Periodistas (IV): Valdelomar

Cuando se examina el fenómeno bautizado como Nuevo Periodismo  se suele afirmar que han sido norteamericanos como Truman Capote o Tom Wolfe los que echaron mano de las herramientas literarias para contar sobre hechos reales tal como las describiría un narrador de ficción y que , sobre todo, propusieron para el periodismo el uso activo del principio de verosimilitud. “A sangre fría” de Capote es la gran obra maestra del género pues aquí el autor relata –con veracidad indiscutible- lo que pasó en la casa de la desgraciada familia Clutter. Nadie lo vio, pero es verdad.

Wolfe dijo que para hacer buen Nuevo Periodismo había que  vigilar la construcción dramática, utilizar el diálogo con generosidad, indicar con buenas descripciones el status de los personajes y manejar el punto de vista con criterio literario.

Si asumiéramos estas reglas como definitorias del Nuevo Periodismo, comprobaremos con rapidez que Abraham Valdelomar las cumplió como nadie y en fechas tan lejanas que hacen imposible cualquier nivel de influencia del país del Norte.

Al intentar dar una pincelada sobre el tipo de periodismo que practicaba nuestro cronista, prescindiremos de datos biográficos, salvo algunos elementales, remitiendo al lector a la magnífica biografía que publicó Manuel Miguel de Priego sobre el Conde de Lemos.

Valdelomar inició muy joven, en la escuela, su carrera de periodista y escritor. Lo imaginamos como un lector voraz de todo cuanto caía en sus manos, lo cual unido a una gran memoria, sensibilidad e inteligencia natural lo convirtieron rápido en el verdadero líder literario de su generación.  En el periodismo encontró entonces las mejores posibilidades de expresión y sentó las bases, seguramente sin  proponérselo, de un nuevo tipo de propuesta periodística que imprimía sello personal.

Luego de una etapa de ilustrador y caricaturista, decidió contar su experiencia en la serie de crónicas que tituló “Con la Argelina al Viento” en que la relataba, en primera persona, la vida de los reclutas y sin resistir a la tentación de introducir pinceladas de color en lo que podría haber sido un frío relato. De la primera copiamos sólo el final:

“Después, la formación y el eco sordo de la marcha. ¡Uno, dos…!¡uno…dos… uno! que se pierde bajo los sauces y va a morir entre los espesos muros de la Escuela”.

Los artículos de Valdelomar están  en los periódicos más importante de su tiempo y se cuentan por cientos y pese a que Ricardo Silva Santisteban hizo una búsqueda concienzuda y es gracias  a su esfuerzo que hoy podemos disfrutar de su lectura, es probable que todavía permanezcan algunos sin encontrar o reconocer pues los periodistas suelen no firmar muchos textos. O usar varios seudónimos, lo que era normal por entonces. Su permanencia en algún y otro cotidiano o revista fue condicionada mayormente por la política pero no avanzaremos en esto porque nos interesa ahora introducirnos en el tema de su estílística periodística. Y aquí remitimos nuevamente a la biografía que compuso Manuel Miguel de Priego.

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