El Huáscar, chileno… (II)

-La epopeya del Manco Capac

Capturado por Chile, repetimos, el monitor Huáscar fue llevado primero a Antofagasta y luego a Valparaíso, donde fue recibido con ovaciones de una multitud, cañonazos, banderas, discursos, himnos, condecoraciones a los vencedores, ascensos…

No hubo necesidad de remolcarlo luego de Angamos pues, para suerte de los chilenos, las máquinas casi no sufrieron averías. Los daños principales estaban en la cubierta y los cañones, todo lo cual fue reparado con tanta prontitud que en pocas semanas pudo ser habilitado para combatir. Pero primero había que exhibirlo y entonces lo llevaron a varios puertos enarbolando una gran bandera que lo consagraba como chileno.

El Huáscar en reparación por los chilenos

Fue incorporado a la armada sureña bajo el comando del capitán de fragata Manuel Thompson, muy experimentado y orgulloso, claro, de ocupar el lugar de Grau.

Así, en febrero de 1880, se unió a la corbeta Magallanes para iniciar el bloqueo y ataque del puerto peruano de Arica, que tenía como defensa principal varios cañones en el Morro apuntando hacia el mar.

El cañoneo entre ambos bandos fue largo y fue evidente desde el primer día que los peruanos habían elegido como blanco principal al Huáscar.

El Perú había enviado al sur al casi inútil monitor Manco Capac, comprado hacía varios años a los Estados Unidos junto con su gemelo Atahualpa. Había sido una pésima adquisición pues tuvieron que ser remolcados desde la costa Este del país del norte tardando en llegar al Callao ¡16 meses!

Luciendo bandera chilena, el Huáscar en exhibición en puertos del sur

Al iniciarse la guerra lo llevaron a Arica para utilizarlo como batería flotante pues pese a que casi no podía navegar tenía poderosos cañones que bien podían hacer estragos en el enemigo, como veremos ahora.

El 27 de febrero comenzó temprano el cañoneo y para sorpresa general, el Manco Capac comenzó a moverse en dirección al Huáscar. El corresponsal del Mercurio escribiría “De repente se notó a bordo de la Magallanes que el Manco-Capac , anclado a la derecha del Morro, dejaba su fondeadero i se dirigía hacia el Huáscar, con el objeto evidente de arrastrarlo a un nuevo combate (…) El comandante Condell (de la Magallanes) fue inmediatamente  a bordo de su buque (…) y las dos naves chilenas levaron apresuradamente sus anclas”.

“El Manco-Capac, mientras tanto (continúa el periodista chileno) permaneció largo rato parado i en observación, al norte de la isla del Alacrán, esperando sin duda que se le acercasen nuestros buques; pero el Huáscar, aunque con su ancla izada i la máquina lista, no se movía, dejando que el Manco Capac se le acercase mas i mas a fin de separarlo de las baterías. La Magallanes hizo entonces rumbo a toda fuerza sobre el  monitor peruano, i de una vez a tiro rompió sobre él un vivo fuego con sus dos cañones de a 70 i el de a 115… pero el Manco Capac, desdeñando contestar los tiros de la cañonera chilena, que no podía hacer mella en su gruesa coraza, o conociendo que no podía alcanzarlo con sus cañones de ánima lisa, no contestaba los fuegos i continuaba navegando en dirección al Huáscar”.

(Debemos agregar que el Manco Capac solo lograba navegar a poco más de dos nudos, unos cinco kilómetros por hora).

Luego de varias maniobras, el monitor peruano logró colocarse a 200 metros del Huáscar “i con sus grandes cañones de bala esférica de 500 libras, lanzaba sobre su adversario repetidos disparos que resonaban con estrepitoso fragor contra los flancos de nuestra nave”.

A las dos de la tarde un cañonazo del Manco Capac acertó en la torre de control del Huáscar matando al comandante Thompson, de la misma forma que los chilenos mataron a Grau: “…La muerte fue instantánea -describe el periodista- no quedando mas restos del comandante del Huáscar que el brazo derecho y la cabeza. El cuerpo, reducido a menudos fragmentos, sembró de sangre la toldilla i parte de la cubierta, pero el rostro conservó la misma expresión serena que lo animó desde el principio del combate…”.

La batalla por Arica siguió por semanas y el Manco Capac castigó todavía más a los invasores, le acertó al blindado Cochrane matando algunos marinos, otro cañonazo casi hunde a la Covadonga, que tuvo que huir del combate. Y así hasta la toma del legendario morro el 7 de junio de aquel 1880. Entonces, el capitán del Manco Capac peruano, José Sánchez Lagomarsino, ordenó el hundimiento de su navío. Y allí, al pie del morro, yacen los restos del casco del monitor, que muchos años después fueron encontrados por buzos chilenos.

El Huáscar fue reparado y enviado al bloqueo del Callao en mayo del 81. El resto de la historia ya es muy conocido.

(Agregamos un breve reportaje chileno sobre el Huáscar. Vale la pena verlo y admirarse de como aquel pequeño navío, gracias al Almirante Grau, hizo temer a Chile):

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