San Valentín de Antología (III)

-Jugo de naranja 

-“Mimi…. ¿hay naranjas? Tengo ganas de tomar jugo de naranja…”

-“Ay , tú sabes que nunca compramos..” –contestó mi tía, arrebujándose en el tibio lecho conyugal.

-“Bueno” dijo mi tío B. –“Voy a comprar naranjas para hacerme mi juguito…”

-“Mmmmmm…” .replicó la tía.

¿Cómo podía sospechar que se le venía encima el drama de su vida? Porque mi tío, vestido solo con un buzo deportivo,  salió corriendo, llegó a  la esquina, tomó un taxi y gritó:

“¡Rápido, al aeropuerto!”

En el mostrador del Interamericano de Panagra lo esperaba la vecina de enfrente, que había hecho lo mismo con el marido pero con jugo de papaya.

A los empleados de la compañía de aviación  debió parecerles extraña esta pareja que vestidos, “casuales y deportivos”, abordaban el avión para Nueva York abrazaditos, besándose, riendo de alegría como recién casaditos.

Mi tía esperó hasta mediodía, angustiada, hasta que se decidió a esparcir la alarma e incluso fue a la Comisaría de la vuelta a consultarle al Capitán que conocía de vista. Pero cuando regresó a su casa encontró al vecino, esperándola:

-“Señora, mi esposa se ha escapado con su marido..”

Mis primos la sostuvieron porque casi cae al suelo de la sorpresa.

-“Acá está la carta… se van de viaje.. ¿usted no sabía nada?”

Digna, recuperándose, musitó:

-“Qué clase de mujer será la suya.. lárguese y no vuelva” –y se sumergió en su casa para siempre.

¿Y el tío? La pareja se perdió en los vericuetos de Nueva York y no regresaron nunca jamás. A veces alguien contaba que los había visto, huidizos, escabulléndose al sentirse observados.

Andando los días, amigos, vecinos, parientes, reconstruyeron la historia de amor de mi tío y la vecina. Era simple. Cada noche ella salía de paseo para fumarse un cigarrillo a escondidas del marido y descubrió que su vecino (mi tío) tenía virtudes secretas: le gustaba que las mujeres fumaran incluso marihuana, que bebieran hasta emborracharse, bailaran hasta caerse, que se pintaran el pelo, es decir, todo lo que su esposo le prohibía. Y cuando una tarde exploraron el “Cinco y Medio”, el deslumbramiento fue definitivo para los dos: descubrieron el amor verdadero.

Entonces planificaron con cuidado la fuga. Fueron sacando ropa. Comprando, reuniendo dólares, sacando la visa americana, hasta que el Día Señalado partieron a  Nueva York. No tuvieron hijos por él tenía 65 cumplidos y ella 60, o sea, edades ideales para encontrar el amor.

Cómo me hubiera gustado tomarme un trago con mis tíos enamorados. Por eso, en este San Valentín, brindo por ellos. 

Amorosamente 

Tío Juan

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