«MITO Y VERDAD de los diarios de Lima» (Dos)

La vieja fachada de Expreso y Extra. Imagen del día de la primera toma. Octubre de 1968.

“¿Dónde puedo conseguir su libro… ese de Mito, de las historias de los periódicos?” me han preguntado más de una vez algunos jóvenes tesistas. Y me pregunto a la vez adónde habrán ido a parar aquellos cinco mil ejemplares que el entusiasta Mariátegui pensó que harían un buen negocio, hace ya medio siglo. Estarán en estantes de colegas, en bibliotecas, en remates de libros y usados, quizá en alguna librería de viejo en los jirones Amazonas, o Quilca.  Yo solo tengo dos, aunque parezca mentira.

Cuando se publicó “Mito” en 1972 ya habían sucedido cosas importantes para el periodismo y los periodistas porque los generales de la “Revolución de la Fuerza Armada” que lideraba el general Velasco Alvarado desde 1968 no tenían paciencia ni correa para soportar el alud de críticas que los Miró Quesada, Ulloa, Banchero lanzaban cada vez que se promulgaba una reforma. Y tenían además un proyecto para el destino de los medios masivos, aunque esto no se reveló hasta 1972 cuando publicaron su proyecto de reforma de la educación.

Expreso había sido el más agresivo ganándose la primera clausura el 31 de aquel octubre; y más tarde, persistiendo en la crítica y la burla (Sofocleto motejó de “King Kong” a Velasco), fue finalmente expropiado y entregado en marzo de 1970 a sus trabajadores organizados en un “Frente Único”, es decir, periodistas, gráficos y administrativos que apoyaban con entusiasmo las reformas. Y se comenzó a organizar la cooperativa “Prensa y Pueblo” como futura propietaria de la empresa.

¿Dónde estaba Gargurevich en medio de tal enredo? se preguntará algún lector. Yo estaba a cargo del otrora vespertino Extra que había pasado a la mañana por razones técnicas. Nos iba bien, vendíamos un promedio de 120 mil con clara política editorial: nada de política, énfasis en farándula, interés humano, seguimiento de crímenes y juicios, etc.

Pero cuando los periodistas se dividieron y yo protesté por alguna actitud de la Federación de Periodistas, los dueños de la empresa sospecharon que estaba alineado con los agresivos sindicalistas del Frente Único… ¡y me despidieron! Me cerraron la puerta en las narices ante mi absoluta sorpresa. Ni siquiera me dejaron entrar a sacar mis bártulos. Era enero de 1970.

Recién entonces supe que hacía ya tiempo que los líderes sindicales tramaban la toma de la empresa con los militares y hasta con el propio general Velasco. Yo no estaba enterado de nada y fue el inolvidable y generoso Efraín Ruiz Caro quien me puso al tanto y procuró conseguirme empleo en algún ministerio (historia anecdótica que ya les contaré otro día)

Volví cuando el gobierno expropió la empresa el 3 de marzo de 1970 y los nuevos directivos, los trabajadores, me repusieron en el cargo. Todos los detalles de dicha experiencia están relatados en “Mito”, que ojalá vean, lean, en alguna biblioteca.

Pasé luego a Expreso y a fines de 1971 renuncié y comencé a escribir el libro porque, como ya se ha dicho muchas veces, era una historia que merecía ser contada.

¿Y los periodistas? Siempre hemos estado divididos. Y en aquel entonces la separación se hizo más profunda que nunca. Me temo que hasta ahora.

Mañana: ¿Y qué dice el libro?

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