Archivo del Autor: Juan Gargurevich

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Cuando los periodistas hacen de mendigo, loco o de p…

En 1961 Isaac Felipe Montoro se disfrazó para incursionar en el sórdido mundo de los mendigos de Lima; en 1984 José María Salcedo simuló estar loco para pasear a sus anchas en el hospital Larco Herrera; en 1992 Consuelo Chirre salió a la avenida Arequipa por varias noches aparentando ser prostituta. Y todo para lograr buenas historias para contar que no tenían necesariamente intención de denuncia. Los historiadores del periodismo ha rastreado el origen de este periodismo –que luego fue llamado “Nuevo Periodismo”- que debía ir más allá de la cobertura simple y cotidiana para saber y luego mostrar lo invisible a los ojos de las personas comunes y corrientes.

Chema loco

José María Salcedo hizo de loco. (Foto Carlos Domínguez- DESCO)

Entre los pioneros de este tipo de búsquedas está nada menos que el célebre Charles Dickens que, en 1836, con solo 21 años, recibió el encargo de “The Morning Chronicle” de abandonar las coberturas políticas para buscar historias en la sordidez del Londres desconocido. Sus relatos tuvieron gran éxito y es probable que fueran la semilla de sus posteriores novelas.

A partir de entonces la lista de reporteros que lograron fama por sus trabajos de “inmersión” es larga aunque, es necesario decirlo, tenemos referencias amplias del periodismo norteamericano pero escasas del europeo.

Por ejemplo conocemos los casos de Nellie Bly, reportera del “World” de Pulitzer, que logró pasar por demente, ser internada en un manicomio neoyorkino para después publicar una demoledora serie denunciando las terribles condiciones de los enfermos.

Dos periodistas que andando los años serían famosos tuvieron experiencias parecidas en los bajos mundos de Londres y París. En 1902, el entonces reportero Jack London pretendía viajar a Sudáfrica para cubrir la guerra de los bóers, en Africa del sur, pero quedó varado en Londres por varios meses esperando inútilmente hasta que se le ocurrió hacerse pasar por marinero desempleado y vivir como mendigo.

La experiencia fue contada en el libro “El pueblo del abismo” (“The People of the Abyss”) y provocó gran conmoción. En su Introducción escribió: “Viví las experiencias recogidas en este volumen en el verano de 1902. Bajé a los submundos de Londres con una actitud mental propia de un explorador.  Estaba abierto a ser más convencido por lo que vieran mis propios ojos que por las enseñanzas de esos que fueron y vieron antes que yo”.

El otro caso es George Orwell, el autor de “1984” (se llamaba realmente Eric Blair) , que en 1931 pasó penurias de mendigo en París y Londres para luego cronicarlas y publicarlas, bajo el título de “Down and Out in Paris and London” (en la edición en castellano se llama “Sin blanca en París y Londres”.  Al final de su relato dijo :”A pesar de todo, algo he aprendido. Nunca volveré a pensar que los vagabundos son malhechores borrachos, ni esperaré que un mendigo se sienta agradecido cuando le dé un penique, ni me sorprenderá que a los desempleados les falten energías, ni haré donativos al Ejército de Salvación, ni empeñaré mi ropa, ni rechazaré un folleto por la calle, ni disfrutaré de una comida en un restaurante pequeño. Por algo se empieza”.

Un relato famoso es el del norteamericano Hunter Thompson, que ingresó a la temible banda de motociclistas “Angeles del Infierno” compartiendo una vida de alcohol, drogas y latrocinio para luego contarle en crónicas que le valieron una terrible paliza de sus antiguos compañeros de ruta. De Europa conocemos al famoso alemán Gunter Walraff  que planteó la fórmula “Hay que enmascararse para desenmascarar” y  que viene practicando desde los años 60.  Quizá su libro más conocido sea “Cabeza de turco”, donde contó cómo se disfrazó para conocer y luego contar las penurias de los migrantes turcos en Europa y en especialmente en Alemania: “Encargué a un especialista que me fabricara dos finas lentillas de contacto, de color muy oscuro… me encasqueté una peluca negra para mis entonces ya ralos cabellos, lo que me hizo parecer varios años más joven”. Luego se lanzó a buscar trabajo recogiendo información que luego se publicaría en el diario “Bild”.

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