Eusebio “Chato” Grados

-Joyas literarias criollas

Pocos artistas populares peruanos (¿o quizá ninguno?) han recibido los homenajes que tuvo en vida Eusebio Grados, cerreño, cantante vernacular, rey del huaylash pese a no ser huancaíno: “Patrimonio Cultural Vivo” (Instituto Nacional de Cultura, 2005) y “Personalidad Meritoria de la Cultura” (Ministerio de Cultura, 2005). Y solo mencionamos los galardones más importantes.

Murió hace poco con escasos 66 años cumplidos pero con una historia de la que igualmente pocos pueden jactarse: migrar a Lima sin un centavo y a fuerza de cantar y bailar volverse famoso y reconocido en medio mundo.

¿Cuál era su secreto? Su empatía con las multitudes, su capacidad de transmitir alegría con sus canciones, su entusiasta zapateo y, sobre todo, su canción inolvidable: El “Pío Pío”.

Todos los diarios le dedicaron obituarios elogiosos, y hasta páginas completas. Y si no hubiera sido por la cuarentena, por la pandemia, su sepelio habría convocado multitudes.

Pero no hemos leído que el Chato Grados publicó un libro de Memorias: “Eusebio ‘Chato’ Grados. El Rey del PIO PIO y los personajes que marcaron su vida. Memorias. Planeta Perú. 2008. Lima), donde detalló su historia, agradeció a quienes lo ayudaron y recordó a quienes lo estafaron, insultaron, mintieron sobre su vida, ajustando cuentas pero con elegancia porque luego de narrar la historia añadió que los perdonaba y les deseaba éxitos -salvo excepciones.

Luego de darnos los datos de su familia, su trabajo de minero, la historia se vuelve interesante cuando llega a Lima para buscar trabajo pero tropieza con problemas al perder la dirección de quien debía recibirlo y acogerlo:

“Sin otra alternativa deambulé por esas calles de Dios, hasta que tropecé de pronto con el Parque de la Reserva, convertido en un hotel destechado de harapientos mendigos y en refugio de fogosos enamorados que eran fáciles víctimas de los ladrones cuando perdían la conciencia (…) lo primeros en tenderme la mano fueron los pordioseros del parque…”.

No faltan episodios poco verosímiles. Por ejemplo, un Encuentro de Tercer Tipo en una noche en Ticlio (4,800 metros de altitud) cuando vio, cuenta, que entre dos “nevadas cimas emergía un bólido profusamente iluminado por poderosos reflectores multicolores”. Y agrega que el artefacto se posó a su lado, se abrió una puerta y se vio impelido a entrar, viendo a un hombrón que maniobró para partir “…en ese preciso momento perdí el conocimiento y cuando lo recuperé me hallé frente a mi casa tres días después…”.

En Lima su éxito fue rápido, ganó concursos, atrajo atención de empresarios y público, hizo televisión, fundó grupos como “La Pandilla del Folklore”, formó a los Super Mañaneros y Las Chicas Mañaneras para sus espectáculos. Su fama llegó a las comunidades peruanas en los Estados Unidos y en 1993 viajaron para ofrecer conciertos en Miami, New Jersey (Paterson, por supuesto) , Los Angeles, Utah (?).

Entre las muchas cosas que cuenta vale destacar el viaje a Corea del Norte en 1989. Dicho país organizaba el “Encuentro Mundial de la Canción Folklórica y Celebración de la Primavera” en fecha que coincidía con el cumpleaños del mariscal Kim Il Sung y varios artistas fueron invitados. Fueron, entre otros, el Chato Grados, Pastorita Huaracina, Amanda Portales, que cantaron en presencia del mismísimo y legendario líder.

Casi al final, nuestro cantante arremete contra Magaly Medina por recibir en su programa a una señora que lo describió como “alcohólico, drogadicto y homosexual”. Y también contra “Chibolín”, “un sinvergüenza de siete suelas”.

Pero sus peores dardos van hacia la Medina: “…afirman (…) que el día que Magaly llegue a las puertas del infierno, Satanás le obsequiará un inagotable tonelaje de leña para que se queme por cuenta propia fuera de ese siniestro antro lejos, muy lejos de allí. Satanás prefiere estar solo que mal acompañado”.

En fin, las memorias del cantante y compositor son entretenidas y nos devela, como en los casos de memorias que hemos reseñado antes, aspectos del mundo de la farándula pero en la zona que llamamos vernacular, de aires andinos.

Si el lector ha llegado hasta aquí, no puede dejar de ver y escuchar al Chato Grados y su inolvidable Pío Pío:

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