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La famosa “Comisión Vargas Llosa” (3)

Hay otras versiones de cómo se formó la Comisión Investigadora de los sucesos de UIchuraccay. Escuchemos a Federico Prieto Celi:
“Cuando ocurrió el triste suceso, se organizó una caravana de periodistas y autoridades que iban a ver lo ocurrido. El asunto se iba a convertir en escándalo periodístico primero y político después. Alfonso Grados, ministro de Trabajo, periodista y político, advirtió el peligro y llamó de inmediato al presidente Belaunde. Debieron hablar varias veces, en distintos días. Entiendo que le aconsejó que Mario Castro Arenas, entonces decano del Colegio de Periodistas, fuera encomendado por el gobierno para ver el asunto. Después se pensó en una comisión y fue otra vez Grados quien aconsejó que la presidiera Mario Vargas Llosa, por el prestigio que tenía. El presidente comentó que sería oportuno incluir también a un penalista. Barajaron varios nombres hasta que Grados se acordó de Abraham Guzmán Figueroa, que había sido notable penalista, hablaba quechua porque era serrano y, aunque estaba jubilado, gozaba de perfecto estado de salud física y mental. Así quedó conformada la comisión…” (Prieto Celi, Federico.Así se hizo el Perú. U. de Piura. Norma. Lima, 2010. P.250).
Debemos presumir que cuando Grados Bertorini, antiguo colega de Castro en los mejores días de “La Prensa”, le propuso el encargo en nombre del Presidente el flamante Decano pensó que tenía una oportunidad extraordinaria para una buena carrera política. Y ante la sorpresa general renunció a la “Dirección General de la Cadena Periodística de Correo de Lima y Provincias”, el 1ro de marzo de aquel 1983, un cargo que había desempeñado desde julio de 1980. Inmediatamente fue reemplazado por el novelista José Antonio Bravo.

Solo la revista “Gente” atendió al pedido de Castro sobre el nombre de la Comisión

¿Qué proyecto político tenía Castro Arenas? Quería ser Alcalde Lima, reemplazando al líder de Izquierda Unida Alfonso Barrantes, y creía ingenuamente que su antiguo partido, el Apra, lo apoyaría.
Aunque faltaba mucho para la campaña ya sonaban nombres. El PPC lanzaba a Richard Amiel, Acción Popular dudaba entre Alfredo Barnechea y Nils Ericson Correa, sectores del Apra prefería a Abel Salinas, independientes adinerados como Enrique León Velarde se lanzaban por cuenta…
En el diario “Correo” apareció un aviso de media página: “Gente, nro. 443 anuncia Entrevista a Mario Castro en su carrera hacia la alcaldía de Lima frente al candidato ulloísta Alfredo Barnechea”.
Se hizo obvio que la comisión sería conocida con el nombre del ya ilustre escritor pese a sus escasos 47 años. Castro había publicado algunos libros de historia, en particular el dedicado al héroe andino Atusparia (“La rebelión de Juan Santos”) y muchos artículos. Pero no tenía la dimensión internacional que necesitaba el presidente Belaunde.
Y Guzmán Figueroa no era ningún desconocido. Había estado en las primeras planas como el joven y talentoso juez del célebre caso Mamoru Shimizu, que asesinó a garrotazos a toda una familia en el lejano 1943. Y en los años 50 “Los Troveros Criollos ” habían popularizado su hermoso vals “Ensueño de amor”, aquel que dice: ”La vida es como el arroyo/que va corriendo hacia el mar/Hoy cruza campos de flores/Mañana seco arenal….”.
No faltaron escenas graciosas. Cuando el Fiscal de la Nación convocó a la prensa para presentar formalmente a la Comisión había una mesa con solo tres sillones. Pero eran ellos eran cuatro. Entonces Castro Arenas se lanzó al centro, puso a su izquierda al Fiscal, a su derecha a Guzmán. ¿Y Vargas Llosa? Alguien debió conseguirle una silla adicional (como ven en la ilustración que acompaña a esta nota).
Envanecido hasta el ridículo, Mario Castro quería que la comisión fuera llamada ”Comisión Castro Arenas” (como se ve también en la ilustración tomada de la revista Gente, arriba).

Vargas Llosa sin sitio en la mesa principal. Castro Arenas creía haberlo desembarcado.

Mañana: ¿Y los jueces, el fiscal?

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El Ejército bloqueó la acción judicial para esperar a la Comisión

-“…No me hace usted ningún favor…”

¿Quién era el hombre más conocido y mediático en el Perú de 1984? Mario Vargas Llosa, sin duda. Ya la crítica nacional e internacional lo habían reconocido como gran escritor y era incluso personaje televisivo pues su programa cultural “La Torre de Babel” de Canal 5 había alcanzado altos niveles de teleaudiencia. “La guerra del fin del mundo”, su última novela, era aclamada y acababa de competir por el premio Nobel de Literatura con Gabriel García Márquez y nadie dudaba de que en un futuro cercano sería consagrado al igual que el ilustre colombiano, su antiguo amigo.

García Márquez y Vargas Llosa compitieron por el Nobel de 1982,

¿A quién se le ocurrió su nombre para formar, o presidir una comisión que investigara el drama de Uchuraccay?
El domingo 30 de enero el presidente Belaunde hizo declaraciones apresuradas, presionado por los periodistas. Y confesó sin rubor que no tenía ninguna versión oficial del tema:
“No sé nada más de lo expresado por el jefe del comando político militar de la zona, el general Roberto Noel”. Y agregó algo importante: “No bastará la investigación que debe practicar el juez y el médico forense, así como la fiscalía, sino que debe constituirse una comisión especial, que estaría presidida por el decano del Colegio de Periodistas”.(El Diario.1.183. p.2).
“El Diario” recogió el guante y dijo que también deberían estar en la Comisión los directores de los periódicos que habían perdido a sus periodistas, además de la Fiscalía, el Poder Judicial, e Parlamento y el Colegio.
La indecisión del Presidente fue aparentemente resuelta por el senador aprista Luis Alberto Sánchez y el acciopopulista Gastón Acurio quien recordó que en los Estados Unidos una comisión independiente, “Comisión Warren”, había investigado sin problemas el asesinato de John F. Kennedy.
Entonces Belaunde llamó al escritor a Palacio.
En un testimonio Vargas Llosa contó:
-“A mí (el presidente) me había ofrecido cargos. Me ofreció primero la embajada en Gran Bretaña, después la embajada en Washington, y no acepté ninguno de esos cargos. Cuando me llamó parta esto (Uchuraccay, Nota mía), me dijo: ‘Bueno, usted defiende mucho la democracia, usted dice que las instituciones deben ser defendidas. Pues lo llamo ahora para que demuestre en la práctica que una manera de defender la democracia es decir la verdad. ¡Diga usted lo que ha pasado! Usted tiene una posición independiente; el decano del Colegio de Periodistas, Mario Castro, es aprista, del partido de oposición más hostil al gobierno ; y el doctor Abraham Guzmán Figueroa es un jurista muy respetado que nada tiene que ver con el gobierno (…) Como el proceso judicial va a demorarse un año, dos años, digan ustedes al público la verdad en un mes. Si la verdad compromete a militares, pues compromete a militares”.
Vargas Llosa meditó un momento y dijo:
-“Mire, no me hace usted ningún favor llamándome para esto”.
Belaunde replicó con rapidez:
-“No lo he llamado para hacerle un favor, lo he llamado para que usted haga un favor a su país”.

-El desembarco de Mario Castro Arenas

Mario Castro era entonces director general de la cadena de diarios “Correo”, propiedad de los herederos del asesinado magnate de la pesca Luis Banchero Rossi. Había sido director cuando los militares velasquistas confiscaron la prensa y en 1980, al ser devueltos los diarios, también retornaron los antiguos directores. Entre ellos, Mario Castro.
Cuando se realizó la primera elección del flamante Colegio de Periodistas, en 1982, Castro ganó en segunda vuelta con el apoyo del Partido Aprista, al que había regresado.
Así, director de una cadena de diarios, Decano del Colegio de Periodistas del Perú, parecía el indicado para presidir la Comisión y anunció que allí estaría.
Pero ante su sorpresa el presidente Belaunde anunció públicamente que Vargas Llosa había aceptado presidirla. No pudo Castro Arenas retroceder pero al día siguiente anunció que haría una contrapropuesta. En suma, estaba vetando al escritor y proponiendo que estuvieran el Colegio de Abogados, el Colegio Médico y varias instituciones más (Ojo. 2.2.83. p.2).
Belaunde no le hizo caso y sus Compañeros de la Célula Parlamentaria Aprista tampoco acompañaron sus quejumbres.
¿Y Guzmán Figueroa?
José María Salcedo hizo una sencilla descripción del personaje: “…el doctor Abraham Guzmán Figueroa, un antiguo penalista, había conocido horas de esplendor político durante el gobierno de Odría… estaba aquejado de visible sordera (sic). Había mantenido vínculos con el médico Octavio Mongrut a quien algunos acusaban de millonarios negociados con chatarra.( Salcedo, José María. Editora Humboldt. Las tumbas de Uchuraccay.p. 167)
Y añadió: “Cuando se conoció el nombramiento del doctor Guzmán Figueroa como integrante de la comisión, los limeños de siempre empezaron con sus maledicencias: nadie creía que la avanzada edad del penalista le permitiría trepar las punas de Uchuraccay”.
Estaban equivocados: ese pequeño abogado de aspecto octogenario tenía más pulmones que Mario Castro.

Mañana: “¡A Uchuraccay señores, a Uchuraccay!!”

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La primera conferencia de prensa de la Comisión“Un mes, don Mario, un mes”

La primera conferencia de prensa de la Comisión

“La Comisión Investigadora ha llegado a la convicción absoluta de que el asesinato de los ocho periodistas fue obra de los comuneros de Uchuraccay, posiblemente con la colaboración de pobladores de otras comunidades iquichanas, sin que, en el momento de la matanza, participaran en ella fuerzas del orden”..

Apenas había terminado de leer el párrafo Mario Vargas Llosa cuando un rumor desaprobatorio se esparció por la sala que repletaban periodistas y familiares.

“No hubo Bandera roja” afirmó después Mario Castro Arenas. Y Abraham Guzmán Figueroa dijo que el deslinde de responsabilidades correspondía el Poder Judicial.

Fue la primera conferencia de prensa que ofreció la “Comisión Investigadora de los Sucesos” de Uchuraccay al día siguiente de entregado e Informe al presidente Belaunde, cumpliendo así con el plazo prometido, un mes exacto.  Era la mañana del domingo 6 de marzo de 1983.

Los Comisionados habían trabajado con denuedo para organizar el voluminoso informe pero es sabido que quien asumió la redacción fue Vargas Llosa, conocido por su enorme capacidad de trabajo. Guzmán aportó ideas y Castro Arenas solo discutió porque dijo que estaba muy ocupado.  La mayor parte del Informe está formado por las opiniones de los especialistas convocados como ayuda técnica.

Las famosas y controvertidas “Convicciones” fueron realmente fruto de la creatividad del escritor a quien el Presidente había llamado en primer lugar para formar la Comisión Investigadora.

Aquí surgirá la primera interrogante: ¿Por qué  no dejó el gobierno que la policía y la justicia regular –los mecanismos descritos en el Código Penal- aplicaran de inmediato sus protocolos de rutina para casos así?

La verdad es que Belaunde, aturdido y nervioso, tenía varios frentes que confrontar, a saber, la opinión pública representada en un cargamontón mediático local de proporciones inéditas; el Poder Judicial, que exigía autonomía; familiares enfurecidos que acusaban a los militares; las Fuerzas Armadas, que se defendían como podían obstaculizando, ocultando y mintiendo, la prensa internacional con su medio centenar de corresponsales acreditados; el Congreso donde diputados y senadores de oposición reclamaban responsables.

La historia, como se sabe, es aterradoramente sencilla: ocho periodistas que cubrían para diferentes medios informativos las incidencias de la feroz contienda desatada por Sendero Luminoso y estaban en la capital ayacuchana buscando información fresca, decidieron viajar a la lejana comunidad de Huaychao, debiendo pasar antes por el poblado de Uchuraccay. Aquí fueron retenidos y asesinados con crueldad inaudita el día 26 de enero, fecha luctuosa para la historia de nuestro periodismo

¿Por qué los mataron? se preguntaron todos. Surgiría más adelante una compleja madeja de hechos comprobados, revelaciones, descubrimientos, testimonios, que pese a los años transcurridos  no han logrado finalmente develar sombras que oscurecen el camino hacia la verdad.

Se ha escrito muchísimo pero solo tenemos tres investigaciones formales: la Comisión Vargas Llosa, la indagación del Poder Judicial y la investigación de la Comisión de la Verdad.

El texto que les propongo aquí la es solo la historia de la participación de Vargas Llosa, Castro Arenas y Guzmán Figueroa, esto es, de la formación y actuación de la Comisión, que termina en 1984, con el juicio del juez Huayhua.

Mañana: ¿Cómo convencieron a  Vargas Llosa?

 

 

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-Luego de Uchuraccay…

Días después de la espantosa masacre de los periodistas en Uchuraccay, el presidente Belaunde nombró una comisión especial para que investigara, buscara respuestas.  Quizá algunos recuerdan algunos detalles de cómo se formó y trabajó. Y también recordarán quizá algo de la campaña contraria que le hicieron a Vargas Llosa. Y algunas veces con muy mala leche, como verán en la ilustración adjunta publicada en el diario “Ojo” que dirigía Agustín Figueroa.

Es una buena historia. Se las contaré a partir de la próxima semana.

Irresponsable, “Ojo” atacó sin motivo al escritor, quizá para favorecer a otro Comisionado, el aprista Mario Castro

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-Un amasijo de cadáveres

Decenas de periodistas aguardaban en la puerta del penal, pugnando por entrar apenas cesara la irresponsable e intensa balacera que desataron los guardias republicanos.
De pronto comenzaron a salir heridos y civiles que gritaban “¡Soy rehén, me rindo, soy rehén!” porque los policías los golpeaban con varazos y puntapiés creyendo que eran presos que trataban de fugar. Los gases lacrimógenos hacían llorar a todos, los familiares eran contenidos a duras penas y algunos heridos eran llevados a las ambulancias. Eran casi las once de la noche.

La prensa policial de entonces …

Finalmente cesaron los disparos y un tumulto de reporteros se precipitó al interior para comprobar el espectáculo macabro de un verdadero amasijo de cadáveres y heridos que casi cubría el patio. Solo se escuchaban ayes de dolor y uno que otro grito de rendición. De cuando en cuando un balazo anunciaba que un amotinado era ultimado por un policía.
Carioco y Pilatos todavía tuvieron tiempo de sujetar con fuerza a Amelia Ríos para usarla como escudo pero un oficial les disparó al reconocerlos. Pero la primera bala dio en el rostro de Amelia.
Algunos amotinados fueron apresados con vida pero luego aparecieron muertos. Y alguno, afirmó la policía, se suicidó.
El Ministro de Justicia, Alayza Grundy, informó que habían muerto veinte reclusos, un suma igual estaban heridos y una docena de empleados eran tratados de heridas.

-El via crucis de Amelia

La bala le atravesó la mejilla derecha de la psicóloga y se alojó en el cuello, cerca de la columna. Sangrando copiosamente debió operada pero era una intervención muy difícil. Luego de varios meses fue llevada a Miami donde la operaron de nuevo y después a Nueva York, para tratarle una profunda herida interna. Quedaron todavía astillas de hueso que nunca pudieron ser removidas.
Inteligente, estudiosa, Amelia obtuvo doctorados en las universidades Villarreal, Garcilaso y La Coruña de España. Sus colegas la apreciaban y la eligieron Decana de Colegio de Psicólogos casi como culminación de su carrera pero la mala salud la perseguía hasta que murió el pasado 20 de setiembre.
Pero queda algo más que comentar. Cuando los internos tomaron el penal Pilatos le eligió como “su” rehén y Carioco tomó a Magda, la otra psicóloga. Ambos asumieron su protección impidiendo que otros internos siquiera se acercaran y eran ellos quienes las exhibían poniéndoles puñales en la garganta en amenaza que no estaban dispuestos a cumplir. Pasadas las horas se preocuparon de acercarles comida, sopa, arroz con huevo frito, aguas gaseosas, galletas de soda. Y es que si bien creían que ambas eran su “pasaporte” de salida también las apreciaban porque eran quienes decidían si los internos calificaban o no para la calidad de “libertad vigilada” o Prisión Domiciliaria, como se dice ahora. Ambas trabajaban en esa sórdida oficina desde hacía varios años.
Cuando Lalo y Carioco vieron herida a Amelia decidieron protegerla y el primero la arrastró a la celda de Mosca Loca, dejándola en el suelo contra la pared para que evitara las balas de los republicanos. Un oficial la encontró cuando se arrastraba hacia la salida y la llevó hasta la puerta donde esperaba su esposo, también psicólogo policial.

Carmen Amelia Ríos

-La leyenda de Mosca Loca

Pero queda pendiente la leyenda de Mosca Loca porque muchos creen, o quieren creer, que aquel día el poderoso narcotraficante logró escapar y que aquel cadáver sin oreja que se exhibió no era él, y que todavía vive en alguna parte. Su nieto Vidal, Mosquita Loca, fue asesinado en diciembre del 2010 y su hijo Carlos, Mosquito, capturado en Colombia en el 2012, extinguiéndose finalmente el gran negocio narco de su fundador.

FIN

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-Un espectáculo siniestro En Vivo y en Directo

La agresividad de los amotinados iba en aumenta según pasaban las horas. En el interior el narco Cárdenas, Mosca Loca, era torturado, acuchillado con salvajismo. En el pequeño patio donde había una mesa y sillas para asomarse y exhibirse ante las cámaras, los líderes seguían vociferando y amenazando.

La escena de la inaudita quemazón del agente Rosales exasperaba también a los agentes policiales que apuntaban, disparaban al aire, gritaban, sumándose al  caos generalizado. Casi a las tres de la tarde los internos subieron al agente Rolando Farfán, lo sentaron de espaldas a las cámaras y le dispararon.

El gran periodista Manuel Jesús Orbegozo describió así el terrible suceso:

“El hombre no daba la cara. Estaba de espaldas viendo con horror el rostro del delincuente que lo había izado y lo mantenía como blanco principal del macabro espectáculo. De pronto, cuando nadie imaginaba que semejante hecho podría suceder, se vio que la camisa que llevaba puesta fue levantada en un punto como si hubiera recibido la fuerza de un soplo. En efecto, era el soplo de la muerte. El delincuente le había disparado a sangre fría y a solo centímetros de su cuerpo. La bala había entrado por el vientre y posiblemente le atravesó el débil territorio de su cuerpo.  O fue la sangre. O fue la protesta. O fue el miedo”.

Pese a la herida Farfán logró arrastrarse fuera del alcance de los presos, fue tomado por los policías y conducido a un hospital, donde le salvaron la vida.

Fotos de La República, reproducidas en el libro de Amelia Ríos

Pero el espectáculo de los amotinados no había terminado. A las seis de la tarde, cuando ya se acercaban sombras de la noche, el feroz Carioco llevó a otro empleado al tabladillo improvisado para una nueva exhibición pero esta vez el elegido, el agente Walter Corrales aprovechó un descuido y saltó al otro lado. Tuvo mala suerte porque el delincuente logró tomarlo de una pierna y comenzó a acuchillarlo repetidas veces en la pantorrilla para retenerlo. Un policía lanzó entonces un fierro que Corrales logró tomar y empezó a golpear a su captor quien, sin dudarlo le disparó un balazo en la cadera. Felizmente el agente cayó para afuera desvanecido.

Los presos entonces intentaron arrancar al agente de las manos policiales pero alguien ordenó disparar y una lluvia de balas cayó en los muros del patio obligando a los reclusos a refugiarse y abandonar a Corrales quien fue finalmente rescatado, malherido pero con vida.

El griterío de los delincuentes arreciaba, “¡Mátenlos a todos, mátenlos!”, se escuchaba afuera.

-“Atención, se va a iniciar el operativo”

La Guardia Republicana asumió el rescate, haciendo creer que se cumpliría la exigencia de la camioneta para que huyeran.

Y exactamente a las 9 y 50 de la noche, abrieron el portón de metal y una camioneta ingreso despacio, haciendo creer que las autoridades habían cedido a las demandas, pero la alegría duró muy poco. Amelia Ríos describe la escena en su vívido relato:

“Los internos al ver el vehículo gritaban con todas sus fuerzas, seguros de que estaban a punto de lograr su libertad.  Pero de pronto, se escucharon las voces de los reclusos que desde las ventanas del segundo piso del pabellón gritaban: ‘Cuidado, es una trampa, los vigilantes están entrando por los techos’ (…) la alegría de los amotinados se trocó en ira y violencia provocándose una total confusión” (p. 168).

Siguió un apagón total y de la camioneta bajaron republicanos con metralletas que abrieron fuego indiscriminado, convirtiendo el lugar en un infierno.

Mañana:  El patético final

Videos en Youtube

Gracias a Youtube se conservan varias grabaciones del motín, los reclusos, los rehenes agredidos. Aquí uno, breve, que da una buena idea de lo que pasó aquel día:

 

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El caos oficial, la desesperación en el penal

Los primeros disparos y luego la explosión de un cartucho de dinamita atrajeron a curiosos que pronto formaron una multitud a la que se añadirían más tarde familiares de los reclusos. Los periodistas, en particular los de la televisión, habían logrado ubicarse en el techo del vecino colegio Guadalupe. Instalaron sus cámaras y gracias a sus lentes “zoom” lograron que los atónitos televidentes limeños siguieran de cerca la enorme confusión pero sobre todo, las escenas de crueldad de las primeras horas.

Las autoridades no se ponían de acuerdo. Allí estaban el viceministro de justicia, el director de penales, los jefes de la guarda civil, la policía de investigaciones, los agentes penitenciarios y la guardia republicana, los encargados de la seguridad del penal. Efectivos de todas estas instituciones se habían encaramado en los techos y apuntaban con sus armas, cortas y largas, el pequeño patio donde los presos trepaban para exhibir a sus rehenes.

Los republicanos deseaban iniciar el asalto cuanto antes liderados por un hercúleo oficial, Cereghino, que exhibía músculos y calculada fiereza ante las cámaras.

Sucedió entonces lo increíble. Los reclusos encontraron un televisor a colores en una celda contigua a la de Mosca Loca, lo conectaron y pudieron verse ¡en vivo y en directo! Saltaban, reían y gritaban, agitaban brazos, exhibían armas, todo lo veían en el pequeño aparato, en imágenes que compartía una creciente teleaudiencia. Bares, restaurantes, oficinas bancarias, tiendas de electrodomésticos, todos sintonizaban el drama ante peatones que se agolpaban en las vitrinas.

La historia fue recreada en este film, dirigido por Dany Gavidia, estrenado en 1993. El gran actor Aristóteles Picho asumió el rol de “Pilatos”.

Amelia Ríos cuenta en su libro que desde el patio veían a un oficial que los señalaba y se reía de la escena. Pero pronto el espectáculo cambiaría porque luego de una breve comunicación con el fiscal Delgado Briones, Pilatos y Lalo comenzaron a sospechar que su loco plan de fuga era un fracaso.

Pero hicieron llegar a las autoridades dos notas. Una con sus condiciones y otra firmada por los rehenes que decía “Tengan un poquito de humanidad. Somos alrededor de 20 profesionales…no es justo que nos sacrifiquen a una muerte segura…son 15 internos que piden dos camionetas, están fuertemente armados….”.

La otra nota tenía ocho puntos y el primero pedía dos camionetas sin lunas polarizadas…”que no nos sigan porque nos llevaremos los rehenes, a los cuales eliminaremos uno a uno durante el trayecto, siempre y cuando uds.  nos sigan” (sic)  terminaban: “Una vez que botemos a los rehenes si quieren nos matan, pero déjennos en libertad”.

Otros reclusos tan fieros como los líderes, en especial Víctor Andrés Ayala (a) Carioco, decidieron pasar a la acción. Primero golpearon a un empleado y lo exhibieron ensangrentado para que clamara auxilio pero luego agarraron a un joven agente nuevo, lo levantaron frente a las cámaras y policías exigiéndole que grite.  Aterrado, Carlos Rosales no pudo articular palabra y entonces Carioco lo bañó con kerosene y le prendió fuego por dos veces seguidas, arrojándolo luego al exterior. El muchacho gateó a duras penas hasta donde los republicanos pudieron recogerlo y llevarlo a un hospital –donde moriría cinco días después por la gravedad de las quemaduras.

Hubo todavía más escenas violentas pero vale la pena contar la breve charla que tuvo Pilatos con el conocido periodista Guillermo Cortez Núñez.

Se recordará que los presos encontraron una conexión telefónica en la celda de Mosca Loca y llamaron y obligaron a los rehenes a hablar con diversas autoridades para pedirles mediación. Y buena sorpresa se llevó Cortez Núñez cuando la telefonista del diario “Expreso” le pasó una extraña llamada: “Habla Pilatos”.

Fue un diálogo de sordos que Cortez recogió en su columna diaria “Días con Huella” porque Pilatos quería el teléfono del cardenal Landázuri, de los canales de televisión.  Y dijo al final: “Si en diez minutos ni llegan las camionetas prepárense para ver en televisión como le cortamos el pescuezo al psicólogo Luis Morales”. Y colgó.

 

Mañana: Un balazo al agente Farfán, frente a cámaras