“Mi nombre es Gisela” – “La Señito”

“La Señito”, de don Carlos Vidal, es un libro prohibido, no puede ser vendido porque Gisela Valcárcel logró en 1996 una medida judicial cautelar que impidió su circulación y venta. ¿Por qué? Porque según dictaminó el juez el texto de Carlos Vidal violaba el derecho a la intimidad de la artista.

Pero la persecución judicial no ha podido impedir que “La Señito” pulule todavía en los recovecos del jirón Quilca.

La hoy famosa artista, cuya extensa biografía puede hallarse mejor contada en muchos lugares de Internet (incluyendo Wikipedia) también publicó sus memorias años después, con la ayuda profesional de Mávila Huertas (“Mi nombre es Gisela. Santillana. 2005. Lima).

Nadie dudará de las virtudes artísticas y empresariales de doña Gisela, conocida en el mundo artístico y popular como “la señito”. Comenzó con un breve papel en un teatro en 1981 (ligera de ropas cruzaba el escenario y decía en voz alta “Ave César”) y ha llegado al renombre gracias a su empeño, gracia y talento. Hoy tiene negocios, la mayoría de los artistas criollos quisieran estar en sus programas y podemos afirmar que es una mujer de éxito.

Pero en su agitada vida artística ha tropezado varias veces con un problema: carece de suerte en el amor y justamente el citado Vidal es uno de sus fiascos. No fue el primero. Seguramente se recordará que su boda con el simpático futbolista Roberto Martínez acaparó el rating pero el romance solo duró tres años por razones que no menciona en su libro: “El proceso de divorcio fue pacífico. La noticia, lejos de entristecer, alegró a muchas personas…”.

No puede perdonar a Carlos Vidal y su libro y le dedica un párrafo: “…quiero pensar que él no lo escribió… sentí rabia, pena y desilusión. El libro estaba lleno de mentiras y mis abogados intervinieron. Él, entre tanto, parecía no entender la magnitud de lo que había hecho”.

Más adelante tuvo otro tropiezo: se enamoró de Javier Carmona, el gerente de Canal 2 y tuvieron una grata relación de algunos años hasta que decidieron casarse. Fue un nuevo error porque Carmona se enamoró de una artista de la competencia que ya estaba en avanzado estado de embarazo cuando Gisela le pidió el divorcio. El matrimonio solo duró ocho escasos meses.

¿Y Carlitos Vidal? Hace poco fue entrevistado y contó que decidió migrar a los Estados Unidos porque en Lima le hacían la vida insoportable. El video puede verse en Youtube.

¿Quién es ese sujeto? Buen mozo entonces (ahora da pena), consiguió trabajo de modelo para comerciales de gaseosas, Bancos, cigarrillos hasta que logró algunas líneas en programas de televisión y tuvo la suerte de ser contratado como modelo del nuevo programa de Gisela “Okay!”.

Hizo buena amistad con la diva, lo que poco a poco se fue convirtiendo en amor que los llevó a ser amantes.

Todo lo relata Vidal con detalles excesivos. Y cito solo un parrafito, de los más discretos: “Llegamos a unirnos sin ningún tipo de contemplaciones. Mi mundo se llenó de ella y ella del mío, hasta que las sábanas se rindieron a nuestros orgasmos conjugados con caricias y ternuras, que creímos durarían para siempre”.

Escuchando a Vidal en la entrevista es fácil colegir que no es hombre de muchas luces y menos de letras y sin duda debió necesitar la ayuda de un profesional para la narración porque el libro no está mal escrito. Los editores (“San Borja Ediciones”) creyeron seguramente que habían encontrado una veta interesante. Y para seducir al lector escriben en el prólogo:”¿Cómo fue la historia de amor entre Gisela y su joven modelo? ¿Por qué el romance terminó de la noche a la mañana? Estas son apenas un par de preguntas que Carlos Vidal resuelve en “La Señito”?

Fueron años felices, dice Vidal, que no termina de contar la historia porque al final promete el Tomo II titulado: “Gisela no pasaba a Mónica y la indisponía con sus amigas”.

La Señito no pudo tolerar la divulgación de los episodios subidos de tono que menudean en el libro y convocó a sus abogados para impedir su circulación. En su furia logró que la recibiera Vladimiro Montesinos, el personaje más influyente en el Perú de los años 90s) quien escuchó amablemente sus cuitas y le prometió ayuda en sus juicios (todo lo cual consta en un “vladivideo” .Y Gisela tenía razón porque no se debe contar lo que cuenta y por último solo un imbécil no respeta la vieja máxima: “Los caballeros no tienen memoria”. Y menos para vender su historia en ocho soles en Kioscos y librerías.

(Que nos perdone Gisela pero enviaremos el librito a la Biblioteca Nacional para que los futuros biógrafos de la diva lo consideren por lo menos en la bibliografía).

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