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Diálogo en una Iglesia: historia de cómo hacer el ridículo

Esta es la historia de cómo un simpático trastornado que aseguraba ser Presidente del Perú evitó que un puñado de presuntos influyentes eligiera un Presidente en 1956, omitiendo al electorado.

“Lima, 10 de Enero de 1956.

Estimado Señor (sic):

En vista de la proximidad del proceso electoral llamado a renovar los Poderes Legislativo y Ejecutivo, nos permitimos invitar a Ud. a cambiar ideas sobre la mejor forma de enfocar este problema, tan delicado y trascendental para la nacionalidad…”.

Don Pedro Cordero y Velarde, esperando el momento de participar.

La cita era para el sábado 14 y la invitación la suscribían dos personajes que representaban -presuntamente- lo mejor de las ideas y de los negocios, esto es, Luis Miró Quesada, director del otrora influyente diario “El Comercio” y Augusto N. Wiese, millonario igualmente prestigioso.

 La cita sería en la Iglesia de Santo Domingo y los invitados eran la flor y nata de la política y el capital. De allí debería salir la solución al final del Ochenio pues terminaba ya el mandato golpista, abusivo y amañado del General Manuel A. Odría y se había convocado a elecciones generales.

Acudieron una docena de personajes que bien hubieran podido reunirse en el Club Nacional para compartir ideas de cómo arreglar los problemas del Perú porque, según decía el diario Decano “…hasta ahora, no obstante de que faltan menos de cinco meses para las elecciones, el proceso electoral se presenta en forma caótica y sin plan electoral ni candidato alguno. Tales circunstancias producen la incertidumbre y la natural angustia de la ciudadanía…”.

Hubo quizá más periodistas que personajes que durante un par de horas derramaron soluciones, proponiendo al final una Convención al viejo estilo nacional que olvidaba a los electores comunes y los influyentes elegían al sucesor.

Cuando ya los bostezos y el reloj indicaban que era tiempo de retirarse, surgió desde las filas posteriores la voz aflautada de un personaje en el que muy pocos habían reparado. Era nada menos que don Pedro Cordero y Velarde, Presidente Vitalicio del Aire, Mar, Tierra y Profundidades del Perú, Apu Inca Verdadero, que esgrimiendo su periódico “El León del Pueblo” ni siquiera se molestó en pedir la palabra. Vestía su clásico atuendo presidencial, frac un poco raído pero con zapatos recién lustrados, bastón, sombrero hongo, flor en el ojal, corbata de pajarita, serio, solemne…

Don Luis, Don Augusto, Don Manongo, etc. ninguno de los organizadores se atrevió a detenerlo, Y el ya anciano y a todas luces chiflado sempiterno Presidente de la Plaza San Martín, se largó una perorata que “El Comercio” no se atrevió a recoger en su nota del día siguiente pero sí lo hizo, burlándose, su archirrival “La Prensa” de Don Pedro Beltrán, quien no fue siquiera invitado.

Los limeños se retorcieron de risa al leer que la pomposa reunión que debía haber terminado con la elección de un candidato único a satisfacción de los presentes, terminó a capazos con una tibia y gaseosa Declaración, o sea, sin resultados, gracias a la intervención del Apu Cordero y Velarde.

Guillermo Thorndike cuenta la historia con su habitual maestría y termina: “La gente carcajeó durante semanas, meses. Y casi nadie reparó que, por fin, el Apu Inca Verdadero había modificado una parte de la historia del Perú”. (“Los Apachurrantes  Años 50”. 1982. P. 87).

Finalmente hubo elecciones y ganó Manuel Prado con el apoyo del Apra, derrotando por poco al arquitecto Fernando Belaunde. Pero don Pedro Cordero y Velarde persistió en proclamar que era nuestro verdadero Presidente de Aire, Mar, Tierra y Profundidades, en prédica que continuó en el Hospital Larco Herrera pocos años después.

(Un dato final: un colega memorioso me cuenta que fueron periodistas de “La Prensa” quienes convencieron a don Pedro Cordero y Velarde de ir a la Iglesia de Santo Domingo. Le mintieron, le dijeron que había sido invitado. Y el trastornado don Pedro fue así utilizado por los “beltranistas” para ridiculizar la reunión. En suma, una broma muy, pero muy pesada…).

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