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“Trueno Comunicacional” en Caracas

Será interesante sin duda, observar los efectos del “Trueno Comunicacional” que se desatará en Caracas en los próximos días y que tendrá como protagonistas a escolares.
Este novedoso “Trueno” venezolano, creativo aporte a la comunicación alternativa, no es otra cosa que una guerra de guerrillas ideada, dice la Ministra de Comunicación Tania Díaz “para democratizar la información que se difunde y contrarrestar el poder de los medios privados”.
La guerrilla consistirá, según los despachos, en repartir volantes, perifonear y empapelar con mensajes zonas públicas de gran concentración pública y los “guerrilleros” será escolares que recibirán entrenamiento previo.
“Comunicar, movilizar, organizar” es la consigna de la novedosa milicia.
La interrogante que surge al leer esta noticia es simple: ¿las cosas han llegado a extremo tal que se hace necesario que un pequeño ejército de comunicadores estudiantiles salga a las calles para “informar de forma veraz y oportuna”?.
Todos sabemos que allá en Venezuela y en particular en Caracas se ha desatado una batalla ideológica de proporciones. Los venezolanos se han dividido más que nunca y asumen posiciones extremas que llegan hasta la violencia.
Y uno de esos métodos violentos es el rumor. Caracas es sacudida constantemente por rumores y por los llamados “operativos sicosociales” que difunden informaciones inverosímiles pero que son aceptadas y rebotadas por aquellos que creen cualquier cosa que sea anti-Chávez.
Incluso -se ha recordado hace poco- han echado mano de rumores que circularon en Cuba en los años iniciales de la Revolución, como aquel que afirma que en cualquier momento se dictará el Decreto que arrebata la patria-potestá de los niños a sus padres y la concede al Estado. O sea, que los padres deberán entregar sus hijitos al gobierno.
Semejante mentira causaría risa si no fuera porque hubo mucha gente que efectivamente decidió su salida de Cuba por el temor a que les arrebaten a los niños. No sabemos si se habrá llegado a este extremo en Venezuela, pero nos consta que circuló hace unos meses un “proyecto” de decreto de Patria Potestá que tuvo amplia difusión por Internet.
Y así decenas de rumores que son muy difíciles de contrarrestar porque la polarización de los medios ha afectado de manera severa la credibilidad de ambos. “¿A quién creerle?” nos comentaba un colega que había pasado por Caracas y presenciado la ardorosa guerra mediática con interés neutral.
Ambos bandos, oposición y gobierno, concuerdan en la importancia capital de los medios masivos y la necesidad de una vía alternativa que salte la barrera de los acorazados mediáticos que se enfrentan ahora.
El gobierno ha propuesto el “Trueno Comunicacional”. Veremos que plantea la oposición.

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-Los negritos y los medios

En 1953 el popular vespertino Ultima Hora hizo un concurso de tiras cómicas. Ya había ese periódico conmovido el ambiente cuando decidió cancelar las historietas extranjeras (aquellas del King Features Syndicate, entre otras) y reemplazarlas por nacionales. Fue el histórico 12 de setiembre de 1952, consagrado como “Día de la Historieta Peruana”.
En el concurso citado ganó Hernán Bartra, un joven loretano que presentó a “Boquellanta” quizá el primer negrito en ser mostrado en los medios peruanos.
Era un niño negrísimo, de labios redondos y abultados, que sufría por el amor a una inalcanzable niña blanca.
Bartra se cuidó de no ridiculizar a Boquellanta, tal como se hacía regularmente en otros espacios. Era un chico de barrio, vivaracho y ocurrente que soportaba con humor las bromas de sus amigos.
Debemos recordar que fue el cine norteamericano quien difundió la imagen esteriotipada del moreno ocioso, temeroso, risible, desde las primeras producciones del cine mudo y luego con las películas sonoras. Para reírse de las torpezas de alguien, el personaje siempre era un negrito, como en aquella pandilla famosa (“Our Gang” en su versión original) de los años 40 y que capitaneaba Spanky. En su versión final, de otro nombre, La Pandilla estaba integrada por niños blancos y negros por igual.
Los negros eran bien recibidos como personajes cómicos pero no llegaban a los grandes teatros y mucho menos a Broadway. Entonces el famoso cantante judío Al Jolson tuvo la idea de pintarse de negro y solo así fue posible que un “negro” cantara en la calle 42.
En el teatro de varieté latinoamericano y en particular en el de Cuba eran infaltables dos personajes: el Gallego y el Negrito. El primero era verdadero, el segundo falso, es decir, era un blanco pintado de negro.
(A Lima vino varias veces el espectáculo de varieté del popular Carlos Pous, quien era que hacía de “negrito”).
Cuando Hollywood retrocedió en su práctica racista ya el daño estaba hecho y en muchos países el esteriotipo quedó marcado por mucho tiempo. Como en el Perú, por ejemplo, con el personaje de “Tribilín” del programa sabatino de Augusto Ferrando. Era la personificación del negrito gracioso, cunda pero ignorante, perfecto para tomaduras de pelo que Ferrando con frecuencia las hacía desagradables.
Todo esto tiene que ver con la suspensión del personaje del “Negro Mama “ del programa cómico de Canal 2 y en el que nuevamente se fijaba el esteriotipo con que se ha marcado a la negritud y que tantos años ha costado combatir.
La decisión de la suspensión es correcta y no tiene nada que ver con la libertad de expresión, como dice el chistoso que conduce l programa. Tiene que ver, ni más ni menos, que con la decencia elemental.

Irreverencias periodísticas: le tocó al Cardenal


¡Cuidado con el Otorongo!
Hacía muchos años que una caricatura no lograba escandalizar a nuestra Iglesia.
Lo ha logrado hace pocos dìas el suplemento humorìstico “El Otorongo” del diario Peru21.
Un efecto parecido tuvo el celebrado dibujo que publicó el gran poeta Alejandro
Romualdo, “Xanno”, en el semanario “Pan” de AlfonsoTealdo.
Fue a propósito de la Feria de Octubre y la edición del 21 de octubre de 1949
mostró la caricatura de Pedro Beltràn, el dueño del diario “La Prensa”, colgado
de la cruz y con una leyenda que decía “El Señor de los Mil Agros”.
Llovieron las protestas pero el dibujo causó sensación y elevó a la fama a “Xanno”.
Ahora, el semanario de Peru21 publica una caricatura de Alan Garcìa colgado como en aquel entonces Pedro Beltrán. Pero seguramente lo que más debe haber
molestado al ministro Rafael Rey es la presencia del Cardenal diciendo “¡Dejad
que los niños vengan a mí!” en alusión evidente a los problemas recientes de la
Iglesia con el tema de la pedofilia.
“El Otorongo” no se detuvo ahí y siguió aporreando al Cardenal en páginas
interiores como en la serie en que observa con calma y sin alterarse en la TV
las imágenes de Rómulo León, Crousillat, el Papa amordazado pero salta de
indignaciòn cuando aparece el ministro de Salud.
Y Heduardo tambièn le da su chiquita, de yapa, vistièndolo de Centurión y
pidiendo que crucifiquen a Ugarte.
Rafael Rey envió una carta de queja al periódico que, sabiamente, comentó coin
sencillez: “Lamentamos que el ministro se sienta ofendido”.

Las revistas de Lima


La permanencia en el mercado de varias revistas y el nacimiento de otras ¿no desmiente la creciente ola de predicciones que aterrorizan a algunos periodistas? Basta visitar cualquier kiosco y comprobar que la oferta de publicaciones no diarias es abundante, para todos los gustos y bolsillos.
Plantándole cara a esos vaticinios, un grupo de jóvenes acaba de lanzar “El Grito” con al apellido de “una revista para todos”. Con optimismo los editores confían en ser escuchados, o leídos y plantean algo que disuena con el discurso de los mercaderes: “creemos que hay un público interesado en profundizar en temas sociales, interesado en cuestionar la realidad, interesado en comprender lo que sucede a nuestro alrededor”. Y poniendo manos a la obra han dedicado su número inicial al tema de “¡Elites! Quién es quién!”.
“El Grito” ofrece una edición impecable, buenas fotos, firmas inteligentes y textos provocadores. Esperemos que griten por mucho tiempo.
Hay que citar también “Poder”, mensuario de Televisa en versión nacional, que combina notas internacionales con textos del mejor periodismo de investigación de Ricardo Uceda y otros. En números anteriores hemos visto, por ejemplo, la mejor disección que se ha hecho últimamente del Partido Aprista probando la influencia decisiva que mantiene Agustín Mantilla. En la última edición se describe la batalla fenomenal por la propiedad del Jockey Plaza, con graves denuncias de fraudes y sinvergüencerías dignas de cualquier página policial.
Buscando fijar un mercado masculino A y B se defiende “Fausto” del grupo de El Comercio y que se autodescribe “para el hombre peruano… entre 35 y 55 años”, en lo que probablemente sea lo que llaman los expertos un “nicho” es decir, una zona diferenciada que compra determinados productos. No ha logrado peso periodístico y no se acerca todavía a, por ejemplo, “Soho” de Colombia. Pero ahí están las bellas que es probable que atraigan lectores.
“Cosas” está cumpliendo 20 años, nada menos, afianzando una línea y mercados de cierta exclusividad que hace muchos años identificó y fijó la recordada “Hola” de España. Mezcla actualidad, promueve a las “socialités” de la comarca, entrevista ejecutivos, proponiendo en fin un mundillo de clases A yB que a muchos parece trivial.
La zona académica y política la preside desde hace años la revista “Quehacer” de la conocida Desco y que en cada edición plantea referencias sobre temas claves de la actualidad. Su sección “Poder y sociedad” es indispensable para quienes observan con visión crítica acontecimientos que otros obvian. En la última edición hay un texto de Marcel Velásquez sobre nuestras universidades, que no debiéramos perder.
Finalmente citemos a “Etiqueta Negra” de buen nuevo periodismo, impecablemente editada aunque algunas ediciones últimas no han ofrecido la densidad y calidad de antaño.

Ahora, en el Club de Periodistas

Del Plomo al Twitter…

-Word, Blogs, Twitter, Google, Photoshop…

Cuando nació la radiodifusión, allá por los remotos años 20 del siglo 19, los diarios pensaron que su fin había llegado. Y es que crecía el número de oyentes de manera extraordinaria porque el nuevo medio se convirtió muy rápido en masivo y comenzó a transmitir noticias, algo que había sido por siglos (no menos de 500 años!) privilegio, zona exclusiva de la prensa escrita.
Cuando la radio irrumpió en la vida, los dueños de periódicos trataron con denuedo de impedir que propagara novedades. Como esto no fue posible, negaron sus textos al nuevo medio y finalmente cuando las emisoras formaron sus propios equipos de prensa y lanzaron noticias por su cuenta se vieron obligados a reconocer su existencia y hacerle sitio a este formidable competidor.
Pero la radio misma se sintió amenazada cuando apareció la televisión, que tenía como enorme ventaja la imagen. Y entonces, tanto la prensa como la radio, debieron arrimarse un poco más para admitir a este intruso que por poco no descalabra a la segunda.
La prensa sin embargo siguió siendo dueña y señora del periodismo, la referencia; y los periodistas continuaron con su rutina de recoger, editar y difundir noticias como lo habían hecho toda la vida. Igual que, por ejemplo, los subrostanis que vendían noticias en el Foro de Roma, debajo del Rostrum desde los tiempos de César…
El imperio de Gutenberg ha durado, como dijimos arriba, 500 años. Consiste -porque no ha desaparecido todavía- en entintar tipografía, un texto, y presionar encima un papel para imprimirlo. Con múltiples variables y mejoras, esto ha sido básicamente lo que inventó el gran impresor de Maguncia.
La última etapa del reinado gutenberiano es la llamada “de plomo” y que fue precisamente la que dominaba cuando hicimos nuestra entrada al periodismo. “La Edad de Plomo” la llamó con acierto Guillermo Thorndike en un texto autobiográfico. Al final de la cadena de producción estaban las rotativas, verdaderas locomotoras del periodismo cuyo proceso de producción condicionaba necesariamente al proceso periodístico en modelos de presentación (titulares), fotos (limitaciones de los fotograbados), géneros (al cuidar la extensión), límites severos para el cierre de edición, etc.
Hoy esto ha desaparecido y la prensa diaria no oculta su angustia ante los nuevos métodos de hacer periodismo, esto es, recoger información sin problemas de hors de cierre, procesarla en computadoras y difundirla sin utilizar una sola gota de tinta a través de este nuevo medio que nació hace escasos 40 años y la WWW, recién llegada hace poco más de veinte años.

Club de Periodistas, por la unidad


Los fundadores del Club de Periodistas del Perú, CPP, allá en los años 60, colegas de tanto relieve como Alejandro Borboy, Pepe Velásquez y otros, debieron pensar en lo difícil que era reunir a los periodistas y entonces concibieron una organización ajena a la religión, la política, el sindicalismo, en fin, de todo aquello que separa a las personas y más todavía… a los periodistas.
En el año de fundación, 1963, existían dos instituciones fuertes. La Federación de Periodistas del Perú, FPP, con visión sindical; y la Asociación Nacional de Periodistas, ANP, de menores aspiraciones pero de intención gremial. Estaban pues los periodistas divididos porque no era posible pertenecer a ambas y el Colegio de Periodistas era una ambición antigua que se veía muy difícil de concretar.
Algo importante de señalar es que la profesión de “Periodista” no existía formalmente. En nuestras Libretas Electorales se leía simplemente “Empleado”.
Cuando se fundó el Club de Periodistas se salía de un gobierno militar, aquel que en 1962 impidió que Haya de la Torre fuera Presidente. Y se había elegido a Fernando Belaunde Terry, quien por entonces encarnaba el liberalismo y prometió la fundación del Colegio, dando un paso decisivo cuando promovió y promulgó la famosa Ley 15630 que en su primer artículo proclamaba: “Reconócese en todo el país la profesión de Periodista”.
Los mayorcitos recordamos con emoción aquella mañana de 1965 en que Belaunde Terry abrió las puertas de Palacio para recibir a todo aquel que exhibiera un carnet así fuera del “Pan del Alma”. Nos juntamos una multitud de colegas que aplaudimos con entusiasmo el excelente discurso del presidente Belaunde, quien adoraba las frases y siempre tenía alguna para comenzar, para impactar. La frase en aquel recordado día fue: “La libertad de prensa es como la cruz. Partida, es solo un pedazo de madera…. Entera ¡es un símbolo!”
Los aplausos y vivas deben haberse escuchado en medio Lima.
A los pocos días un grupo de amigos fuimos al Jurado de Elecciones y reclamamos Libretas nuevas en las que figurara “Periodista”.
En ese momento parecía abierto el camino hacia la unidad que solo sería posible con la creación del Colegio de Periodistas porque el Reglamento de la Ley normó la manera en que los periodistas profesionales recibirían Títulos universitarios, lo que también se cumplió. Y así cientos de colegas recibieron flamantes cartones que los encaminarían al futuro Colegio… y la ansiada unidad.
El proceso fue interrumpido por el Gobierno Militar, en un proceso político que duró doce años y que nos dejó más divididos que nunca.