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La famosa “Comisión Vargas Llosa” (2)

El Ejército bloqueó la acción judicial para esperar a la Comisión

-“…No me hace usted ningún favor…”

¿Quién era el hombre más conocido y mediático en el Perú de 1984? Mario Vargas Llosa, sin duda. Ya la crítica nacional e internacional lo habían reconocido como gran escritor y era incluso personaje televisivo pues su programa cultural “La Torre de Babel” de Canal 5 había alcanzado altos niveles de teleaudiencia. “La guerra del fin del mundo”, su última novela, era aclamada y acababa de competir por el premio Nobel de Literatura con Gabriel García Márquez y nadie dudaba de que en un futuro cercano sería consagrado al igual que el ilustre colombiano, su antiguo amigo.

García Márquez y Vargas Llosa compitieron por el Nobel de 1982,

¿A quién se le ocurrió su nombre para formar, o presidir una comisión que investigara el drama de Uchuraccay?
El domingo 30 de enero el presidente Belaunde hizo declaraciones apresuradas, presionado por los periodistas. Y confesó sin rubor que no tenía ninguna versión oficial del tema:
“No sé nada más de lo expresado por el jefe del comando político militar de la zona, el general Roberto Noel”. Y agregó algo importante: “No bastará la investigación que debe practicar el juez y el médico forense, así como la fiscalía, sino que debe constituirse una comisión especial, que estaría presidida por el decano del Colegio de Periodistas”.(El Diario.1.183. p.2).
“El Diario” recogió el guante y dijo que también deberían estar en la Comisión los directores de los periódicos que habían perdido a sus periodistas, además de la Fiscalía, el Poder Judicial, e Parlamento y el Colegio.
La indecisión del Presidente fue aparentemente resuelta por el senador aprista Luis Alberto Sánchez y el acciopopulista Gastón Acurio quien recordó que en los Estados Unidos una comisión independiente, “Comisión Warren”, había investigado sin problemas el asesinato de John F. Kennedy.
Entonces Belaunde llamó al escritor a Palacio.
En un testimonio Vargas Llosa contó:
-“A mí (el presidente) me había ofrecido cargos. Me ofreció primero la embajada en Gran Bretaña, después la embajada en Washington, y no acepté ninguno de esos cargos. Cuando me llamó parta esto (Uchuraccay, Nota mía), me dijo: ‘Bueno, usted defiende mucho la democracia, usted dice que las instituciones deben ser defendidas. Pues lo llamo ahora para que demuestre en la práctica que una manera de defender la democracia es decir la verdad. ¡Diga usted lo que ha pasado! Usted tiene una posición independiente; el decano del Colegio de Periodistas, Mario Castro, es aprista, del partido de oposición más hostil al gobierno ; y el doctor Abraham Guzmán Figueroa es un jurista muy respetado que nada tiene que ver con el gobierno (…) Como el proceso judicial va a demorarse un año, dos años, digan ustedes al público la verdad en un mes. Si la verdad compromete a militares, pues compromete a militares”.
Vargas Llosa meditó un momento y dijo:
-“Mire, no me hace usted ningún favor llamándome para esto”.
Belaunde replicó con rapidez:
-“No lo he llamado para hacerle un favor, lo he llamado para que usted haga un favor a su país”.

-El desembarco de Mario Castro Arenas

Mario Castro era entonces director general de la cadena de diarios “Correo”, propiedad de los herederos del asesinado magnate de la pesca Luis Banchero Rossi. Había sido director cuando los militares velasquistas confiscaron la prensa y en 1980, al ser devueltos los diarios, también retornaron los antiguos directores. Entre ellos, Mario Castro.
Cuando se realizó la primera elección del flamante Colegio de Periodistas, en 1982, Castro ganó en segunda vuelta con el apoyo del Partido Aprista, al que había regresado.
Así, director de una cadena de diarios, Decano del Colegio de Periodistas del Perú, parecía el indicado para presidir la Comisión y anunció que allí estaría.
Pero ante su sorpresa el presidente Belaunde anunció públicamente que Vargas Llosa había aceptado presidirla. No pudo Castro Arenas retroceder pero al día siguiente anunció que haría una contrapropuesta. En suma, estaba vetando al escritor y proponiendo que estuvieran el Colegio de Abogados, el Colegio Médico y varias instituciones más (Ojo. 2.2.83. p.2).
Belaunde no le hizo caso y sus Compañeros de la Célula Parlamentaria Aprista tampoco acompañaron sus quejumbres.
¿Y Guzmán Figueroa?
José María Salcedo hizo una sencilla descripción del personaje: “…el doctor Abraham Guzmán Figueroa, un antiguo penalista, había conocido horas de esplendor político durante el gobierno de Odría… estaba aquejado de visible sordera (sic). Había mantenido vínculos con el médico Octavio Mongrut a quien algunos acusaban de millonarios negociados con chatarra.( Salcedo, José María. Editora Humboldt. Las tumbas de Uchuraccay.p. 167)
Y añadió: “Cuando se conoció el nombramiento del doctor Guzmán Figueroa como integrante de la comisión, los limeños de siempre empezaron con sus maledicencias: nadie creía que la avanzada edad del penalista le permitiría trepar las punas de Uchuraccay”.
Estaban equivocados: ese pequeño abogado de aspecto octogenario tenía más pulmones que Mario Castro.

Mañana: “¡A Uchuraccay señores, a Uchuraccay!!”

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