo! Saltaban, reían y gritaban, agitaban brazos, exhibían armas, todo lo veían en el pequeño aparato, en imágenes que compartía una creciente teleaudiencia. Bares, restaurantes, oficinas bancarias, tiendas de electrodomésticos, todos sintonizaban el drama ante peatones que se agolpaban en las vitrinas.

La historia fue recreada en este film, dirigido por Dany Gavidia, estrenado en 1993. El gran actor Aristóteles Picho asumió el rol de “Pilatos”.

Amelia Ríos cuenta en su libro que desde el patio veían a un oficial que los señalaba y se reía de la escena. Pero pronto el espectáculo cambiaría porque luego de una breve comunicación con el fiscal Delgado Briones, Pilatos y Lalo comenzaron a sospechar que su loco plan de fuga era un fracaso.

Pero hicieron llegar a las autoridades dos notas. Una con sus condiciones y otra firmada por los rehenes que decía “Tengan un poquito de humanidad. Somos alrededor de 20 profesionales…no es justo que nos sacrifiquen a una muerte segura…son 15 internos que piden dos camionetas, están fuertemente armados….”.

La otra nota tenía ocho puntos y el primero pedía dos camionetas sin lunas polarizadas…”que no nos sigan porque nos llevaremos los rehenes, a los cuales eliminaremos uno a uno durante el trayecto, siempre y cuando uds.  nos sigan” (sic)  terminaban: “Una vez que botemos a los rehenes si quieren nos matan, pero déjennos en libertad”.

Otros reclusos tan fieros como los líderes, en especial Víctor Andrés Ayala (a) Carioco, decidieron pasar a la acción. Primero golpearon a un empleado y lo exhibieron ensangrentado para que clamara auxilio pero luego agarraron a un joven agente nuevo, lo levantaron frente a las cámaras y policías exigiéndole que grite.  Aterrado, Carlos Rosales no pudo articular palabra y entonces Carioco lo bañó con kerosene y le prendió fuego por dos veces seguidas, arrojándolo luego al exterior. El muchacho gateó a duras penas hasta donde los republicanos pudieron recogerlo y llevarlo a un hospital –donde moriría cinco días después por la gravedad de las quemaduras.

Hubo todavía más escenas violentas pero vale la pena contar la breve charla que tuvo Pilatos con el conocido periodista Guillermo Cortez Núñez.

Se recordará que los presos encontraron una conexión telefónica en la celda de Mosca Loca y llamaron y obligaron a los rehenes a hablar con diversas autoridades para pedirles mediación. Y buena sorpresa se llevó Cortez Núñez cuando la telefonista del diario “Expreso” le pasó una extraña llamada: “Habla Pilatos”.

Fue un diálogo de sordos que Cortez recogió en su columna diaria “Días con Huella” porque Pilatos quería el teléfono del cardenal Landázuri, de los canales de televisión.  Y dijo al final: “Si en diez minutos ni llegan las camionetas prepárense para ver en televisión como le cortamos el pescuezo al psicólogo Luis Morales”. Y colgó.

 

Mañana: Un balazo al agente Farfán, frente a cámaras

 

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