Pero ¿puede un pedo cambiar la historia?

-La teoría del presunto pedo Morado

Marco Aurelio Denegri, nuestro querido amigo ya fallecido, solía contar la historia de la Reina de España y sus pedos. Aquí reconstruyo la narración del inolvidable y sabio flaco:
“La Reina estaba rodeada de embajadores y notables en una solemne reunión cuando de pronto un disonante trompetazo alarmó a todos porque evidentemente provenía de la mismísima soberana, que, atribulada, enrojecía de vergüenza.
Entonces, acudiendo en su ayuda, el embajador francés dijo:
-Disculpen, algo he comido…me ha caído mal .. y no he podido controlarme…”.
Pero al rato la Reina repitió el incómodo sonido, a lo que el embajador italiano se apresuró a explicar que él también sufría de incómodas flatulencias….
El problema era que la Reina disparaba sin control y fue necesario que tres o cuatro embajadores se autoinculparan de los incontrolables y sonoros efluvios reales.
El embajador mexicano, relegado al fondo, pugnaba con desesperación por hacerse notar. Y aprovechando una pausa, exclamó:
-¡El próximo pedo es de México!”
Era un buen chiste de Denegri, es verdad, pero también es cierto que hay ventosidades que pueden alterar la historia, como veremos en el siguiente ejemplo:
El notable columnista de El Dominical Jaime Bedoya, ha trabajado en detalle la teoría de que habría sido un flamígero pedo lo que acabó con la carrera política de Julio Guzmán, el líder del Partido Morado.
La presunción es verosímil. Los restos de comida fotografiados, la presencia de numerosas velitas convocando al amor, etc. permiten presumir que alguno de los implicados puede haber disparado los gases muy cerca de una pequeña llama pero suficiente para provocar una pequeña explosión que terminó en un amago de incendio.
Pirateamos a don Jaime:
“…La frustrada descarga de un anhelo profundo explicaría el extraño desenlace de este infortunio gaseoso inmortalizado en video: correr y correr tras el deseo imposible que se nos escaba como un efluvio incontrolable (…) La imagen de un catre inmaculado y de sábanas vírgenes dan fe de que esa infausta tarde ninguno de los presentes le vio la cara a Dios. Para decirlo sin eufemismos, el deseo fue derrotado por un pedo…” (Jaime Bedoya, “Hombre en llamas”. El Dominical. 26.01.20. p. 14).
Hay muchas historias más, largas de contar. Hasta en el fútbol. En Suecia, un réferi mostró tarjeta roja y expulsó del campo al delantero Adam Lindin porque no solo alegó un error arbitral sino que en pleno reclamo soltó un ruidoso pedo que fue considerado insultante.
Y para no extenderme les dejo la ilustración de un diario local que explicó en primera página que un incendio letal en una sala de operaciones fue provocado por gases del paciente.

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