¿Cuál es, finalmente, la “prensa popular”

-El dilema de los conceptos

Las sistematizaciones siempre han sido arbitrarias y no escaparemos a la regla, porque conceptualizar y fraccionar a la llamada genéricamente “prensa popular” sigue siendo muy difícil.
No estamos solos felizmente pues contamos con una amplia batería de estudios sobre el tema propuestos por especialistas y que tuvieron las mismas interrogantes que nosotros al elegir como objeto de estudio aquella prensa que era, y es, evidentemente distinta a la otra, la formal, llamada “seria” o de referencia.
Parte de aquellos dijeron que debía llamarse “prensa popular” a la que era fruto del deseo de clases trabajadoras de exponer puntos de vista, convocar adeptos prefiriendo la propaganda a la información. Y rechazando convertirse en empresas comerciales.
Al revisar la historia de los impresos periódicos del siglo 19 comprobamos que el concepto de “lo popular” es diferente al de hoy y que por tanto no es posible adoptar una definición de aquella época… para la nuestra. Se recordará que en el Perú hay quienes reclaman que “prensa popular” debe llamarse a las hojas anarquistas primero, luego a las anarco-sindicalistas y finalmente a las obrero-sindicalistas. Las primeras florecieron en el siglo 19, las segundas participaron en las grandes batallas del siglo 20 –como la consecución de las Ocho Horas, por ejemplo- . Cerrando el ciclo las sindicales proliferaron en la medida en que la política dividió al movimiento obrero .
Se advertirá que la vieja definición no rescata expresiones de cultura popular, es decir y al igual que la prensa, no parecía existir esa “otra” cultura de expresiones artísticas por ejemplo que eran absolutamente ignoradas.
Machuca Castillo propone una definición de trabajo:

La prensa popular es toda aquella publicación escrita de circulación periódica que busca ser la representación de los sujetos y del mundo popular, que es gestado por estos mismos y además, por personas que se identifican con los intereses y conflictos de un determinado grupo, gremio o comunidad, en las que incluyen activistas de organizaciones profesionales comprometidos, que no necesariamente pertenezcan a estos sectores pero que trabajan con ellos. Esta representación implica un especial interés por los sujetos protagonistas de sus contenidos: sus problemas, sus anhelos, sus preocupaciones, sus proyectos, etc.

Entre los trabajos más conocidos sobre la prensa popular de vertiente obrera están los de Sunkel, que enlaza los temas que más tarde tratará la prensa popular masiva con un fenómeno cultural chileno conocido como “la lira popular” que enaltecía los “ídolos de masas”, en especial los de deportes –box, fútbol- y los espectáculos y las estrellas de cine. “Sugerimos que los diarios sensacionalistas desarrollados por la iniciativa empresarial a partir de la década del 20, pueden ser considerados como un sustituto de la lira popular en el nuevo contexto de una cultura popular de masas de carácter ilustrado” .

Al lado de esta prensa de temática obrerista estaba la otra, la que avanzaba hacia la empresa pero que reducía su oferta a la política partidaria aunque dedicando ya espacios cada vez más amplios a la información. Al comenzar el siglo 20 “El Comercio” defendía rezagos del viejo Civilismo, nacía en 1903 “La Prensa” del Partido Demócrata pro Piérola y luego en 1912 “La Crónica” del Civilismo pro Leguía.
“La Crónica” lucía las características de la nueva prensa masiva de gran éxito en países del norte, como los Estados Unidos, Francia, Inglaterra. Por ejemplo era de tamaño tabloide y usaba muchos fotograbados, hacía cobertura de sucesos policiales reclamando la categoría de popular pero la temática central era la tradicional, la misma de sus colegas de tamaño mayor.
Será recién en los años 40 que adquirirá reconocimiento como diario sensacionalista por su preferencia por los temas truculentos y de fácil convocatoria de lectoría..

-“La Razón”, de José Carlos Mariátegui

El primer esfuerzo importante de convertir la prensa popular obrerista en masiva fue de José Carlos Mariátegui al fundar el diario “La Razón” en 1919 recogiendo clamores obreros y luchando contra el gobierno civilista de José Pardo. No resistió a la dictadura que inauguraba Leguía y duró solamente unos pocos meses inaugurando sin embargo una línea de búsqueda de masividad a la que llamamos otra prensa popular.
Mariátegui tenía ideas claras al respecto. Cuando regresó al Perú luego de su estancia europea una de sus primeras preocupaciones fue crear periódicos y de preferencia un diario de masas porque criticaba la estrechez de miras y público de los órganos de partido:

Hace absoluta falta, por esto, dar vida a periódicos de información, dirigidos a un público muy vasto, que asuman la defensa de la civilidad y el orden nuevo (…) Estos periódicos son susceptibles de adaptación progresiva al tipo industrial si el criterio administrativo se impone al criterio docente (…) Pero de toda suerte, constituyen una empresa que es necesario acometer, sin preocuparse excesivamente de sus riesgos” .

No pudo armar la gran empresa periodística que había diseñado porque la muerte lo sorprendió a los 36 años escasos pero dejó claro que la propaganda ideológica requería del periódico de masas, partidario, lo que recién lograría realizarse en 1980 con el “El Diario Marka” que observaremos más adelante.

-La prensa que busca a las masas

Es común referirse a la prensa norteamericana masiva de mediados del siglo 19 como “prensa popular” debido a que propuso un nuevo periodismo que buscaba las lectorías masivas pues había elegido el camino empresarial. En los Estados Unidos crecieron muy rápido las grandes ciudades y las masas proletarias pronto fueron captadas por esa prensa que solo costaba un centavo, un “penny” en la moneda de entonces.
Esa prensa cambió de manera radical el sistema de producción noticiosa porque al decidir depender de la venta de espacios publicitarios requería de más lectores a los que se podía atraer con el sensacionalismo.
Esa nueva prensa alegaba estar cerca del pueblo, de sus problemas; en suma decía ser “popular”.
A partir de los años veinte proliferaron en los países vecinos diarios que califican como “sensacionalistas”. Los argentinos se habían adelantado con el famoso “Crítica” , en 1913 y que ejercería gran influencia en el periodismo latinoamericano. Un historiador lo describe: “Su intención era ser popular desde el lenguaje, evitar la solemnidad y hacer un diario para todos” pero también lo califican de “sensacionalista y demagógico, informado y ameno, aborrecible para muchos, indispensable como el pan para otros tantos” .
En Chile le sigue “Los Tiempos”, en 1922 y que también es descrito ya como sensacionalista. Sunkel interpreta su aparición: “La introducción del diario Los Tiempos en la década del 20 va a desafiar la concepción dominante de prensa en esa época por su vinculación tanto con las tradiciones populares como por su carácter innovador” . El fenómeno se repetirá en las principales ciudades

-Los diarios populares, masivos, sensacionalistas

Los diarios no se popularizan o tienen éxito solo por la voluntad de sus creadores. Hace falta una serie compleja de procesos y situaciones para que se decida su fundación y más todavía para que tenga éxito y se mantenga con el balance requerido entre la venta y la publicidad.
Por eso cuando se examina la historia del que fue diario popular y masivo, “Ultima Hora”, es necesario trazar algunas líneas para explicar que su notoriedad fue producto de un contexto político, social y cultural en general muy favorable.
El diario circuló a partir de enero de 1950. Era vespertino, se ofrecía con canillitas que voceaban sus noticias. Tenía como competencia a “La Crónica de la Tarde”, diario antiguo, rutinario, sin resonancia entre los nuevos públicos que ya formaban el tejido social limeño. Porque la ciudad no solo había crecido como consecuencia de una intensa migración sino que había cambiado porque los andinos traían un bagaje cultural que pocos supieron reconocer, y entre éstos, los jóvenes periodistas de “Ultima Hora” .
El diario logró suceso porque adoptó voces andinas en sus titulares, los editores eligieron despolitizarlo en lo nacional, promovió música y artistas de la farándula y se inclinó finalmente por el sensacionalismo, con títulos grandes y de temas a veces escandalosos .
“Ultima Hora” fue el primer diario en la nueva acepción que considera en la zona del periodismo a estos periódicos como “populares” porque son masivos (más de 100 mil ejemplares diarios era la constante tirada del vespertino en sus mejores tiempos), privilegian temáticas de poca relevancia política y social, a veces cercanos a lo vulgar y al entretenimiento simple. Y sobre todo porque los investigadores de mercados establecieron que eran adquiridos por los sectores C y D, de bajos ingresos y reconocidos genéricamente como “sectores populares”.
El siguiente diario en apostar por esa fórmula fue “Extra”, también vespertino, de 1963 y luego “Ojo” en 1968. Ambos superarían los 100 mil ejemplares diarios y fijarían el modelo.

El desarrollo natural del periodismo de prensa tuvo un obligado paréntesis en los doce años que duró el gobierno militar, entre 1968 y 1980, El proyecto de socialización de la prensa diaria masiva planteado por La “Revolución de la Fuerza Armada” resultó en fracaso y los editores emprendieron en el 80 la tarea de la reconstrucción empresarial, con la ayuda del gobierno.

El retiro de los militares y el retorno de la democracia abrieron un nuevo escenario para la política, con cambios importantes que incluyeron a los medios masivos de comunicación.
Meses antes de la devolución de loas diarios a sus antiguos propietarios, varias agrupaciones partidarias de izquierda se unieron a periodistas politizados y una pequeña empresa para fundar el ya histórico “El Diario Marka”, que circuló a partir de mayo de 1980 cuando faltaban pocos días para las elecciones generales que ganaría Fernando Belaúnde.
Poco antes, cuando se organizaba la empresa, todo el personal suscribió una declaración de principios que decía:

“Somos trabajadores de un proyecto político destinado a servir de canal de discusión al pueblo peruano, marginado de los órganos del sistema y a defender los valores socialistas, democráticos, nacionalistas y antiimperialistas” .

Este nuevo diario pertenecía entonces a la vieja vertiente, aquella de la prensa que surge como instrumento ideológico y partidario y que reclama representar los “intereses populares”.
Se reconoce a “El Diario Marka” como una gran experiencia tanto política como periodística pero que duró poco tiempo pues fue víctima de su propia pluralidad. Divididos, periodistas y políticos abandonaron el proyecto que fue a dar finalmente a manos de extremistas que le cambiaron el nombre a “El Diario. Una necesidad histórica al servicio del pueblo”.
Un nuevo, y último intento de prensa masiva popular politizada, fue el diario “La Voz” que llevaba como subtítulo “Presencia Alternativa Popular” y que promovió el experimentado periodista y político Efraín Ruiz Caro. Eran tiempos de Alfonso Barrantes y la Izquierda Unida y “La Voz” convocó a las organizaciones sindicales a conformar su Directorio. En su editorial fundacional del 19 de agosto de 1986 diría: “… La Voz nace para abrir un espacio que permita a las grandes mayorías silenciadas de nuestro país tener un canal donde dar libre curso a sus ideas y sentimientos: para devolverles la voz”.
La inflación galopante en el gobierno de Alan García y el boicot publicitario fueron los principales enemigos de la experiencia que no llegó a los tres años.
En aquellos ochentas hubo dos importantes experiencias más en la zona de los diarios.”La República” y “El Observador”, ambos de 1981. que proclamaron independencia y pluralismo pero sin avanzar a reclamar representación popular.

Los propietarios de “La República” decidieron en 1984 incursionar en el terreno del sensacionalismo franco reclamando también ser “populares”, fijando elementos gráficos y temática que permiten proponer que “El Popular” inaugura el proceso de la prensa que luego sería conocida como “prensa chicha”.
Para esa época ya los estudiosos reconocían el vigor creciente de lo llamado “chicha”. Entre ellos citaremos solamente al ilustrado Carlos Iván Degregori:
“La chicha permite la cohesión grupal de esa inmensa masa de migrantes andinos, articulados cada vez más a aquellos que no migraron, o regresaron, o se aprestan recién a migrar (…) El público limeño, criollo, ha desertado del vals criollo por la salsa como ritmo favorito de las fiestas, pero incluso ésta es derrotada por los huaynos y la chicha, que llenan coliseos y abarrotan estadios” .
“Chicha” era ya lo colorido, distinto, de gusto dudoso, no culto, desinteresado por la política, lo farandulero… atributos que se trasladaron a la prensa tabloide que floreció en la década de años 90 y que obtendría cierta relevancia política al ser utilizada por el gobierno de Alberto Fujimori para agredir a sus opositores.
Citemos solamente los títulos que con esas características aparecen luego de 1995: “El Chino”, “El Polvorín”, “El Mañanero”, “La Chuchi”, “El Palo de Susy”, “El Tío”, “El Chato”, “La Yuca” sumándose al citado “Extra” y “El Popular” el nuevo “Ajá”.

-El nuevo siglo, fijando estilos

En la primera década del presente siglo 21 ya no reconocemos ningún diario de la que llamamos antes vertiente popular”, obrerista, sindicalista, de izquierdas. Más bien fijan estilos los otros de tamaño tabloide, bajo precio, sensacionalistas, coloridos, faranduleros, practicando un periodismo que muy bien podría ser calificado como de entretenimiento simple porque suelen ser ajenos a la información relevante.
Es interesante observar que al lado de los cotidianos de referencia, sensacionalistas moderados y extremos, se ha desarrollado una prensa que suele publicarse de lunes a viernes y que privilegia para sus primeras planas el tema de la salud. Son varios cotidianos de ese estilo, que suponemos tengan venta que les permite su continuidad.
Los nuevos productos más interesantes de la década fueron sin duda los tabloides “La Primera” y “Trome” y “Perú 21”, los últimos de propiedad del grupo multimedia que controla la familia Miró Quesada.
“La Primera”, de izquierdas, no partidario, busca públicos populares pero de mayor nivel socio cultural que los otros tabloides.
“Trome”, al lanzar su primera edición en junio del 2001 con “Gisela Achorada” eligió un estilo que recuerda al vespertino “Ultima Hora” tanto en la elección de temas de poca relevancia como el uso de la replana pero renovada.
Obtuvo rápido éxito y hoy es el diario más vendido del Perú y, se afirma, el más vendido también en idioma castellano pues supera los cien mil ejemplares diarios, una cifra común hace 50 años pero muy rara hoy en día. Y dicen, como verán en la ilustración que “están en el corazón del pueblo”.

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